Metas cumplidas y por cumplir

Con el paso del tiempo he aprendido no solo a convivir con mi feminofilia, sino a amar cada detalle de ella. No únicamente me acepto como soy, sino que me amo como soy. Me gusta muchísimo tener este lado femenino tan desarrollado y, sinceramente, no soy capaz de imaginar cómo sería mi vida si no fuera feminófila.

Aunque llevo casi toda mi vida con el gusto por las prendas femeninas, ha sido hasta fechas relativamente recientes que he podido disfrutarlo más a mis anchas. Por años estuve confinada, como creo que la mayoría de nosotras, a la soledad y clandestinidad de mi habitación, limitada por las pocas prendas que tomaba del armario de mi mamá o que podía comprar y esconder con seguridad. Pero, con la llegada de la vida adulta, hoy cuento con un espacio propio en donde Nadia puede expresarse con mayor frecuencia y total libertad.

Gracias a esta circunstancia es que he podido llevar a cabo cosas que había tenido ganas de hacer desde muy pequeña, y ya las he tachado de mi lista de pendientes. Algunas de ellas, honestamente jamás me creí capaz de hacerlas, pues pensaba que estaban reservadas para personas más audaces que yo. Eso me ayudó a darme cuenta de que soy más valiente de lo que yo misma creía.

Lo primero que me viene a la mente, es haberle confesado mi travestismo a alguien. Y es que, durante mis primeros años, cuando todavía no entendía muy bien de qué iba todo esto, estaba segura de que era un secreto que se iría conmigo a la tumba. Ni siquiera era capaz de imaginar cómo podía contárselo a alguien. Sin embargo, hoy en día que ya lo entiendo mejor, y aprovechando el cambio en la mentalidad de las generaciones actuales, las personas que más me importan en la vida ya lo saben. Y no porque se hayan enterado por casualidad, sino porque yo misma se los he dicho. Hay quienes lo aceptan y quienes no tanto, pero ya no me avergüenzo ni me escondo de ser lo que soy.

No solo eso, sino que también he dejado de preocuparme de que alguien lo descubra. Mi feminofilia no es algo que vaya anunciándole a todo el mundo, y no por pena ni el qué dirán, sino porque no todas las personas son lo suficientemente importantes como para que les cuente acerca de mi vida. No obstante, si llegaran a enterarse, sea porque alguien que sí lo sabe se los comente, o quizás porque por casualidad vean mis videos o encuentren mi perfil de Facebook, ya no sería el fin de mi mundo, como lo pensaba antes. Tengo derecho a ser como soy y lo que otros opinen de mí es problema de ellos, no mío.

Con mis papás el tema sí que fue un poco distinto, ya a ellos no fui yo quien se los dijo. Supongo que ya lo sospechaban, derivado de las ocasiones en las que me sorprendieron en flagrancia con ropa de mujer, pero pensaban que había sido solo una etapa durante mi niñez. Hace un par de años se enteraron, por un descuido mío, de que lo sigo haciendo y no lo tomaron mal. Entendieron que es mi forma de ser y que nada pueden ni puedo hacer para cambiarla. Mi papá se mantiene con reservas al respecto y nunca menciona el tema, pero mi mamá sí que es más partícipe. Cuando me tomo fotos transformada, le muestro las que más me gustan y me da su opinión (a veces, demasiado sincera) e, incluso, ha llegado a llamarme hija y referirse a mí en femenino. Es una sensación única que jamás pensé que llegaría a experimentar.

Parte de la misma inercia de aceptar quién soy y que no me dé pena lo que digan los demás me ayudó para animarme a agendar una cita para hacerme una pedicura. Es de esas pequeñas metas cumplidas que, tal vez para alguien externo no signifique mucho, pero que a mí me llenó de alegría y satisfacción. Por mucho tiempo deseé ver las uñas de mis pies lindas, arregladas y femeninas. Dado que yo no sé hacerlo, la única forma era acudir con una profesional, pero no me atrevía y ese objetivo parecía inalcanzable. En una ocasión, después de un suceso que me puso triste, decidí hacer algo que me levantara el ánimo y junté el valor necesario para agendar la cita en un salón de belleza. Ya estando ahí, la chica que me atendió me hizo sentir en confianza y todo fluyó con naturalidad. Salí del lugar encantada y con mis pies luciendo mejor que nunca. Definitivamente fue una gran experiencia. Había otros clientes en el lugar, tanto mujeres como hombres. Algunos me miraban con extrañeza, pero nadie me dijo nada ni me prestaron su atención por mucho tiempo, lo cual me tranquilizó bastante y es algo que pienso repetir pronto.

