Tutorial: Cómo subir el cierre del vestido sin ayuda

¿Te ha sucedido que, estás colocándote un hermoso vestido, emocionada por cómo se te verá e impaciente por mirarte en el espejo, tan solo para encontrar tus planes frustrados por la incapacidad de subir completamente el cierre trasero? Bueno, este tutorial te ayudará a que eso no ocurra más, tan solo con la ayuda de un clip y un listón.

¿La feminofilia es un mito?

Tengo por costumbre compartir mis escritos en algunos grupos de Facebook relacionados con travestismo y feminofilia. Últimamente se han abierto debates en los comentarios entre quienes defienden que es posible ser travesti heterosexual, y quienes afirman que este concepto es tan solo una manera de ocultar o disimular una homosexualidad reprimida.

Yo no soy capaz de discernir o adivinar aquello que se encuentra en las psiques de cada persona, pero sí que puedo hablarles desde mi propia experiencia con el tema. Mi travestismo fue algo que descubrí a una edad muy temprana. Claro que, en ese entonces, no sabía que mi condición se llamaba travestismo. Tan solo me gustaba sentir la textura de las telas en mi piel e imaginar que era una niña. Tenía yo tres o cuatro años cuando esto me sucedía. A esa edad, ninguna persona ha desarrollado todavía una preferencia sexual, por eso defiendo con ahínco que mi feminofilia no tiene nada que ver con temas sexuales. Yo me vestía de mujer porque me gustaba sentirme como una, identificarme como una, no lo hacía para atraer hombres, ni con intención de gustarles.

Fui creciendo y mi travestismo siguió acompañándome. Pasé por algunas etapas de confusión, durante las que creí que, si me gustaba sentirme y vestirme como mujer, entonces debían gustarme los hombres, como si fuera una obligación, como si no hubiera alternativa. Entonces pasaba largos ratos observando a mis compañeros de la escuela, tratando de buscar en ellos algo que me agradara, que me atrajera, y me frustraba bastante al no encontrarlos atractivos. Observaba también a los galanes juveniles de aquella época, esos que acaparaban las portadas de las revistas y aparecían en videos musicales luciendo sus musculosos abdómenes. Tampoco encontré en ellos algo que me agradara.

Por el contrario, a las mujeres sí que las veía atractivas. Nunca he sentido ni la más mínima curiosidad por experimentar algo sexual ni romántico con un hombre. Ni siquiera estando transformada en Nadia. He leído testimonios de compañeras travestis que comentan que, en su rol masculino, son completamente heterosexuales, pero que, una vez travestidas, se animan a cruzar el límite de esa heterosexualidad y se prueban, por ejemplo, a besar a otra travesti o a otro hombre. Muy respetable su situación, pero a mí eso no me ocurre y estoy segura a algunas otras tampoco.

Hay también quien comenta que lo que nosotras buscamos al travestirnos es sentirnos mujeres, y en eso concuerdo al cien por ciento. En lo que difiero por completo es en la segunda parte de esta afirmación, que dice que únicamente un hombre es capaz de lograr hacernos sentir mujeres. Esta postura me parece, además de errónea, muy machista. Parece indicar que una mujer es un ser incompleto en ausencia de un hombre, y que solo en presencia de este puede alcanzar la plenitud, sentirse completa. Yo no necesito a un hombre; es más, no necesito a ninguna otra persona, hombre o mujer, para sentirme femenina. Me basta con verme transformada en el espejo para sentirme así.

Con este post no busco crear controversia, ni debates, ni peleas entre nosotras. Si alguna de ustedes se siente atraída por los hombres, o si requieren que alguien del sexo masculino valide su propia feminidad, respeto eso de manera total y no pienso cambiarlo ni convencerlas de lo contrario. Lo único que les pido es no generalizar y no tratar de imponer su realidad particular como regla general. El hecho de que alguna de ustedes haya descubierto que le gustan los hombres después de algún tiempo de travestirse, no quiere decir que sea el camino que todas nosotras hemos de recorrer.

