Entrevista a la esposa de un travesti

Había estado tratando de lograr una conversación con alguna esposa de una chica travesti desde hace ya un buen rato. He escrito ya varios posts acerca de la feminofilia pero todos han sido desde nuestro punto de vista, y quería abordar el tema desde la perspectiva de alguien que lo vive en carne propia desde el otro lado. Finalmente, la esposa de una seguidora de este blog accedió a hablar al respecto, con la condición de mantener en el anonimato tanto su nombre como el de su pareja.

Fue una plática larga, así que decidí publicar la transcripción de dicha entrevista en dos partes y así hacer que la lectura sea más llevadera. Posteriormente, estaré también publicando el audio en formato de podcast, para que estén pendientes. A continuación, la primera parte de esta transcripción.

Feminófila: ¿Cuánto tiempo llevas de casada?

Entrevistada: 16 años. Cumpliré 17 en marzo del próximo año.

F: ¿Cómo fue que te enteraste de la feminofilia de tu esposo?

E: Llevaba algún tiempo con la sospecha. Básicamente, desde que éramos novios notaba algunas actitudes raras de él, pero yo misma trataba de convencerme de que estaba imaginando cosas. El tenía una fascinación extraña por las medias y muy seguido me pedía que me pusiera un par cuando salíamos a algún lugar; frecuentemente me preguntaba qué se sentía utilizarlas. Nunca ponía objeciones a la hora de acompañarme a comprar ropa o zapatos y sin importar cuánto me tardara en escoger algo, él iba conmigo tienda por tienda. Aunque, sinceramente, eso era algo que me gustaba, porque es una actividad que la mayoría de los novios no hacen o hacen de mala gana.

Ya de casados en la intimidad prefería que yo estuviera utilizando alguna prenda de lencería en lugar de estar 100% desnuda. Tanto en mi cumpleaños como en Navidad o alguna otra fecha especial siempre me regalaba ropa. Siendo sincera, la verdad es que tenía muy buen gusto y siempre acertaba con la talla, así que yo no me quejaba.

Durante un tiempo yo trabajaba rolando turnos mientras que él siempre trabajaba en la mañana. A veces, cuando me tocaba estar en el turno de la tarde o de la noche, llegaba a casa y notaba pequeños cambios en mi ropa: aparecía en lugares diferentes a donde yo la había dejado; prendas recién lavadas tenían manchas; vestidos que guardaba en buen estado estaban rotos o descocidos cuando los sacaba, se me perdían prendas y cosas así.

Al inicio pensé que podía tratarse de una infidelidad por su parte, pero me parecía raro que le estuviera prestando mi ropa a otra mujer, no tenía mucho sentido. Además, en honor a la verdad, es un marido cariñoso, responsable, trabajador y muy buen padre. Mi intuición me decía que no me estaba engañando, pero también que algo inusual pasaba.

Cuando las cosas raras con mi ropa comenzaron a suceder más seguido, decidí tomar una fotografía de mi guardarropa y hacer un inventario de mi ropa interior. Un par de meses después, cuando regresé del trabajo por la mañana y él ya había salido hacia el suyo, comparé el clóset con la foto que había tomado, y me di cuenta de que una falda y una blusa estaban colgadas en posiciones diferentes. Esto confirmó mis temores de que algo realmente estaba pasando y que no se trataba nada más de mi imaginación.

Así que hice un plan: Antes de entrar a trabajar esa noche, pedí permiso a mi jefa para salir algunas horas más temprano, argumentando una junta en la escuela de mi hijo. Pensaba llegar a la casa a tiempo para alcanzar a mi esposo antes de que se fuera a trabajar y así fue. Cuando entré a la vivienda él estaba tomando una ducha en el baño de la habitación, a la que entré sin hacer ruido. Escuchaba cómo cantaba mientras se bañaba. Lo más silenciosamente posible, abrí la puerta del baño y vi, sobre la tapa del retrete unas pantimedias que él me había regalado en nuestro aniversario de bodas.