Otro hito lo rompí una noche en la que decidí salir de mi encierro de cuatro paredes y mostrarle al mundo mi lado femenino. Bueno, no al mundo, pero sí a la sociedad de mi entorno. Me costó un poco encontrar algo en mi guardarropa que no llamara demasiado la atención. Y es que, en mi afán por lucir como la mujer que soy en mi mente, la mayoría de mi ropa son vestidos y faldas que combino con zapatos de tacón alto. Pero para esa oportunidad quería algo más casual. Por fin encontré unos jeans que servirían para la ocasión y los combiné con una blusa y un abrigo cero reveladores. Fui en modo Nadia a una plaza comercial a retirar dinero del cajero automático. Después de eso, acudí por una pizza y de regreso a casa. Una salida corta, pero que rompió un paradigma que yo misma había ido construyendo durante un largo tiempo.

Lo más reciente que he hecho en este sentido es probarme ropa de mujer en una tienda. Ocurrió en una sucursal de Forever 21. Desde tiempo atrás traía la espinita de hacer tal cosa. Había leído historias de otras chicas feminófilas en las que platicaban que se habían atrevido a hacerlo. Y es que resulta engorroso acudir a comprar algo y tener que adivinar si te quedará o no tan solo viéndolo. ¡Cuánto dinero he malgastado comprando prendas que no me quedan y de las que luego tengo que deshacerme! Un día antes había ido a comprar una falda y, al llegar a mi casa y ponérmela, descubrí que me quedaba muy justa. Fui a hacer el cambio y, con un poco de nerviosismo, le pregunté al vendedor si podía probármela, aunque fuera una prenda de mujer. Mi pregunta pareció desconcertarlo y respondió

-Claro, ¿por qué no podrías hacerlo?

Así que gustosa me metí al probador. No solo eso, sino que, al salir, me preguntó cuáles eran mis gustos y me sugirió un par de prendas más que acabaron fascinándome y también las compré. ¡Sin duda ese vendedor supo hacer su trabajo!

Estas son las metas que he podido realizar, pero en mi lista todavía quedan unas pendientes. Entre otras, están:

  • Hacerme una perforación en el ombligo
  • Ir a cenar o al cine vestida de mujer
  • Hacerme una manicura
  • Hacerme un tatuaje femenino
  • Vestirme de novia con un vestido hecho a medida
  • Tener una sesión de fotos profesional
  • Tener una sesión de maquillaje profesional
  • Depilación láser en todo el cuerpo

Veremos si algunos de estos puntos entran en mi lista de objetivos para el 2023.

¡Cuéntenme ustedes qué han logrado y los sueños que les falten por cumplir!

6 thoughts on “Metas cumplidas y por cumplir

  1. ¡El maquillaje profesional te lo recomiendo 100%! Tiene que ser con una peluca (una bonita), pues la imagen que verás te cambiará la perspectiva por completo.
    Puedes acompañarlo con la sesión de fotos. Si tienes o te provees de ropa linda, ayudarás a tu maquillista a elegir colores y técnicas. No dejarás de ver tus fotos, te lo aseguro.
    Y serán varias metas cumplidas en una ocasión.

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  2. Super inspirador tu post. Aunque he comprado ropa interior en algunos sitios toda mi ropa normal ha sido online. Me gustaría tener el valor para ir a medirme lo que me gusté sin ser juzgada.

    Al igual que a ti me gustaría una depilación laser para evitar la afeitada.

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    • ¡Hola! Sentí bonito saber que mi post te resultó inspirador. ¡Aprecio mucho que alguien se tome el tiempo de leerme! Ojalá pronto te animes a comprar ropa y probártela, es una experiencia que vale la pena vivir.

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  3. Yo he podido cumplir alguno de mis sueños (salir a tomar algo, a comer en un restaurant, una manicura,…) Pero, no sé si os pasa, a cada reto cumplido aparece otro nuevo. Lo mismo que cada vez me cuesta más volver a mi vida de hombre y me desespero por volver a verme de mujer

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