¿Las mujeres trans se pueden embarazar?

Experimentar un embarazo es una fantasía recurrente al fenómeno de ser travesti. La gran mayoría de nosotras estamos cómodas con nuestra condición de varones y no deseamos hacer la transición hacia la feminidad permanente, así que eso se quedará simplemente como lo que es, una fantasía.

Sin embargo, una cantidad considerable de mujeres trans comenzaron su andar siendo travestis, para después dar el salto hacia reconciliarse con su identidad de género. Entre ellas, hay quienes recurren a recursos como la terapia, sea psicológica y/o de reemplazo hormonal (TRH o HRT por sus siglas en inglés) o, incluso, cirugías de reasignación de género. Pueden también complementar todo esto con intervenciones estéticas como implantes de senos, nalgas, liposucciones, y un vasto etcétera, con el fin de lograr una apariencia acorde con su sentir. Pero ¿qué opciones tienen si desean convertirse en madres biológicas? Bueno, para eso se necesita un útero.

No cabe duda de que nos tocó vivir en una época de grandes avances en los campos de ciencia y tecnología, que se han traducido en una mejora sustancial del nivel de vida. Operaciones que otrora eran de altísimo riesgo hoy son muchísimo más seguras (no infalibles, pues toda intervención quirúrgica conlleva riesgos). Muy seguido escuchamos o leemos noticias relacionadas con nuevos hitos de la medicina, y los trasplantes de órganos cada vez son más comunes; riñones, corazones, pulmones, hígados y hasta rostros enteros. Pero ¿qué hay del útero?

De acuerdo con un artículo del sitio web del Servicio de Información y Noticias Científicas de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, hasta el 2020 se habían realizado unas 70 operaciones exitosas de trasplante de útero en el mundo. Por otro lado, la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología reporta que el primer trasplante exitoso de útero se realizó en el año 2000. ¿Qué conclusión podemos obtener de estas cifras? La más evidente, que en un período de 20 años se han llevado a cabo únicamente 70 trasplantes uterinos exitosos.

Estos datos se refieren a receptoras cisgénero, es decir, que tienen el género femenino de nacimiento. No obstante, existen registros de un intento de trasplante de útero a una mujer transexual de nombre Lili Elbe en 1931. Esta historia fue retratada por David Ebershoff en el año 2000 en una novela de nombre La Chica Danesa, y llevada al cine en 2015 con el mismo nombre. Como bien cuenta tanto la novela como la película, Lili falleció a causa de una infección causada por el rechazo del útero por parte de su sistema inmunológico, misma razón por la que tuvieron que pasar 69 años para que la primera intervención de este tipo fuera exitosa. Ello nos da una idea de la dificultad de esta categoría de operaciones.

En este punto podríamos pensar que, si el logro ya se ha dado en mujeres cisgénero, no debería pasar mucho tiempo para que el beneficio se extienda a mujeres transexuales, pero lamentablemente la viabilidad no es el único razonamiento para tener en cuenta, pues aquí entran en juego los criterios éticos de la medicina. ¿Eticos? ¡Pero la medicina ya realiza vaginoplastias y no se detiene a pensar en dilemas éticos! Sí, es verdad, pero estos dilemas no se refieren a lo “bien” o “mal” que cada cirujano considere al respecto de transformar a hombres en mujeres, sino que es más complicado que eso.

Incluso entre mujeres cisgénero existen factores a sopesar para declarar a una candidata apta para someterse a este tipo de cirugías. No basta solo con tener los medios económicos y encontrar una donante adecuada, sino que la mujer receptora tiene que cumplir con todos los llamados Criterios de Montreal para la Viabilidad Ética de los Trasplantes de Útero, mismos que enuncio a continuación:

  • Ser una mujer genética en edad reproductiva sin contraindicaciones para trasplantes.
  • Tener un Factor de Infertilidad Uterina congénito o adquirido y que esté documentado.
  • Tener una contraindicación legal o personal sobre las medidas de adopción o alquiler de útero o buscar el trasplante uterino únicamente para experimentar la gestación.
  • Su decisión de someterse al procedimiento no ha sido considerada como irracional a través de una evaluación psicológica llevada a cabo por expertos.
  • No exhibir inadecuación franca para la maternidad.
  • Ser lo suficientemente responsable para consentir y estar necesariamente informada para decidir por sí misma y no bajo coerción.

Malas noticias para las mujeres trans desde el primer requisito: ser una mujer genética.

Pero ¿por qué? De momento se da preferencia a estos procedimientos a quien realmente los necesita para satisfacer su voluntad de generar descendencia y así asegurar la supervivencia de la especie humana. Y para ello, actualmente las mujeres cisgénero resultan competentes, ya que no se manifiesta un riesgo de extinción de la humanidad como consecuencia de todas aquellas mujeres en edad reproductiva que deciden no ser madres.

Por otro lado, no hay que excluir las características fisiológicas propias de cada género. Es un hecho conocido que la evolución ha dotado al género femenino de caderas anchas diseñadas para soportar los partos, cosa que las mujeres trans no están diseñadas para atravesar. Y las caderas no son algo que se pueda ensanchar con ejercicio ni con cirugía. Lo que es cierto es que este punto podría contrarrestarse mediante la cesárea.

Es debido a esto que no parece cercano el momento en el que estas intervenciones, que recién han comenzado a tener éxito en mujeres cisgénero, se extiendan a las mujeres transexuales. Esperemos que sea algo a lo que futuras generaciones de féminas trans sí puedan tener acceso.

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