Sin poder contener mis emociones, que en ese momento eran una mezcla de coraje, confusión, decepción, perplejidad y tristeza, entré en el baño, tomé las pantimedias y lo confronté (no sin antes sacarle un buen grito de susto). Lo bombardeé con preguntas:

¿Qué significa esto?

¿Por qué están mis pantimedias encima de la ropa que pensabas llevarte al trabajo?

¿Eres homosexual?

¿Quieres ser mujer?

¿Desde cuándo me lo has estado ocultando?

Las lágrimas llenaron mis ojos mientras él solo atinaba a decirme que me calmara, que no era lo que yo pensaba, que iba a explicármelo todo, pero realmente necesitaba que me tranquilizara. Salí del baño enfurecida y me desplomé en la cama hecha un mar de lágrimas. Me sentía engañada, traicionada y tonta por no haberme dado cuenta antes.

F: ¿Por qué te sentías traicionada?

E: En ese momento llevábamos siete años de matrimonio. Antes de eso duramos poco más de tres de novios. Creía conocer al hombre con el que había decidido compartir mi vida desde hacía diez años, pero en ese momento sentía que todo había sido una farsa, que me había visto la cara de idiota, que había jugado con la confianza que yo había depositado en él. Sentía que él realmente era homosexual y que me había utilizado como fachada para que nadie lo sospechara. En resumen, sentía no conocer a la persona con la que me había casado.

F: ¿Cómo fue que él te explicó lo que le sucedía?

E: No lo recuerdo muy bien, ya que yo no quería saber nada del tema y estaba muy alterada. Solo me acuerdo de que él me repetía constantemente que no era gay, que no le gustaban los hombres, pero yo no le creía. En ese momento pensaba “si no le gustan los hombres, entonces ¿para qué se viste de mujer?” Llegó el punto en el que tuvo que irse a trabajar y nuestro hijo se levantó para ir a la escuela. Yo no tenía ánimos de ir a dejarlo, así que le hablé por teléfono a una vecina para que me hiciera el favor de llevarlo.

Todo el día me la pasé triste, de malas y llorando. Sentía que el mundo se me venía encima. ¿Por qué me pasaba esto a mí? ¿Qué había hecho para merecer este castigo? Amaba a mi marido, de eso no me quedaba duda, pero en ese momento sentía que él no era mi marido. No, no podía ser. Yo me había enamorado de un hombre en toda la extensión de la palabra. Y un varón al que le gusta vestirse como mujer no es un hombre. Sentía como si estuviera enloqueciendo. Por más vueltas que le daba al asunto, no lograba comprender nada y no podía tranquilizarme.

Sin ganas de hacer nada, apagué mi celular, desconecté el teléfono de casa y me recosté en la cama. El cansancio de mi jornada laboral me ayudó a quedarme dormida unas tres o cuatro horas, pero, al despertar, sentí una punzada de desesperanza al darme cuenta de que todo era real, no lo había soñado. De repente, sentí náuseas al estar rodeada por mi ropa. Desconocía cuántas de esas prendas él se había puesto y había aprovechado su soledad para pavonearse con ellas por toda la casa, sintiéndose una señorita, así que no soportaba estar en la recámara viendo mi propio guardarropa.

Encendí mi celular para llamar a mi jefa y decirle que no podría ir a trabajar esa noche debido a que me sentía bastante enferma. Al hacerlo, me llegó un mensaje de mi esposo, que solo decía “Te amo. Nunca lo dudes” y eso solo me hizo sentir peor. No quería que esa persona me amara. Quería que el hombre que yo creía conocer me amara, pero no esa versión de él, que para mí era alguien completamente diferente y extraño.

Para no hacer esto tan largo contando el resto de los días tan a detalle. Solo diré que pasaron de una manera muy similar a la que acabo de platicar, con la única diferencia de que, al volver al trabajo, me distraía un poco de los problemas de casa. También ayudó el hecho de que no nos vimos como por tres o cuatro días, debido a nuestros horarios laborales. Cuando por fin volvimos a coincidir en nuestros turnos y, por lo tanto, estábamos en casa al mismo tiempo, fue cuando nos sentamos a hablar al respecto.

