Disfraces de Halloween y Día de Muertos

¡Hola, feminófilas! Como ya saben, Halloween y Día de Muertos están a la vuelta de la esquina. Dejando a un lado la disputa de si en México deberíamos celebrar solo la última, estas fechas son la ocasión perfecta para que nosotras, las travestis que todavía somos de clóset, podamos aprovechar para vestirnos con ropas femeninas en público.

Las opciones son infinitas, pero hoy quiero hablarles de la forma en la que me encantaría caracterizarme para una fiesta de disfraces.

La primera idea es de Catrina. Y es que en nuestro país es un personaje muy popular durante estas fechas. Básicamente se trata de una calavera, que representa la muerte, con un vestido y un sombrero, como si estuviera de luto. Me parece que este disfraz puede lograrse sin invertir mucho dinero, pues basta un vestido negro largo, una peluca y un poco de pintura negra y blanca en la cara. Claro, esto en su versión más básica, ya que hay Catrinas muy bien producidas que añaden flores, sombreros y un maquillaje más elaborado que, por supuesto, también me gustaría utilizar.

De la mano de este personaje viene la segunda idea: Novia Catrina. Es, básicamente lo mismo que el anterior, pero ahora con un atuendo nupcial, como sacado de las leyendas en las que una novia fallece el día de su boda y permanece rondando este mundo en busca de su amor perdido. Y es que vestirme de novia es una de mis más anheladas fantasías. ¿Por qué no aprovechar estas fiestas para cumplirla?

Un atuendo que desde hace largo tiempo he soñado con portar es el de porrista: el cabello amarrado en una cola, falda tableada, crop top zapatos deportivos y unos pompones son los componentes necesarios para dar esa imagen de animadora sexy. Un plus se añade si en el rostro se usa maquillaje de calavera o zombi, para transformarse en una porrista del inframundo.

A título personal les platico que otra de mis vestimentas anheladas es la de belly dancer o bailarina de danza árabe. Es, en mi opinión, una de las caracterizaciones que más feminidad irradian, pues los movimientos propios de este baile están justamente creados para transmitir sensualidad. La suavidad de las telas con las que se fabrican las faldas y los tops son majestuosas, además de que los accesorios como pulseras, collares, anillos y caderines proporcionan una alta dosis de coquetería.

Cuando llego a ver una película o una serie con temática de antiguos reinos, me he llegado a imaginar más de una vez cómo sería usar esos maravillosos vestidos amplios y repletos de capas de suaves telas o, incluso, un corsé. La desventaja de esos ajuares es que se ve que son demasiado pesados, y quizás resulte cansado el traerlos puestos por mucho tiempo. Aun así, ¡vale la pena el esfuerzo! 

Por el lado del cosplay, o, mejor dicho en nuestro caso, crossplay, existen opciones por demás interesantes que me fascinaría intentar. Lo primero que se me viene a la mente en este sentido es Bella, ya que es mi princesa de Disney favorita. El vestido amarillo de la versión animada de la Bella y la Bestia es espectacular en sí mismo, pero el que Emma Watson usa en la adaptación live-action no tiene comparación. Si algún día logro conseguir una réplica de mi talla de ese vestido y me lo pongo, podré decir que estoy realizada.

Por el lado de los disfraces de superheroína no hay demasiadas opciones, pero yo escogería, sin pensarlo dos veces, el de Wonder Woman en la versión de Gal Gadot. Vestirme y sentirme como una guerrera amazona es algo que quiero experimentar en la vida.

Lo mejor se suele dejar para el final, y para mí lo mejor es Ariana Grande. Una de las metas que tengo en mi vida de feminófila es utilizar alguno de los atuendos icónicos de esta cantante, acompañados de sus ya características botas de enorme tacón y que llegan hasta los muslos. No me cabe duda de que se trata de un atavío que no encontraré a la venta en ningún sitio, sino que tendría que mandarlo fabricar, lo cual me plantea un reto un poco complicado, aunque no insorteable. Así que también lo agregaré a la lista de cosas que tengo que hacer antes de que sea demasiado vieja para intentarlo.

Otras de mis opciones, sobre las que no profundizaré mucho para no hacer este post eterno, son:

¡Díganme cuáles son los disfraces que les encantaría usar o aquellos que ya han usado!

La vida del travesti mientras no se transforma

Hace cuestión de un par de meses publiqué, en la página de Facebook de feminófila, el caption que ilustra este post. Uno de los comentarios de las seguidoras de dicha página comentaba con gran acierto que, de hecho, eso es verdad, ya que el travestismo no nada más vive en los momentos en los que podemos transformarnos en nuestras femíneas contrapartes, sino que es un proceso que se desarrolla continuamente en las mentes de nosotras.

