Otra carta de la esposa de un feminófilo

Estimada Nadia.

Me tomo la libertad de escribirte debido a que he visto algunos de tus videos y leído algunos de tus artículos y me han ayudado mucho a la hora de entender la feminofilia de mi esposo, con el que llevo más de una década de matrimonio. Lo más reciente que llamó mi atención fue la entrevista que publicaste con la esposa de un feminófilo, pues me sentí muy identificada con la historia, ya que mis circunstancias fueron muy similares.

Hay algo que me gustaría añadir a esa historia esperando que les sirva a otras mujeres para aceptar el travestismo de sus esposos: Si no los aceptan ustedes, llegará alguien que sí lo haga. Y no lo digo para intimidarlas ni para despertar en ustedes los celos y la llamada “toxicidad”, sino para que sean conscientes de que sus parejas buscarán en otra persona el apoyo que ustedes les niegan.

Habrá por ahí alguna hermana, alguna amiga, alguna prima que será su cómplice y que les dará su comprensión. A mí así me pasó con mi esposo. Yo me resistía rotundamente a verlo vestido de mujer. No quería saber absolutamente nada al respecto. Durante algunos años quise pretender que la situación no existía, que ese lado suyo no era real. Debo reconocer que él se comportó a la altura, pues cuando yo le dije que no quería tener nada que ver con eso, mi marido no mostró signo alguno de su travestismo cuando pasábamos tiempo juntos, hasta el punto en el que yo llegué a pensar que ya estaba “curado” y que ya no lo hacía.

Pero no era así, sino que había aprendido a ocultar muy bien las huellas de su doble vida. Conmigo no compartía nada de eso, pero tenía dos amigas de su época de estudiante que lo sabían todo al respecto y lo aceptaban. Ellas solían tratarlo como mujer cuando platicaban. En los escasos momentos que tenía para transformarse en Fabiola, les mandaba fotos de sus looks y ellas le daban consejos sobre cómo peinarse, maquillarse o posar. Vamos, que mi marido era para ellas una amiga más y aceptaban su travestismo sin ninguna objeción.

Cuando me enteré de esta situación me enfurecí, pero no con mi pareja, sino conmigo. Era yo quien había empujado a mi marido a buscar la aceptación en alguien más. Morí de celos, pues yo quería ser la única mujer especial en su vida. ¡Creía que lo era! Y me dolió mucho darme cuenta de que estaba equivocada. Al igual que la señora de la entrevista, yo tampoco tenía ninguna duda del amor que mi esposo me profesaba. Sabía que era incapaz de serme infiel o traicionarme, pero aún así, tenía celos de la relación que él tenía con esas dos amigas, porque sabía que con ellas compartía una parte suya que a mí me ocultaba… a petición mía.

Después de pensarlo por un par de semanas decidí hablar al respecto con una de las mencionadas amigas de mi esposo. No nos llevábamos bien, pero mal tampoco. Nuestra relación había sido siempre distante pero respetuosa. Con un poco de miedo, pena y timidez le mandé un correo electrónico explicándole mi situación y le pedí que me ayudara a aceptar la feminofilia de mi pareja. Hoy, seis años después, puedo decir que fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Una de las más difíciles, sin duda, pero la mejor.

Noté cómo el amor y la confianza de mi esposo hacia mí aumentaron de manera significativa. Ahora comparto con él el 100% de su personalidad, sin que exista la necesidad de que él busque apoyo y soporte en alguien externo a la relación. Sus amigas siguen en contacto con él, pues no es mi estilo prohibirle ni restringirle que se relacione con otras personas, pero ahora su confidente soy yo, su aliada soy yo, su compañera soy yo, tal como juré ante Dios el día que nos casamos.

De nuevo y para que no haya lugar a confusiones, no trato de decir que se conviertan en personas posesivas, tóxicas y celosas con sus parejas, ni que acepten su travestismo con tal de que no les permitan hablar ni tener amistad con otras mujeres. No, ese no es el punto de lo que trato de expresar.

Lo que quiero transmitir es que sean ustedes el soporte, el apoyo, el refugio y el lugar seguro de sus esposos. Que sean ustedes la primera persona que viene a su mente cuando se emocionan por algo y no aguantan las ganas de compartirlo con alguien.

Espero que este texto que me atrevo a compartir logre resonar con alguien y ayude a que logren aceptar y comprender a sus parejas travestis. Mi esposo (esposa) y yo agradecemos mucho la labor de concientización que realizas desde todas tus redes sociales.

Atentamente:

Mariana.

2 thoughts on “Otra carta de la esposa de un feminófilo

  1. Una muy sabia historia. Soy la esposa de un hombre que gusta vestirse de mujer y si bien en nuestro caso no es para nada traumático (soy dominante bisexual y disfruto de esa parte de su sexualidad), a veces todas las mujeres podemos sentir que el control se nos escapa de las manos.

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  2. Que bien que acepte a su marido con esta situación.
    Pocas como usted y la señora de la entrevista, la cual me emocionó mucho, ojalá pronto mi esposa acepte esta condición en mi también.

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