Autoginefilia, o excitarse por la propia imagen femenina

¿Alguna vez han escuchado el término “autoginefilia”?

Si es que no, ¿a qué les suena? Básicamente está formado por tres vocablos griegos: auto, que significa a uno mismo/una misma; gine, que viene de mujer; y filia que viene de gusto o atracción. Uniendo los tres, sería algo así como el gusto o la atracción que siente un individuo por sí mismo cuando está caracterizado como mujer. ¿Ya les suena más?

El concepto fue propuesto por vez primera a finales de la década de los ochenta por el psicólogo canadiense Ray Blanchard, en un intento de explicar las motivaciones que llevan a un varón a convertirse en mujer. Es una teoría por demás controvertida y que, actualmente, no goza de mucha aceptación entre la comunidad académica ni entre la comunidad transexual, pues se considera sexista. Sin embargo, es un término que, frecuentemente, suele enarbolar las banderas de los colectivos feministas radicales, pues encuentran en la autoginefilia la razón perfecta para argumentar que las mujeres trans no son mujeres, y, por lo tanto, no se les deberían dar los derechos que ellas buscan obtener.

Les confieso que carezco por completo de los conocimientos psicológicos necesarios para omitir una opinión al respecto, pero creo que tengo las habilidades requeridas para abordar el tema desde el punto de vista práctico. La primera cuestión que yo planteo es ¿existe realmente la autoginefilia? Y mi respuesta es que sí. Al menos, en el sentido literal de la palabra. Y lo digo con conocimiento de causa, porque yo la he vivido. En multitud de ocasiones me ha sucedido que, terminando mi transformación y viéndome al espejo convertida en mi representante femenina, experimento una excitación sexual por mí misma. O, lo que es lo mismo, me atraigo como mujer. Eso me lleva a tomarme gran cantidad de fotografías, pues quiero dejar una constancia de ese momento en el que me gustó cómo me arreglé.

Pienso que esto es normal hasta cierto punto, pues me parece comprensible que las travestis tratemos de encajar, como mujeres, en el estándar de belleza que nosotras mismas tenemos. Si vamos caminando por la calle y, de repente, vemos a una mujer que nos atrae, porque encaja en nuestro concepto de belleza, es muy probable que observemos no solo su belleza física, sino también su atuendo, y tomemos notas mentales para tratar de replicarlo en nuestra próxima sesión de transformación. De alguna manera en nuestra psique se guardan estas notas y, debido a ello, cuando dejamos salir a nuestro lado femenino estaremos tratando de imitar a las mujeres que nos han gustado en el transcurso de nuestra existencia.

Resulta entonces natural que, al mirarnos al espejo, desarrollemos cierta excitación sexual por lo que estamos viendo, que nos guste y nos excite nuestra propia imagen femenina, entrando así entonces en los terrenos de la autoginefilia. Tema aparte será si realmente es esta la que lleva a alguien a adoptar un rol femenino ante la sociedad permanentemente, o no, ya que es esta la base de la mayor discusión respecto del fenómeno. Es una cuestión que no me corresponde analizar y que está fuera de los límites de mi conocimiento y de la temática de este espacio, así que se la dejo a los profesionales de la materia.

Mi única intención es hacerles saber a ustedes, amigas feminófilas, que existe un nombre para lo que, estoy segura, nos ocurre a muchas de nosotras al travestirnos… ¿o no? ¡Compártanme su opinión en los comentarios! Les dejo un par de recursos al respecto para que se formen su propia opinión.

Autoginefilia: qué es y por qué no se considera una parafilia.

Travestismo autoginéfilo

Autoginefilia en la Wikipedia

2 thoughts on “Autoginefilia, o excitarse por la propia imagen femenina

  1. Justo es lo que me pasa, estoy enamorado de mi alter ego femenino, me imagino poseyendola y eso me excita demasiado, es algo que no sabia que existia como tal, me parece genial el tema…no busco ni mujeres ni hombres, me busco a mi mismo en mi lado femenino y eso explota en mi cabeza

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  2. Hola NADIA M, placer saludarte. Efectivamente puedo reconocer en mi propio mundo sensorial lo que bien describes, asimismo percibo que -al menos en lo que respecta a mí- no se produce la excitación sexual sino sólo el inmenso gusto de verme mujer. Creo haber podido hacer la distinción de lo sentido de manera clara y concisa.
    Una vez más, agradeciéndote este espacio, te abrazo con todo cariño y respeto

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