¡Coincido completamente con esta visión! En mi particular caso, aun cuando no esté disfrutando del suave abrazo de las prendas de chica, mis pensamientos están orientados hacia ese objetivo. Si me encuentro caminando por alguna calle, presto atención a la ropa que veo en los escaparates de las tiendas o a las de las mujeres que veo pasar a mi alrededor.  Si la situación se torna idónea para adquirir alguna prenda, mi mente se vuelca al 100% en preparar la ocasión para estrenarla; visualizo los detalles, tales como la ropa con la que la combinaré, los zapatos, el maquillaje y la peluca. Por supuesto, también recreo en mi cabeza la consiguiente sesión fotográfica e imagino los lugares en los que me tomaré dichas fotos, las poses que puedo hacer, etcétera.

Si, por el contrario, me encuentro en casa o en el trabajo, aprovecho los momentos libres para idear las temáticas de futuros videos para el canal o artículos para este blog. Pienso también en historias que me gustaría vivir o metas como mujer para el futuro.  Cada día trato de ejercitarme para lograr una figura estilizada que se vea bien en tal o cual vestido, o que luzca una falda de manera sexy. Vivo en una lucha constante con el vello de mi cuerpo. A veces la pierdo, porque es fácil no ocuparse de esos asuntos cuando Nadia no se manifiesta, pero trato de estar al pendiente para que, cuando llegue, no le sea tan difícil transformarse y ser ella misma.

Veo a la feminofilia como un trabajo artístico. Cuando vamos a algún museo y admiramos una obra, observamos lo evidente: la belleza visual y las sensaciones que nos evoca, el talento de los autores, pero pocas veces nos ponemos a pensar en el esfuerzo del artista, en las horas de preparación, de estudio, de errores cometidos que le hicieron volver a comenzar, del fastidio y de la frustración que muchas veces le hicieron plantearse abandonar su vocación y dedicarse a otra cosa, o de las noches de desvelo por aprender nuevas técnicas que le permitan llevar su talento a un nivel superior, de la corrección de los errores para que la obra luzca mejor, de los sacrificios realizados por presentar su mejor esfuerzo.

Así que sí, es cierto. Las sesiones de transformación son ese punto culminante de una planeación, que a veces es exhaustiva, por acomodar las situaciones para generar el momento oportuno para hacerlo (sobre todo para las que somos anónimas, de clóset, como se nos dice). Es el espectáculo que presentamos después de ensayarlo una y otra vez, es el clímax de una historia que a veces lleva semanas o meses escribiéndose, para desarrollarse tan solo por unos minutos o, en el mejor de los casos, por unas horas. Es externar, por unos momentos, lo que pasa por nuestras mentes de manera continua.

Una vez más lo digo, incluso con mayor convencimiento que antes, que la vida es eso que pasa entre una y otra vez que nos vestimos de mujer.

Redes sociales de feminófila

Amigas, este post no tiene otra intención más que darles a conocer todas las redes sociales por las que pueden seguirme, tanto las personales como las de este proyecto llamado feminófila. No subo contenido regularmente a todas ellas, pero sí que trato de estar al pendiente y compartir cosas por cada una de ellas. Se las dejo, ¡y siéntanse libres de escribirme a través de las que deseen!

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Soy mujer por un día, última parte

Después de poco más de una hora termino mi entrenamiento. El sujeto que me estaba mirando dejó de insistir cuando se dio cuenta de mi completa falta de interés, así que pude concentrarme mucho mejor en mi rutina de ejercicios. Al finalizar, me dirigí a las duchas a tomar un baño refrescante. Una vez más me demoré a causa de estar admirando mi propio cuerpo con sus proporciones delicadas y femeninas. Realmente no puedo creer que luzca de esta manera. La pregunta surge en mi interior como una veta de oro entre piedra caliza: ¿me gustaría prolongar esta situación? ¿Sería feliz de quedarme como mujer para siempre?

Han sido unas cuantas horas en esta vida y estoy maravillada. Me alegro al darme cuenta de que los cambios en mi persona son solo físicos, pues mi forma de pensar y de ver el mundo siguen intactas, al igual que mi atracción hacia las mujeres. Eso me lleva concientizar que mi forma de ser, aun en mi versión de varón, tiende hacia lo femenino. Encajo mucho mejor en esta faceta que en la otra que he experimentado durante toda mi vida. Detengo estos pensamientos ya que resultan inútiles, pues la opción de quedarme así ni siquiera está presente. Bien se me comunicó desde un inicio que esta experiencia solo duraría veinticuatro horas.