No tengo la información suficiente para afirmar que todas las travestis son heterosexuales, pero cuento con la suficiente para decir que existe al menos una que lo es completamente: yo.

-Nadia.

¿Por qué las feminófilas tenemos un nombre de mujer?

Recientemente recibí mediante correo electrónico la cuestión que da nombre a este post. La esposa de un hombre feminófilo me hizo llegar una carta en la cuál me formula dicha pregunta. Pensé que sería una buena idea publicar tanto su carta (con la debida autorización del remitente) como la respuesta a esta interrogante, de manera que otras personas con la misma duda puedan leer estas líneas y quizá aclarar un poco su mente.

Me gustaría que las feminófilas que lean esto complementen mi respuesta con sus comentarios, para que existan más puntos de vista, y la profundidad y extensión de la respuesta sean mayores. Sin más dilación, la carta:

“Hola, Nadia.

Hace algunas semanas encontré tu blog mientras buscaba información acerca de hombres que se visten de mujeres en internet. El mes pasado descubrí que mi esposo estaba usando ropa interior femenina y al cuestionarle por qué, me lo contó todo. Me dijo que ha sentido una atracción muy grande por las prendas de mujer desde que era niño, pero que no le gustan los hombres. ¿Cómo es eso posible? Ni siquiera me cabe en la cabeza. Es por eso que entré a buscar información acerca de esta conducta y así me topé con tu blog.

Lo que encontré fue una serie de explicaciones que me han ayudado a entender un poco. Confieso que lo primero que pensé es que mi marido era homosexual, pero ya entendí que lo uno lo está relacionado con lo otro. Pero me queda una duda que mi esposo no ha logrado resolverme y espero que tú puedas hacerlo. Él y tú coinciden en que no quieren ser mujeres, que están a gusto siendo hombres, pero entonces ¿por qué tienen nombres de mujer?

Eso me parece un poco contradictorio. Entiendo que dices que es algo parecido a representar un personaje, pero un actor no tiene una cuenta de Facebook con el nombre de ese personaje, cosa que ustedes sí tienen.

Espero que puedas sacarme de esta duda y muchas gracias por el trabajo que realizas para que mujeres como yo podamos entender mejor a nuestros esposos con el gusto por vestirse de mujeres.”

Hola, estimada lectora.

Antes de responder tu interrogante, quiero agradecer que te hayas tomado el tiempo de escribirme para aclarar esta duda relacionada con el travestismo de tu esposo. Es motivante saber que estos escritos llegan a las personas a quienes están dirigidos y que resultan de ayuda para que el mundo de un hombre feminófilo esté rodeado del amor y de la comprensión de su ser más amado, que es su pareja.

La cuestión que planteas es algo que parece desconcertar a algunas personas cuando comienzan a enterarse del fenómeno de la feminofilia, y trataré de explicarlo de la mejor manera. Mientras nosotros nos encontramos en la faceta masculina, no somos diferenciables de un hombre promedio, es decir, no tenemos rasgos, actitudes o movimientos que dejen entrever nuestra afición por transformarnos en mujer. En un modo similar, cuando estamos inmersas en nuestra faceta femínea, nos embriaga un sentimiento que lo acapara todo. Resulta muy placentero ser llamadas con nombres, pronombres y adjetivos propios del género femenino.

Espero no causar más confusión con esta respuesta. No somos dos personas en una misma, no tenemos una doble personalidad. Aun transformadas, seguimos siendo la misma persona que al ser hombres. Mantenemos los gustos, la forma de pensar, así como nuestras opiniones e ideales. En otras palabras, no somos bipolares ni esquizofrénicas. Es verdad que tenemos cuentas de Facebook y otras redes sociales con ese nombre de mujer que hemos escogido, pero es necesario entender que, por razones de seguridad, nos vemos orilladas a mantener un cierto anonimato respecto a nuestra vida masculina.

