Sobre el uso de bras y toallas sanitarias en los travestis

Ser travesti es, de una manera muy resumida, gustar por vestir las prendas del género opuesto al de nacimiento. Es un fenómeno que se presenta tanto en mujeres como en hombres, pero estos últimos suelen llevar a cabo estas transformaciones de una manera más secreta debido a que es algo que no es socialmente aceptado en su totalidad.

Para los varones que gustamos de vestirnos de mujer resulta necesario lograr que la experiencia sea lo más realista posible. Quizás no durante nuestros primeros pasos, en los que ponernos cualquier prenda suele satisfacer la necesidad repentina por portar algo femenino, pero, conforme más se profundiza en esta condición, aumenta el grado de autenticidad que se desea lograr.

La utilización de una falda, una blusa o un vestido llega a no ser suficiente, y se comienza a experimentar con el uso del maquillaje, los zapatos de tacón, los accesorios, las pelucas; las prótesis o explantes de senos, nalgas y caderas también son recurrentes, todo en aras de lograr una apariencia femenina lo más convincente posible.

 Aun cuando la fisiología del varón no requiere el uso de un sostén, ya que no hay nada que necesite ser sostenido, el alto valor de carga femenina que ello representa es lo que hace que nos sintamos atraídas hacia él. Visto de otro modo, casi todas las prendas de vestimenta exterior que en la actualidad la sociedad cataloga como “de mujer”, en algún punto de la historia fueron utilizadas también por hombres. Los griegos antiguos, por ejemplo, utilizaban atuendos que hoy podíamos catalogar como vestidos. Los guerreros de la civilización hitita utilizaban largos tacones en sus botas para aferrarse mejor a los estribos de sus caballos. Hurgando en libros de historia seguramente encontraríamos más ejemplos parecidos.

El caso del brasier se diferencia de lo anterior porque se trata de una prenda completamente pensada para las mujeres, cuya función es ayudarles a cargar el peso de los senos y así aliviar el esfuerzo en su columna vertebral. Es un aditamento cien por ciento femenino y, aunque los varones no lo necesitemos, las travestis amamos utilizarlo por el significado que tiene para nosotras, por la carga erótica que contiene. La primera vez que nos colocamos un bra es como poner los pies en un territorio femenino totalmente desconocido pero que nos llama a explorarlo. Utilizarlo nos acerca más a la sensación de ser una mujer auténtica. Aunque luego viene el problema de ver cómo lo vamos a rellenar para que luzca natural, pero ese es tema para otra entrada.

Algo muy similar ocurre en el caso de las toallas femeninas, pero su uso no está tan extendido entre los varones que gustamos del travestismo. Hay quienes sí las usan y quienes no. Sin embargo, al encuestar a travestis que reportan que sí les gusta usarlas, la opinión más popular es que se trata de un elemento que las hace sentir más auténticamente mujeres (al igual que el brasier). Se trata en ambos casos de aditamentos que ayudan a conseguir una experiencia más cercana a ser una verdadera mujer ¡y por eso nos fascinan!

Si quieren conocer más acerca de la ropa femenina que comenzó siendo de hombre, les recomiendo la lectura de este artículo de La Vanguardia.

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