Salgo de la regadera con una toalla enrollada en el cuerpo y otra en la cabeza. Voy hacia mi casillero y, al abrirlo para sacar mi vestimenta una nota cae al suelo. Me agacho para recogerla y veo un número de teléfono anotado, junto con el nombre “Sharely”. No puedo evitar esbozar una sonrisa. Guardo el pedazo de papel dentro de mi maleta y me dirijo a un cubículo privado para vestirme. Nuevamente disfruto cada parte del proceso de ponerme el sujetador, las undies, las pantimedias, el vestido y el abrigo, al igual que los accesorios. Decido que ya no me maquillaré, pues ya no tengo pensado asistir a otro lugar después del gimnasio.

Antes de salir del lugar, noto que mi celular está vibrando, de modo que lo saco y contesto una llamada. Es papá, quien me pregunta a qué hora saldré para pasar por mí. Le digo que estoy a punto de hacerlo y queda de recogerme en quince minutos. Me dirijo a los sillones que están frente a la recepción del gimnasio a esperar. Tomo una revista de modas de la pila y comienzo a hojearla. Paso página tras página de maravillosos y caros atuendos y hago notas mentales de lo que más me gusta para tratar de replicarlo con las prendas de mi propio guardarropa. Me sorprendo pensando y actuando como si esta fantasía fuera a continuar más allá de hoy y siento una oleada repentina de tristeza. Levanto la mirada del papel y veo al mismo sujeto que estaba intentando ligarme, ahora charlando con una chica que está arriba de una caminadora. En los ojos de la mujer son evidentes las ganas que tiene de alejarse cuanto antes. Realmente ese sujeto es muy molesto. Abundan los hombres así, lamentablemente.

Mi padre al fin llega por mí y subo al auto, esta vez en el asiento del pasajero, lo cual me agrada, porque me siento muy cansada para conducir. Él me pregunta acerca de mi día y le cuento todo lo que sucedió. Me escucha con atención, verdaderamente interesado en mi historia. Es curioso; nuestra relación como padre e hijo es más fría y alejada. No nos llevamos mal y sé que me quiere, pero nunca hablamos más de lo necesario. No se mete conmigo ni yo con él. Simplemente convivimos a una distancia prudencial. Pero ahora, en este mundo paralelo, siento que el lazo que nos une es más fuerte. En mis adentros percibo un gran cariño fraternal por mi padre y me siento correspondida y protegida por él.

Cuando acabo de contarle acerca de lo vivido en este día, me sorprende diciendo

-¿A quién crees que me encontré afuera de la oficina?

Sin darme tiempo a responder me dice

-A Natalia

Me quedo como de piedra. Natalia es el nombre de mi exnovia, es decir, la exnovia de mi versión de hombre. ¿Será posible que en esta historia ella sea mi exnovia también? ¿O es solo mi mejor amiga? ¿O una compañera? Sin saber muy bien qué responder ante el comentario de mi papá, solo atino a expresar una frase neutral.

-¿Ah, sí? Y ¿qué te cuenta?

-Pues no platicamos mucho tiempo. Solo me dijo que ya también terminó su carrera y acaba de empezar sus prácticas en unas oficinas que están cerca de mi trabajo, así que supongo que me la toparé más seguido. Estuve a punto de ofrecerme a llevarla, pero no sabía si te molestarías.

-¿Por qué habría de molestarme? Somos amigas -digo, buscando tantear el terreno-.

-¡Qué bien! No sabía que seguían llevándose bien después de su ruptura, pero me da gusto que así sea.

Siento como si una cubeta de agua helada me hubiera caído encima. Soy una mujer a la que le atraen las mujeres, mi padre lo sabe, ¿y no tiene problema con ello? ¡Vaya! Me cuesta trabajo creer que, si mi versión masculina fuera homosexual, mi padre lo tomaría con la misma naturalidad y ligereza con la que lo hace ahora.

-Si, bueno, no somos las mejores amigas, pero no nos llevamos mal -miento, pues hace meses que no nos dirigimos la palabra-.

-Ya. Bueno, quizás las cosas se arreglen, ¿no?

-Si, tal vez -vuelvo a mentir, pues la verdad es que no tengo ninguna intención de retomar esa relación tan dañina-.

Los siguientes minutos transcurren en silencio hasta llegar a casa. Saludo a mi mamá de beso en la mejilla y repito la historia que le conté a papá, pero ahora con ella. Él le cuenta que se encontró a Natalia y ella también reacciona con naturalidad ante el hecho. ¡Esta versión de mis padres es de mente mucho más abierta que la otra!