En mi perfil de Nadia tengo agregadas a unas cuatrocientas personas, de las cuales no conozco la identidad masculina de ninguna de ellas, y así mantenemos nuestro secreto a salvo, pintando una raya entre ambos mundos de los que formamos parte. Compartimos nuestro secreto solo con aquellas personas que viven historias similares a la nuestra, que sabemos que no nos juzgarán, insultarán ni se burlarán de nosotras, cosa que sí podría suceder entre nuestros contactos del mundo real.

En adición a esto, gustamos de vivir una experiencia completamente inmersiva cuando nos transformamos en nuestras contrapartes femeninas. Nos metemos de lleno en el papel de esa mujer que hemos ido construyendo a lo largo del tiempo. Si lo quieres ver así, al ser hombres somos muy hombres, y al ser mujeres somos muy mujeres.

Espero que esta respuesta complemente la que tu esposo te proporcionó y que, de esa manera, logres una comprensión mayor de este tema. Gracias por poner de tu parte para resolver este asunto entre tú y tu pareja de la mejor manera.

-Nadia.

Un sueño lúcido

Desde hace años soy fiel seguidora de un blog llamado Microsiervos. No tiene absolutamente nada que ver con feminofilia -a diferencia de lo que las personas no-feminófilas piensan de nosotras, no nos pasamos todo el tiempo vestidas de mujer ni leyendo cosas relacionadas al fenómeno-. Esta página aborda temas relacionados con ciencia, tecnología, literatura, humor, aviación, entre otros, y recordaba haber leído hace años una publicación acerca de los sueños lúcidos. La busqué, y efectivamente, ahí estaba.

Supongo que todas hemos experimentado la sensación de encontrarte en un sueño y ser consciente de estar soñando. Eso es a lo que se le llama sueño lúcido. En la mayoría de los casos, la lucidez dura muy poco, no dándonos mucha oportunidad de tomar el control y redirigir el sueño hacia situaciones más interesantes; a veces, únicamente nos sirve para despertar de una fantasía terrorífica o estresante. Sin embargo, es posible entrenar al cerebro para obtener los sueños lúcidos a voluntad.

No se trata de algo sencillo de realizar y, como bien se anota en la publicación original, no es algo que vaya a resultar a la primera de intentarlo. Requiere práctica y perseverancia. Hace cuestión de tres meses me dispuse a intentar conseguirlo y no había habido resultados, pero la noche del viernes lo logré. ¿Producto de la casualidad o resultado de la práctica? No lo sé con seguridad, pero sí que tuve consciencia de estar soñando y pude tomar el control del sueño y dirigirlo hacia donde quise. Opté por transformarme en mujer durante la experiencia. No un hombre con ropa de mujer. No. Una mujer biológica.

Me encontraba en un enorme salón fastuosamente decorado, y era una de las invitadas de una gala de Año Nuevo, llena de personalidades del espectáculo, la política y los deportes. Portaba un vestido negro de un satín finísimo y delicioso y sandalias de tacón de 15 cm con cristales de Swarovski en las correas. Sostenía con mi mano derecha una copa llena de champaña. Mis uñas lucían una preciosa manicura con esmalte blanco aperlado. Era partícipe de una conversación banal con un grupo de personas también muy bien vestidas. En algún punto, me dirigí al tocador de damas a retocar mi maquillaje frente a un inmenso espejo, y otra chica se detenía a hacer lo mismo en el lavamanos de al lado. No me dirigió ninguna mirada extraña. Prácticamente no reparó en mi presencia, lo cual me encantó, porque significaba que me mimetizaba perfectamente, me encontraba en mi elemento, no era una extraña.

No recuerdo mucho más, y no puedo decir que fue un sueño completamente controlado, pero sí que tengo presente el momento en el que me di cuenta que estaba soñando y decidí darle rumbo a la experiencia onírica. No he podido repetir la técnica desde esa noche, pero sí que anhelo ser capaz de hacerlo. ¡Las posibilidades son infinitas! Ser actriz, cantante, modelo, CEO de alguna empresa, superheroína, sobrecargo, novia de Ariana Grande… lo que sea.