Yo no tenía ganas de hacerlo. Me daba miedo no saber a lo que me enfrentaría, pero también necesitaba respuestas y solo él podía dármelas. Antes de que comenzáramos a hablar, solo lo abracé y lloré por un buen rato. Me alegró darme cuenta de que mi amor por él todavía estaba ahí. Seguía siendo él la persona con la que corría cuando las cosas se ponían feas. Él seguía siendo mi refugio.

Nunca olvidaré las palabras que me dijo cuando se decidió a romper el silencio:

“Soy la misma persona que conoces desde hace diez años. Solo que hoy sabes algo más sobre mí”

Eso quebró algo en mi interior, pero no para mal, sino al contrario. De cierta manera esas palabras derribaron la barrera que yo había puesto entre nosotros y que me llevaba a pensar que él era una persona diferente de la que yo me había enamorado. Tenía razón. Yo no lo había visto de esa manera, pero en ese momento me daba cuenta de que, muy probablemente, ese gusto por vestirse de mujer no era nuevo, sino que lo había estado haciendo a escondidas desde mucho tiempo atrás. Seguía molesta porque, de cierta manera, me había ocultado una parte de su personalidad. Me había engañado al hacerme creer que él era el hombre que yo quería para mí. Lo escogí porque no lo conocía completamente. Si lo hubiera hecho, es posible que ni siquiera hubiera considerado la opción de ser su amiga.

Continuará.

3 thoughts on “Entrevista a la esposa de un travesti

  1. Pues ciertamente es tal cual me pasó a mi, con la diferencia que cuando quise hablar y explicarle, me dijo” así baje Dios del cielo, no le voy a creer lo que diga de vos”. Con un argumento así, podía decir algo, podía generar una réplica, una defensa de algo????, Allí ella cerró una etapa de mi vida de tanta alegría y felicidad de compartir mi vida con ella.

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  2. Agradezco tu entrevista puesto que me da muchas cosas que pensar, en especial con la relación que tengo en este momento. Si bien existe el amor, a veces los secretos llevan a situaciones complejas y nuestro de tipo de secreto que además es tabú puede generar más problemas. Me llevo tres cosas como reflexión:

    1. Cometemos errores que a veces creeriamos nadie toma en cuenta. Por ejemplo, dejar que nuestro gusto por las prendas sea identificado por nuestras parejas. Como lo comenta la entrevistada, un hombre normalmente no escoge ropa para su mujer o la acompaña con tanta paciencia como nosotras.
    2. Aunque exista amor es complicado contar este tipo de verdades. Las personas seguirán asociando el travestismo con la homosexualidad así esto no se cumpla en muchos casos. Por esta razón, muchas parejas se sentirán defraudas y nosotras culpables por algo que no le hace daño a nadie y que por el contrario como la entrevistada comenta puede generarles muchos beneficios.
    3. Por último, el hecho de que podamos ser funcionales en todos nuestros aspectos: pareja, padre, trabajo demuestra que la feminofilia no nos hace diferentes y que hay que seguir luchando por cambiar esos paradigmas. En Latinoamerica al menos en Colombia no veo un panorama muy alentador en estos casos pero lo que haces Nadia es un aporte muy grande.

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  3. A mi me paso algo muy parecido, al principio fue el silencio, yo llena de culpa y sin saber que rumbo tomarian nuestras vidas tanto de pareja como personal, yo busque ayuda psicologica que no me gusto ya que todo se enfocaba a que ella tenia que aceptarme como soy y si ni yo me aceptaba como le pediria a alguien que lo hiciera. Finalmente hablamos y ella me perdono porque nos amabamos mucho, pero me dejo claro que no lo queria asi en su vida y pues lo olvide, años despues tristemente mi compañera de años fallecio y ahora me visto un poco mas aunque la culpa sigue ahi.

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