Ante la desaprobación de mamá, me niego a cenar, pues estoy más cansada que hambrienta. Me retiro a mi cuarto y me enfundo otra de mis preciosas y sensuales pijamas satinadas. Cuando estoy a punto de apagar la lámpara de mi mesita de noche, veo dos pastillas sobre ella: una rosa y una azul. Al lado, una breve nota que indica que, de tomar la azul, volveré a mi vida de varón tal y como era antes, con la única salvedad de que jamás sentiré otra vez la necesidad de vestirme de mujer. Si, por el contrario, escojo tomar la rosa, seré para siempre una mujer. Nadie a mi alrededor recordará haberme conocido como hombre, pero yo sabré la verdad y no habrá vuelta atrás.

Si dudarlo un solo momento, tomo la píldora que deseo y me voy a dormir. La noche es tranquila y relajada. Al día siguiente despierto y me sorprendo al levantarme, muy feliz de haber tomado esta decisión.

Consejos para salir vestida de mujer

Artículo traducido del blog All About Crossdressing. Créditos a la autora original.

Para la mayoría de las feminófilas, salir a la calle transformadas es algo que desean experimentar en sus vidas. Pero muchas no se animan por temor de que no luzcan lo suficientemente femeninas como para pasar por mujeres y que la gente las mire, las señale o, aún peor, que les lancen comentarios ofensivos. En este artículo te ayudaremos a sobreponerte a tus miedos y a convertirte en una chica la confianza suficiente para salir travestida al mundo.

Esta última no es tarea sencilla. El hecho de que alguien se travista significa que el atuendo que usa no corresponde con el género con el que se le identifica, así que existe la posibilidad de que dicha persona sea ridiculizada o acosada si no se mezcla perfectamente con su entorno. En algunos lugares no hay problema de que alguien salga travestido en público, pero existen otros sitios en los cuales esto no se tolera. Debido a esto, siempre asegúrate de seguir las leyes y las costumbres de manera que evites problemas o situaciones desafortunadas. Es importante adquirir cierto nivel de confianza antes de decidirte a aparecer transformada en tu ser femenino en público. Rompe el miedo y enfócate en tener más confianza en tu persona.

A continuación, te presento algunos consejos relacionados.

1. Perfecciona tu apariencia y tus modales femeninos.

Esta es la cosa más importante para tener en cuenta antes de que des un paso en público. Primeramente, haz lo más que puedas para mejorar y realzar tu apariencia femenil. Tómate un tiempo para aprender cómo estilizarte de pies a cabeza y observar qué es lo que se te ve y te va mejor. Si sientes que no luces lo suficientemente convincente como mujer, al menos trata de verte lo mejor posible de acuerdo con tus posibilidades. Experimenta con distintos atuendos y estilos que te hagan ver más femenina.

Algo realmente importante es el maquillaje, que puede hacer maravillas por tu imagen femínea, pero necesitarás aplicarlo correctamente. Pon atención a los detalles mientras te lo estés poniendo y úsalo para neutralizar las características masculinas de tu rostro. El siguiente paso es escoger una peluca, pues resulta muy importante para tu imagen de chica. Busca una de buena calidad y que se vea natural y arréglala de una manera bonita.

Para aquellas que sienten que no se ven muy femeninas, pueden realzar su imagen utilizando modeladores corporales, como bustos de látex, fajas y almohadillas para caderas y nalgas. Estos productos realmente pueden ayudar a que tu cuerpo luzca más curvilíneo, así que, si realmente vas en serio en lucir como una chica, te recomiendo invertir en estos productos y comprar los de la mejor calidad que te puedas permitir. Además, deshazte de cualquier cantidad de vello que pueda verse expuesta durante el tiempo que pasarás en la calle. También trabaja en tus posturas femeninas y en tus gestos antes de animarte a salir.

2. Vístete de forma apropiada.

Siempre vístete dentro de los límites considerados aceptables. Haz lo mejor que puedas para seguir los códigos de vestimenta que hombres y mujeres a tu alrededor usualmente siguen. Utiliza prendas de la mejor calidad que puedas adquirir y trata de verte limpia, bien arreglada y fresca. Asimismo, asegúrate de que las ropas que usas te queden bien y que te sientas cómoda mientras las traes puestas. Vestirte acorde a la situación es clave para mimetizarte. Utiliza atuendos que concuerden con la ocasión o el evento. Si es la primera vez que sales, es mejor que tu vestimenta sea sencilla y dulce.

3. Escoge el momento y el lugar idóneos para salir.

Planea de antemano cómo quieres que sea tu tiempo en público. Decide si te va mejor salir en el día o en la noche. Sé cuidadosa al considerar los lugares y las actividades que realizarás. Siempre lleva dinero, llaves y celular en un lugar seguro y al alcance. Para tu primera vez escoge un lugar en el que no haya demasiada gente y que sea lo más seguro posible para ti. Puedes hacer una salida rápida al principio e ir aumentando gradualmente el tiempo que pasas en la calle.