Les recomiendo que lo intenten, y cuéntenme cómo les fue, o qué les gustaría soñar.

-Nadia.

La peluca

Quizá pueda resultar extraña la decisión de escribir un post entero dedicado únicamente a un accesorio. Sin embargo, estoy convencida de que, al momento de transformarnos en nuestro alter ego femenino, resulta ser uno de los de mayor importancia, sobre todo si las circunstancias que rodean nuestro día a día nos limitan para dejarnos crecer el cabello natural.

Como ya conté en un par de ocasiones anteriores, durante mis más tempranas sesiones de travestismo, dependía en exclusiva del guardarropa de mi mamá, y me arreglaba tan solo con lo que podía encontrar en su habitación; prendas que no estaban diseñadas para mis dimensiones y que lucían holgadas en mi pequeño cuerpo de ese entonces. Mi conocimiento en cuanto a los productos y técnicas de maquillaje era nulo y estos episodios de repentinas ganas de vestirme eran satisfechos con relativa rapidez, ya que consistían en ponerme las prendas, verme al espejo y terminar, para después ser invariablemente atacada por el sentimiento de culpa inherente y prometerme nunca más volverlo a hacer.

Conforme fui creciendo y obteniendo más experiencia, comencé a comprar mis propias prendas, a mi gusto, a mi talla y a mi estilo, aunque todavía limitada por mis ingresos económicos y el espacio disponible para esconder mis adquisiciones. Fui refinando poco a poco mi personalidad femenina y descubriendo qué era lo que más me gustaba de entre todo el universo de prendas para mujer. Sí, sí, todo iba de maravilla y en cada una de las etapas era feliz, hasta que descubría el siguiente truco y, en restrospectiva, me preguntaba cómo me había sido posible estar contenta sin él hasta entonces. 

Ya me había percatado antes, gracias a mi irrestricta fijación por observar a las mujeres como un modelo del cuál aprender, de que una característica común a la enorme mayoría de ellas era el cabello largo, que podía ser arreglado de mil y una maneras: suelto, en coleta, en trenza, en chongo, con diademas, con moños, con pasadores… y que cada una de estas formas proporciona un efecto diferente en el rostro, acentuando algunos rasgos y atenuando otros, pero al no tener mi cabello largo, no me era posible jugar con estas distintas apariencias, y centraba mi atención en los atuendos más que en mis peinados.

Sin embargo, como supongo que nos pasa a muchas, tenía unas enormes ganas de complementar mis transformaciones con una peluca, para verme y sentirme más femenina. Soy consciente de que algunas personas dirán que el cabello largo no hace a una mujer, y tienen toda la razón. Una dama con cabello corto no es menos mujer que una con cabello largo, estoy completamente de acuerdo en eso, pero creo que, al menos en cuestión de apariencia, sí es un extra. Así que un día me armé de valor y acudí a una tienda de cosméticos y accesorios en donde ya había visto que tenían pelucas a la venta. Estaba nerviosa pues, a diferencia de lo que pasa con otras prendas con las que puedes fingir que las estás comprando para tu novia, tu hermana o tu amiga (cosa que, por supuesto, nadie cree), resulta poco verídico que compres una cabellera para otra persona. No obstante, mis ganas eran más grandes que mis nervios, y así adquirí el tan buscado accesorio.

Lo guardé en una mochila y abordé un autobús hacia mi casa, presa de la emoción y la impaciencia por llegar. Todavía vivía con mis padres en ese entonces, así que tuve que esperar a que se fueran a dormir para, al fin, sacar la peluca de la mochila. Como es común en estas ocasiones, nada más tenerla frente a mí a punto de colocármela me provocó una evidente e inconfundible señal de excitación. No tenía la más remota idea de cómo usarla de manera correcta, pero me dejé guiar por el instinto y me la coloqué. Pasé mis manos a través de los falsos mechones con el fin de acomodarlos un poco y corrí al espejo. ¡No lo podía creer! Es realmente impresionante lo mucho que ayuda este accesorio a feminizar las facciones. Así, sin nada de maquillaje, sin ninguna prenda femenina puesta, tan solo con la peluca, yo ya me veía más mujer.

Cuando por fin tuve la oportunidad de combinarla con un atuendo elegido con atención, y aplicarme un poco de maquillaje con mis rudimentarias técnicas, el resultado de mi transformación mejoró un 80% con respecto a cuando no la estaba usando. ¡Y ni siquiera hablamos de una cabellera postiza de alta gama, de esas de cabello natural y que se venden en varios miles de pesos! ¡No! Desembolsé cerca de $300 MXN y, ciertamente, ha sido una de las mejores inversiones que he hecho en materia de accesorios para feminizarme. Es como desbloquear un siguiente nivel de feminización, y un mundo nuevo de posibilidades se abre ante ti.

Con el tiempo me aburrí de llevar siempre el mismo look, así que fui comprando otras pelucas de distintos colores, longitudes y estilos, con el fin de ampliar mi abanico de apariencias disponibles para Nadia. Si todavía no te has dado la oportunidad de utilizar una peluca, recomiendo ampliamente que lo hagas. Claro, tomando las debidas precauciones a la hora de esconderla de quienes no conocen tu feminofilia, ya que es un artículo cuya existencia en tu habitación o en tu casa es difícil de explicar de manera convincente.

¿Has usado alguna vez una? ¿Te gustó? ¿Cómo fue tu experiencia? Anímate (en serio, por favor anímate) a contarme en los comentarios.

-Nadia

Libro: El Travestista y su Esposa – Virginia Charles Prince

El hecho de encontrar este libro realmente cambió mi vida. En primera instancia, resultó de tremenda ayuda para aceptarme tal cual soy y para darme cuenta de que existen muchos otros hombres con historias similares a la mía, y desde hace muchos años. Supe que la feminofilia no es algo reciente, ni una moda, ni algo que se me vaya a quitar con el paso del tiempo. Además, fue gracias a esta obra que conocí el término feminofilia, acuñado por la propia autora, y que resultó la base para nombrar este blog.

La obra está dirigida específicamente a parejas de hombres que gustan de vestirse como mujeres. Es un tratado que, a través de distintos puntos de vista, busca ayudar a las esposas a entender mejor este fenómeno y darse cuenta que no es una variación de la homosexualidad ni una parada antes de la transexualidad. Además de considerar la perspectiva de la autora, que podría llegar a ser sesgada hacia el fenómeno, también presenta las historias de varias esposas de feminófilos, por medio de cartas que le hicieron llegar en su momento, y en las que relatan sus propias experiencias al lidiar con el travestismo de su marido.

Pero, ¿quién fue Virginia Charles Prince y qué autoridad tenía para escribir sobre la feminofilia? A manera de breve biografía, te platico que nació en 1912 en California, Estados Unidos de América, y fundó una revista llamada Transvestia en 1960, publicación dedicada específicamente a hombres con el gusto por ataviarse con ropas femeninas. Fue una de las primeras activistas que abordó el tema de la feminofilia de manera pública.

Este libro lo recomiendo ampliamente, de manera especial si te encuentras en la situación en la que tu pareja se enteró de tu feminofilia y tiene problemas para entenderlo. Claro está que no se trata de un elíxir a través del cual todo le va a quedar claro y aceptará gustosa ese lado tuyo, pero sí que resultará en un gran primer paso que llevará hacia un mejor entendimiento del tema. Desconozco si se encuentre físicamente en alguna librería (yo no lo he encontrado en Amazon, Gandhi ni MercadoLibre), pero puedes acceder a una copia en PDF haciendo clic en este enlace.