4. Utiliza accesorios lindos.

Utilizar los accesorios apropiados puede hacer una gran diferencia al momento de mezclarte entre la multitud como una mujer más. Utiliza una bonita bolsa de mano, por ejemplo. Además, trata de llevar aretes, collares, pulseras o lo que sea que añada un toque delicado de feminidad. Rocíate algo de perfume y huele lindo antes de salir.

5. Camina como una dama.

Antes de ponerte los más hermosos tacones que encuentres, asegúrate de que puedes caminar con ellos. Si tus pasos se notan incómodos o exagerados lograrás atraer la atención no deseada y equivocada. Trata de relajarte y de no lucir rígida al caminar. Puedes utilizar zapatos de plataforma o sin tacón si no te sientes muy cómoda con otro tipo de calzado femenino. Siempre cuida tu postura cuando te encuentres en público.

6. Mantente relajada y con confianza.

Procura relajarte cuando estés en la calle. No te enfoques demasiado en cómo te ves, sino en estar disfrutando de un buen rato. No te la pases arreglándote o acomodando tu cabello o tus ropas una y otra vez. Simplemente saborea el momento. Si te pones muy nerviosa frente a otras personas, saca tu celular y finge que estás tomando fotografías o actúa ocupada mientras pasan. No te apresures ni actúes de manera incómoda.

7. Mantente alerta y preparada para lo inesperado.

Existen altas posibilidades de que lo que planeaste tome una dirección inesperada, así que, siempre prepárate lo mejor que puedas. Quizás tengas que hablar con alguien o te topes con algún conocido, así que es una buena idea tomar estas cosas en cuenta y planear cómo reaccionarás ante estas situaciones de emergencia.

También es posible que las personas a tu alrededor interactúen contigo, por lo que es aconsejable practicar la voz durante un tiempo antes de salir. Hablar suavemente y despacio puede ayudar. No trates de poner demasiado énfasis en tu voz y hacerla sonar aguda y chillona; más bien mantenla natural incluso si no es muy femenina.

Tips para mejores fotos, parte 1

¿Aburrida de salir siempre igual en las fotos? ¿Tu atuendo o tu maquillaje quedaron increíbles, pero tus poses no lo reflejan? No te preocupes, es algo que nos pasa a todas. No tener muy claro cómo posar es algo normal, pues la enorme mayoría de nosotras no hemos recibido clases de modelaje, en las cuales alguien con experiencia nos explique cómo pararnos o cómo destacar nuestros atributos. Es por eso que, a través de este video de Valeria Basurco les muestro algunas poses interesantes y sencillas que pueden practicar en su próxima sesión. ¡No olviden compartir sus resultados en los comentarios!

P.D. Esperen la segunda parte de esta serie, en la cual les traeré un video que nos enseña cómo jugar con la luz, ya sea natural o artificial, para que las fotos luzcan increíbles.

Metas cumplidas y por cumplir

Con el paso del tiempo he aprendido no solo a convivir con mi feminofilia, sino a amar cada detalle de ella. No únicamente me acepto como soy, sino que me amo como soy. Me gusta muchísimo tener este lado femenino tan desarrollado y, sinceramente, no soy capaz de imaginar cómo sería mi vida si no fuera feminófila.

Aunque llevo casi toda mi vida con el gusto por las prendas femeninas, ha sido hasta fechas relativamente recientes que he podido disfrutarlo más a mis anchas. Por años estuve confinada, como creo que la mayoría de nosotras, a la soledad y clandestinidad de mi habitación, limitada por las pocas prendas que tomaba del armario de mi mamá o que podía comprar y esconder con seguridad. Pero, con la llegada de la vida adulta, hoy cuento con un espacio propio en donde Nadia puede expresarse con mayor frecuencia y total libertad.

Gracias a esta circunstancia es que he podido llevar a cabo cosas que había tenido ganas de hacer desde muy pequeña, y ya las he tachado de mi lista de pendientes. Algunas de ellas, honestamente jamás me creí capaz de hacerlas, pues pensaba que estaban reservadas para personas más audaces que yo. Eso me ayudó a darme cuenta de que soy más valiente de lo que yo misma creía.