Análisis 2021 y metas 2022

2021 fue un año de contrastes en todos los sentidos. En el panorama mundial, tuvo altibajos relacionados con la pandemia de la cual todos sabemos. Sin embargo, en otros aspectos fue un período bastante positivo, y en lo que a este blog se refiere, ha sido el mejor. 2021 dejó tras de sí el ciclo con más visitas desde que comencé esta aventura en el 2016, y por mucho. Gracias a ustedes, cerramos el mencionado lapso con 44,140 vistas y 19,727 visitantes, números nunca antes alcanzados en la historia de feminofila.com. También el año que culminó fue en el que más escribí, llegando a la cifra de 61 posts publicados, con un promedio de 5 mensuales.

El artículo más visitado del año fue Travestismo: preguntas frecuentes, que recibió un total de 3,163 vistas; este fue escrito en el 2016. Por otro lado, el más leído de 2021 que fue escrito en el propio 2021 fue Cómo convivir con mi pareja que se viste de mujer, coleccionando 1,509 vistas. ¡Nada mal para haber sido publicado el 31 de marzo!

Por la parte de las nuevas metas para este año 2022, están:

  • Superar el número de vistas y visitantes del 2021.
  • Escribir 6 posts al mes.
  • Dar impulso al canal de YouTube.
  • Crear una plataforma blog-canal-Facebook y convertirla en la referencia en temas de travestismo en habla hispana.
  • Hacer crecer el número de comentarios, ya que la enorme mayoría de los que leen, se van sin comentar.
  • Ampliar la variedad de contenidos, con cosas como: noticias, reseñas de libros, películas, álbumes musicales, tutoriales, recomendaciones de productos, unboxings, etcétera.

Agradezco profundamente a todos y todas quienes se dieron una vuelta por este blog el año pasado, tanto de manera única como los que son fieles lectores y lectoras. A ustedes les reitero mi compromiso por generar contenidos de su interés. Espero seguir contando con su preferencia y fidelidad. Si tienen alguna sugerencia sobre algo de lo que les gustaría que escribiera, anímense a dejarla en los comentarios.

¡Feliz 2022, hermanas feminófilas! Y que sean muchos los días de este año que puedan aprovechar vistiéndose de mujer.

-Nadia.

Top 10: cosas que me fascinan de ser feminófila

¿Cuál es tu top?

Quiero sentirme mujer, pero soy hombre

Quiero vestirme de mujer.

Soy hombre, pero quiero sentirme mujer.

Vestirse de mujer por primera vez.

Quiero vestirme de mujer y soy niño.

Me excito poniéndome ropa de mujer.

Cómo vestirme de mujer si soy hombre.

Quiero sentirme mujer y soy hombre.

Cómo saber si eres travesti.

Estas frases aparecen en las estadísticas del blog como términos de búsqueda que los guiaron hasta aquí. Interpreto lo anterior como evidencia de que existe una cantidad de lectores que, o bien sienten la curiosidad por vestirse como mujer, o ya lo hicieron y desean saber qué les sucede. Así que este post está dirigido a ustedes. Algunos de los temas que trataré en el presente texto ya los abordé con anterioridad. Sin embargo, los retomo para tener la información condensada en un solo sitio.

Para comenzar, deben saber que existe una conducta llamada travestismo heterosexual. En ocasiones se utiliza el término feminofilia para hacer referencia a esta condición, pues la palabra travesti puede sonar un poco agresiva y tiene connotaciones que evocan impresiones erróneas y apartadas del verdadero significado. El vocablo travesti se refiere a toda persona, hombre o mujer, que cruza el límite entre las prendas socialmente etiquetadas como de hombre o de mujer. No tiene nada que ver con la identidad de género ni con la preferencia sexual. No, vestirte de mujer no significa que deben gustarte los hombres, ni que lo hagas para atraerlos. Simplemente es un gusto.

Hay en el mundo muchos como tú. No estás solo o sola. Lo que te sucede no es una enfermedad, ni una anormalidad, ni algo de lo que te tengas que avergonzar. La feminofilia existe desde que la humanidad está presente en este planeta. En todos los continentes, en todas las culturas, en todas las clases sociales, en todas las profesiones han existido siempre hombres que se sienten atraídos por vestir como lo haría una mujer, imaginarse como tal, actuar como tal por unos instantes, para después volver a su rol masculino. Somos ciudadanos con doble pasaporte que podemos habitar temporalmente en ambos lados de la frontera de los géneros.