Lo primero que me viene a la mente, es haberle confesado mi travestismo a alguien. Y es que, durante mis primeros años, cuando todavía no entendía muy bien de qué iba todo esto, estaba segura de que era un secreto que se iría conmigo a la tumba. Ni siquiera era capaz de imaginar cómo podía contárselo a alguien. Sin embargo, hoy en día que ya lo entiendo mejor, y aprovechando el cambio en la mentalidad de las generaciones actuales, las personas que más me importan en la vida ya lo saben. Y no porque se hayan enterado por casualidad, sino porque yo misma se los he dicho. Hay quienes lo aceptan y quienes no tanto, pero ya no me avergüenzo ni me escondo de ser lo que soy.

No solo eso, sino que también he dejado de preocuparme de que alguien lo descubra. Mi feminofilia no es algo que vaya anunciándole a todo el mundo, y no por pena ni el qué dirán, sino porque no todas las personas son lo suficientemente importantes como para que les cuente acerca de mi vida. No obstante, si llegaran a enterarse, sea porque alguien que sí lo sabe se los comente, o quizás porque por casualidad vean mis videos o encuentren mi perfil de Facebook, ya no sería el fin de mi mundo, como lo pensaba antes. Tengo derecho a ser como soy y lo que otros opinen de mí es problema de ellos, no mío.

Con mis papás el tema sí que fue un poco distinto, ya a ellos no fui yo quien se los dijo. Supongo que ya lo sospechaban, derivado de las ocasiones en las que me sorprendieron en flagrancia con ropa de mujer, pero pensaban que había sido solo una etapa durante mi niñez. Hace un par de años se enteraron, por un descuido mío, de que lo sigo haciendo y no lo tomaron mal. Entendieron que es mi forma de ser y que nada pueden ni puedo hacer para cambiarla. Mi papá se mantiene con reservas al respecto y nunca menciona el tema, pero mi mamá sí que es más partícipe. Cuando me tomo fotos transformada, le muestro las que más me gustan y me da su opinión (a veces, demasiado sincera) e, incluso, ha llegado a llamarme hija y referirse a mí en femenino. Es una sensación única que jamás pensé que llegaría a experimentar.

Parte de la misma inercia de aceptar quién soy y que no me dé pena lo que digan los demás me ayudó para animarme a agendar una cita para hacerme una pedicura. Es de esas pequeñas metas cumplidas que, tal vez para alguien externo no signifique mucho, pero que a mí me llenó de alegría y satisfacción. Por mucho tiempo deseé ver las uñas de mis pies lindas, arregladas y femeninas. Dado que yo no sé hacerlo, la única forma era acudir con una profesional, pero no me atrevía y ese objetivo parecía inalcanzable. En una ocasión, después de un suceso que me puso triste, decidí hacer algo que me levantara el ánimo y junté el valor necesario para agendar la cita en un salón de belleza. Ya estando ahí, la chica que me atendió me hizo sentir en confianza y todo fluyó con naturalidad. Salí del lugar encantada y con mis pies luciendo mejor que nunca. Definitivamente fue una gran experiencia. Había otros clientes en el lugar, tanto mujeres como hombres. Algunos me miraban con extrañeza, pero nadie me dijo nada ni me prestaron su atención por mucho tiempo, lo cual me tranquilizó bastante y es algo que pienso repetir pronto.

Otro hito lo rompí una noche en la que decidí salir de mi encierro de cuatro paredes y mostrarle al mundo mi lado femenino. Bueno, no al mundo, pero sí a la sociedad de mi entorno. Me costó un poco encontrar algo en mi guardarropa que no llamara demasiado la atención. Y es que, en mi afán por lucir como la mujer que soy en mi mente, la mayoría de mi ropa son vestidos y faldas que combino con zapatos de tacón alto. Pero para esa oportunidad quería algo más casual. Por fin encontré unos jeans que servirían para la ocasión y los combiné con una blusa y un abrigo cero reveladores. Fui en modo Nadia a una plaza comercial a retirar dinero del cajero automático. Después de eso, acudí por una pizza y de regreso a casa. Una salida corta, pero que rompió un paradigma que yo misma había ido construyendo durante un largo tiempo.

Lo más reciente que he hecho en este sentido es probarme ropa de mujer en una tienda. Ocurrió en una sucursal de Forever 21. Desde tiempo atrás traía la espinita de hacer tal cosa. Había leído historias de otras chicas feminófilas en las que platicaban que se habían atrevido a hacerlo. Y es que resulta engorroso acudir a comprar algo y tener que adivinar si te quedará o no tan solo viéndolo. ¡Cuánto dinero he malgastado comprando prendas que no me quedan y de las que luego tengo que deshacerme! Un día antes había ido a comprar una falda y, al llegar a mi casa y ponérmela, descubrí que me quedaba muy justa. Fui a hacer el cambio y, con un poco de nerviosismo, le pregunté al vendedor si podía probármela, aunque fuera una prenda de mujer. Mi pregunta pareció desconcertarlo y respondió

-Claro, ¿por qué no podrías hacerlo?

Así que gustosa me metí al probador. No solo eso, sino que, al salir, me preguntó cuáles eran mis gustos y me sugirió un par de prendas más que acabaron fascinándome y también las compré. ¡Sin duda ese vendedor supo hacer su trabajo!

Estas son las metas que he podido realizar, pero en mi lista todavía quedan unas pendientes. Entre otras, están:

  • Hacerme una perforación en el ombligo
  • Ir a cenar o al cine vestida de mujer
  • Hacerme una manicura
  • Hacerme un tatuaje femenino
  • Vestirme de novia con un vestido hecho a medida
  • Tener una sesión de fotos profesional
  • Tener una sesión de maquillaje profesional
  • Depilación láser en todo el cuerpo

Veremos si algunos de estos puntos entran en mi lista de objetivos para el 2023.

¡Cuéntenme ustedes qué han logrado y los sueños que les falten por cumplir!

Soy mujer por un día, parte 6

Todas se acercan a abrazarme y algunas gritan de la emoción. Sentir el tacto de sus abrazos a través de la fina textura del vestido es algo que me vuelve loca. Es como si, de repente, fuera consciente de cada centímetro cuadrado de mi piel. Nos separamos y una a una comienzan a correr hacia los probadores para ponerse su propio vestido. Cuando Pame y yo quedamos a solas brevemente, me pregunta algo que me deja desconcertada

-¿Qué tal, Nadia? ¿Disfrutando tu día como mujer?

La perplejidad que inunda mis procesos cognitivos debe ser palpable en mi expresión facial, pues, aunque soy incapaz de articular palabra, ella reacciona como su hubiera respondido a su pregunta.

-No sé a que santa le rezas, amiga -me dice-, pero se te concedió este deseo de vivir la vida de una mujer por un día. ¡Es muy real! Y lo que sea que hagas como chica, tendrá repercusiones cuando regreses a tu vida de chico, ¡así que ten eso en mente!

-Pero ¿cómo es posible que tú lo sepas? -digo por fin llena de asombro-.

-No sabría explicártelo, tan solo sé que la noción apareció de pronto en mi cabeza y todo tuvo sentido. Pero no te preocupes, no lo comentaré con nadie.

-Gracias -le respondo en agradecimiento a su complicidad.

Las otras damas comienzan a salir de los probadores y, al igual que yo, también lucen espectaculares en sus respectivos vestidos. Una vez que todas se reúnen con nosotras fuera de los probadores, un éxtasis nos invade a todas y no podemos evitar juntarnos y gritar de la emoción. Nos tomamos algunas fotos, tanto solas como en grupo y yo me siento parte de algo muy especial, de una comunidad femenina. Al menos por hoy no soy un hombre vestido de chica en la soledad de su habitación. Hoy me encuentro conviviendo con amigas, para quienes siempre he sido mujer y con las que intercambio una energía que es distintivamente femínea. Me fascina. No quiero que este día termine jamás.

Nos despojamos de los vestidos y nos cambiamos para despedirnos y continuar con nuestras pertinentes actividades. Antes de marcharnos, Rosario nos recuerda a todas que la siguiente semana nos toca la prueba de maquillaje. En mi interior siento tristeza, porque me encantaría asistir, pero para entonces mi ser femenino ya no existirá. Resignada, pido un taxi de aplicación para dirigirme al gimnasio, al que llego luego de media hora.

Instintivamente entro a los vestidores de mujeres, como no podía ser de otra forma, ya que parece que mi cuerpo está programado para pensar y actuar como mujer. Saco una maleta de un casillero con la expectación de mirar qué clase de outfit deportivo estará ahí esperándome. ¡No me decepciona para nada! Se trata de unos leggins de licra de color gris oscuro de Victoria Sport que tienen transparencias a la altura de los muslos y se ajustan como un guante a mi curvilínea figura. Me enloquece especialmente el detalle de la forma que se dibuja entre mis piernas, a la altura de mi pubis: completamente plano, como mil veces me imaginé ver esa zona en mis fantasías.

Para la parte de arriba me coloco un bra deportivo de Reebok en color negro con un escote que permite intuir lo desarrollado de mi busto, pero sin revelar nada más allá de lo decente. Descubro con sorpresa que hay algo más dentro de la maleta, ¡y se trata de unos guantes de box! ¡Vaya! Parece que soy una chica ruda, y no puedo evitar sonreír al pensar que, como varón, siempre le he tenido desconfianza a los deportes de contacto, pero todo indica que como mujer soy más segura de mí misma en muchos aspectos. Antes de ponerme los guantes, me recojo el pelo en una coleta y me doy cuenta de la naturalidad con la que hago tal cosa. Siempre me había causado curiosidad cómo las chicas son capaces de hacerse diversos peinados sin la necesidad de verse en un espejo, así que gratamente sonrío orgullosa porque yo también lo estoy haciendo ahora. Dejo dos mechones fuera de la coleta para que enmarquen mi delicado rostro y verme, según yo, más atractiva. Por último, me coloco los tenis y estoy lista para salir a ejercitarme.