Esta afición no te condena, no te limita ni te predispone. Tu destino no será terminar prostituyéndote. Los feminófilos vivimos vidas relativamente normales. Digo relativamente porque ninguna vida es igual a otra, pero me refiero a que nuestras vidas no difieren mucho del promedio. Tenemos pareja, un empleo estable, estudiamos una carrera o aprendemos un oficio. El gusto por transformarse en mujer tampoco significa que forzosamente deban gustarte los hombres. La enorme mayoría de nosotras somos heterosexuales, es decir, nos atraen física y sexualmente las mujeres.

Tampoco quiere decir que seas una mujer transexual. Quizá sí, quizá no, pero el travestismo no es una estación de paso para que eventualmente decidas convertirte en mujer permanentemente. En mi caso, llevo más de treinta años vistiéndome con prendas femeninas, y sigo tan a gusto con mi condición de hombre que no me interesa hacer la transición definitiva. No te asustes. Todas las personas tenemos nuestra propia identidad. Si en este momento te sientes confundido o confundida, no te presiones, descubrirás la tuya eventualmente. No hay prisa. Tienes toda una vida para descifrarlo.

Muchas de nosotras preferimos los pronombres y adjetivos femeninos y tenemos nuestro propio nombre de mujer, aunque eso tampoco es un requisito, es al gusto de cada quién. Encuentra lo que a ti te vaya mejor y te haga sentir mayor comodidad. Si lo tuyo es también adoptar un nombre femenino y los adjetivos propios del género, tienes ante ti un lienzo en blanco. ¡Puedes ponerte el nombre que quieras! Combinarlo como desees y cambiarlo cuantas veces sean necesarias hasta que encuentres el definitivo. Yo soy Nadia Mónica, pero antes de adoptar este apelativo pasé por muchos otros.

Respecto al tema de las parejas, no te voy a engañar: es difícil encontrar una que lo acepte y lo entienda. Mas no es imposible. Existen joyas de mujeres que comprenden el fenómeno y cuyo cariño y amor por ti resulta tan grande que deciden apoyarte y quererte al completo, incluyendo tu personalidad femenina. Si logras encontrar a alguien así, ¡considérate afortunado o afortunada! En cuanto a los padres, bueno, depende muchísimo de tu entorno y cada caso también es diferente. Recomiendo mucha prudencia en este sentido. Eso sí, antes de contárselo a cualquier persona, primero es necesario que tú mismo o misma entiendas qué es lo que quieres y sientes e identifiques el rumbo que quieres que tome tu vida. De nuevo, ve con calma, no hay prisa alguna.

Respecto al tema de cómo vestirse de mujer, bueno, la respuesta podría ser muy amplia dependiendo el punto de vista desde el cual se aborde la cuestión, y nunca se deja de aprender ni mejorar. Es algo complicado, pues las mujeres son mucho más complejas que nosotros. Dominar las técnicas de combinar las prendas, los colores, los estampados toma tiempo y dedicación. Del maquillaje mejor ni hablamos, pues eso da para un post completo, pero sí que hay algunas cosas básicas por las cuales comenzar.

Para empezar, depende mucho de tu situación actual. ¿Vives por tu cuenta? ¿Con tus padres? ¿Con tu pareja? ¿Con roommates? Cada situación tendría una respuesta diferente, pero asumiré que los que preguntan esto todavía viven en la casa familiar. Lo más común es ataviarte con la ropa de tu mamá o tus hermanas. Si es así y quieres evitar que te descubran, ten mucho cuidado de no manchar ni ensuciar nada, y dejar todo justo como lo encontraste, poniendo especial atención en los dobleces y la posición de cada prenda.