Me dirijo hacia la salida de los vestidores y paso al lado de otras chicas que también están cambiándose. En ese momento me doy cuenta de que conservo mi atracción física por las mujeres, pues no puedo dejar de mirar a algunas de las ahí presentes. Aunque mis miradas son más discretas que las de los caballeros, no pasan desapercibidas para un par de compañeras de ejercicio, quienes me voltean a ver y me la sostienen sonriendo tímidamente. Una de ellas rompe el silencio y me dice

-¡Hola!

Pero yo me alejo sin contestarle y sin quitarle la mirada de encima, tan solo sonriendo coquetamente hasta que salgo del vestidor.

Me dirijo al área de boxeo, en donde hay un solo costal libre, pues todos los demás están ocupados por otros boxeadores. Con cierta alerta reparo en que soy la única mujer en esa sala, y me encuentro rodeada de cuatro hombres. Dos de ellos son atléticos y con sus músculos bien marcados; uno es más bien rellenito, pero con brazos anchos y fuertes y otro es principiante, y se nota que está ahí con el afán de comenzar a ganar masa muscular. Los cuatro se percatan de mi presencia y yo me pongo nerviosa. Es la primera vez que me encuentro rodeada de hombres y sin ninguna mujer en las cercanías. Ninguno me hace comentario alguno, pero percibo que me miran insistentemente mientras me vendo las manos y me coloco los guantes. Me arrepiento un poco de lo ajustado de mi atuendo deportivo.

Comienzo a hacer estiramientos mientras el ambiente se vuelve cada vez más tenso en esa sala. Mentalmente ruego porque otra mujer se acerque a nosotros, pero sé que eso no pasará, pues no quedan costales libres. Tratando de ignorar las miradas, que no son nada discretas, comienzo a golpear el bulto con toda la fuerza que puedo, en un intento de demostrar que meterse conmigo sería una mala idea. Aunque, sinceramente, no sé a quién trato de asustar, pues mi fuerza física nunca se igualará a la de un hombre.

Por el rabillo del ojo capto que uno de los chicos atléticos ha dejado de entrenar para centrar toda su atención en mí. Me siento realmente incómoda, pero trato de concentrarme en mi propia actividad. Rápidamente comienzo a transpirar, pero me doy cuenta de que incluso mi sudor como mujer es diferente al de hombre. No sé cómo explicarlo, pero es como más liviano, como que fluye con más facilidad, además de que causa menor repulsión al olfato. Una lámina de transpiración cubre mi abdomen plano, que está descubierto, y ello me da un aire más intenso de sensualidad. El sujeto que interrumpió su entrenamiento para mirarme se acerca por mi derecha, así que me giro para darle la espalda y transmitirle que no estoy interesada en comenzar una conversación con él. Pasa de largo hacia una mesa en donde tiene su botella de agua y, después de beber, se arroja un chorro en la cara y en el cabello. Algo del líquido cae en su playera, así que toma el pretexto para quitársela y lucir sus musculosos pectorales y abdomen. Resulta patético, pero me sirve para confirmar, una vez más, que no siento atracción alguna por los varones. Lo mío son las chicas, y hago una nota mental para buscar más tarde a la que vi en los vestidores y, quizás, invitarla a tomar un café al terminar nuestra rutina.

Maquillaje: cómo usar las brochas

Nunca me cansaré de decir que el mundo del maquillaje es un agujero sin fondo. Cuando piensas que estás aprendiendo, descubres nuevas técnicas o nuevos productos que te hacen ver que el camino que te queda por recorrer sigue siendo muy largo. Un elemento que me ha llamado la atención aprender a utilizar son las brochas, pero hay tanta variedad de formas y tamaños que me daba miedo el solo hecho de comenzar.

Sin embargo, acudí al siempre todopoderoso YouTube para buscar tutoriales y encontré este de Mónica LLaca que me gustó mucho, porque está muy bien explicado y se centra en las brochas esenciales que generalmente incluyen los kits de precios accesibles en tiendas de cosméticos. El video sí que habla de algunas marcas, pero se pueden sustituir sin problema por algo más económico. Espero les sea de mucha utilidad para dar un paso más en este maravilloso mundo.