Necesitarás al menos una blusa y una falda. Creo que esos dos elementos son los más básicos para iniciar. Ve a un lugar seguro, como tu habitación si no la compartes o sabes que estarás en soledad, o quizá el baño. Despójate de tu indumentaria masculina y colócate las prendas de mujer. Pero, ¡ten cuidado! Es muy probable (y dependiendo de tu edad) que la sensación te cause una erección. Si la excitación se apodera de ti y no puedes evitar autoestimularte, nuevamente, revisa que no manches las prendas.

Al terminar, las probabilidades dictan que es posible que te sientas con culpa y que te prometas que nunca más lo volverás a hacer. Es normal. Y, de una vez te adelanto, no podrás cumplir esa promesa, porque las ganas volverán una y otra vez y serán cada vez más fuertes. Mejor deja de limitarte, encuentra maneras de manejar esa culpa pero sin hacer juramentos que no vas a cumplir.

Listo, te has vestido de mujer por primera vez. ¿Lo disfrutaste? Apuesto a que sí. ¡Bienvenida al mundo de la feminofilia! A partir de este punto empezarás a recorrer un largo andar en el que cada vez querrás ir más y más allá, mejorando tu imagen, tus poses, tus movimientos, y creando tu propio estilo femenino. Pero ve con calma y disfruta el proceso, ya que la feminofilia es algo que te acompañará durante toda tu vida. Sé cauto o cauta y no dejes evidencias que delaten tu actividad. Si compras tus propias prendas, asegúrate de tener un lugar apropiado para guardarlas. También es importante tener a la mano un paquete de toallas desmaquillantes, para que el día que decidas experimentar con sombras o labiales, no quede rastro alguno de que lo hiciste.

Para el punto de querer sentirte mujer no tengo ningún consejo. Creo que, desde el momento en que buscas esa frase en internet, es porque ya te sientes mujer. Obsérvalas con ojos de aprendiz. Ve cómo se mueven, como se expresan, como se sientan, cómo caminan, pero, sobre todo, cómo piensan y cómo expresan su feminidad. ¡Buena suerte en este camino, hermana feminófila! Ojalá que lo disfrutes mucho.

Increíbles transformaciones de hombre a mujer

Amigas, hoy les platico que el algoritmo de YouTube me sorprendió de manera más que grata. Me recomendó un canal que se llama Fabricio Castro Fotografía. Contiene videos acerca de varias transformaciones de hombre a mujer. Incluye la de algunos jovencitos que, ya sea por decisión propia o a causa de algún reto, celebran sus fiestas de XV como mujeres. La transformación corre a cuenta de los creadores de contenido del canal, y los resultados son más que convincentes.

Las quinceañeras lucen por demás femeninas y la calidad de la transformación es muy alta. Incluyen extensiones de cabello, maquillaje, vestuario, calzado y, por supuesto, todas las fotografías y videos de los eventos. Estas transformaciones de quinceañeras corresponden a los videos que vi, pero también hay de novias y otras varias que no me he dado la oportunidad de ver.

Ver estos videos me hizo pensar en lo mucho que me hubiera gustado celebrar unos XV como mujer: ponerme mi vestido, ir al salón de belleza a que me peinaran y me maquillaran. Luego, llegar al salón a bordo de una limosina blanca y entrar ante la mirada de todos mis invitados; mi familia, mis amigos, mis compañeros de la escuela, todos viendo cómo llegaba yo, la quinceañera. Y que, para todos, fuera lo más normal del mundo verme celebrar mis XV como mujer, pues yo sería una mujer.

Y sí, ahora, a causa de esos videos, se me ha metido en la cabeza la espinita de celebrar una fiesta con todas las personas que saben y aceptan mi feminofilia. No unos XV, pues ya supero esa edad por más del doble, pero sí al menos una pequeña reunión en donde pueda usar un lindo vestido y pasar un momento agradable rodeada de las personas de mi mayor confianza. Dense una vuelta por el canal, les aseguro que les va a gustar mucho y echará a volar su imaginación.