Relato: primera vez vistiendo de mujer

Carlos abrió los ojos poco a poco. Mientras recobraba la conciencia comprendió que se quedó dormido en el sofá de la sala mirando la televisión, misma que seguía encendida sintonizando el canal de videos MTV mostrando el video de la canción Last Resort de Papa Roach. Instintivamente miró hacia la ventana para tratar de discernir qué hora era. A través de ella captó los últimos atisbos de los rayos de sol que escapaban por el horizonte, así que asumió que eran aproximadamente las ocho de la noche.

Después de emitir un sonoro bostezo y estirar los brazos, se levantó descalzo del sillón y caminó hacia la cocina, que encontró vacía.

-¿Ma? -Gritó, tratando de localizar a su mamá, pero sin obtener respuesta.

Abrió el refrigerador y tomó un yogurt bebible para calmar su incipiente hambre; se dirigió hacia la planta alta de la casa. En ese momento cayó en la cuenta de que era jueves, así que su familia debió haber ido al templo para rezar el rosario. Él también suele ir, pero, al verlo dormir tan plácidamente después de un agotador día de escuela, Mariana, su mamá, decidió dejarlo descansar en casa.

-¿Pa? ¿Kari? ¿Alan? -Gritó una vez más, solo para confirmar que efectivamente su familia se fue sin él.

Había sido una semana pesada. El final de curso del cuarto semestre de preparatoria se acercaba, así que había estado desvelándose haciendo tareas, proyectos finales y estudiando para sus exámenes. Ser el mejor del curso significa sacrificar horas de sueño, pero valía la pena cuando veía la alegría de sus padres al recibir la boleta de calificaciones.

Con desgano subió uno a uno los escalones que lo conducían a la parte de arriba de su hogar, arrastrando los pies y ensuciando sus calcetas, cosa por la que tuvo la certeza de que su madre lo reprendería luego, pero, de momento, no le prestó demasiada atención a ese hecho. De camino a su habitación, esa que comparte con su hermano Alan, dos años mayor que él, pasó por fuera del cuarto de sus papás sin voltear hacia adentro. La siguiente puerta era la de su hermana Karina. Ella es la mayor de los tres; tiene veintidós años y está estudiando la universidad.

Se detuvo justo afuera de la habitación de su hermana para volver a bostezar y a estirarse. En medio de este acto, volteó la vista hacia los aposentos de Karina y vio algo que llamó su atención: su discman. Ella se lo pidió prestado unos días atrás para escuchar el regalo que su novio le dio con motivo de su primer aniversario: el CD más reciente de Westlife, de quien ella era muy fanática y así lo evidenciaban sus paredes, que estaban decoradas con sendos pósteres y afiches de todos los integrantes, tanto juntos como por separado. El hallazgo le llamó la atención porque durante el desayuno Carlos le pidió a su hermana que le regresara el aparato, a lo que ella argumentó que no lo tenía, ya que lo había dejado en su casillero.

Nunca le había gustado entrar a la habitación de su hermana, y mucho menos a hurtadillas. Le gustaba respetar los espacios personales, así como le gustaba que respetaran los suyos, pero al recordar la mentira patente de su hermana decidió recuperar su posesión para echárselo en cara durante la cena. Sin pensarlo demasiado, se dirigió hacia el interior del cuarto. El espacio lucía descuidado: la cama destendida; el escritorio atiborrado de libros, hojas, lápices, bolígrafos, notas adhesivas y cuadernos; el buró tenía la lámpara de noche tirada y una taza de café a la mitad amenazaba con caer por el borde; el clóset era un revoltijo de ropa tanto limpia como sucia que se extendía hasta el suelo alfombrado. Fue en este instante cuando la vida de Carlos cambiaría para siempre.

Tirada en el suelo, inmóvil, inerte, desprovista de todo propósito, yacía una blusa de color morado. Llamó poderosamente su atención debido a que se asemejaba muchísimo a una que Britney Spears traía puesta en una imagen que decoraba la cabecera de su cama. Así como su hermana admiraba a Westlife, él hacía lo propio con Britney. Tenía todos sus CDs. Sus libretas estaban forradas con fotos de la cantante. Su mitad correspondiente de la habitación estaba densamente decorad con imágenes de ella, y esa fue la razón por la que asoció esa prenda con su admirada cantante. Se acercó para levantarla e inspeccionarla más de cerca. Este primer contacto fue mágico y algo despertó dentro de su ser. Sintió la suavidad de la blusa en sus manos. La prenda en cuestión no solo se parecía a la de Britney, sino que era una copia bastante fiel. Cosa rara, pues nunca había visto a su hermana con ese atuendo.

La tomó con las dos manos y extendió frente a sus ojos. En ese momento sintió algo que no se esperaba en absoluto: una erección comenzaba a formarse en su entrepierna, hecho que lo sorprendió. Ahí perdió el control de sus pensamientos, movimientos y deseos. Como hipnotizado por la visión ante sus ojos y con una amplia sonrisa dibujada en su juvenil e imberbe rostro, se despojó de la camisa blanca del uniforme de su escuela. Nunca antes se había percatado de la aspereza de su ropa, pero, después de compararla con la suavidad de la blusa de su hermana, le pareció inaguantable. Ahí estaba Carlos con el torso desnudo. Sin ponerse a pensarlo demasiado, procedió entonces a colocarse la blusa morada.

Todos los átomos de su ser eran conscientes de la textura de la tela, cosa que no hizo más que acrecentar su erección. Algo en su fuero interno se acomodó e hizo clic. Fue como colocar la pieza final de un rompecabezas. Se sintió no solo normal, sino completo. Encontró, sin querer, algo que ni siquiera sabía que le hacía falta, pero sin lo que jamás podía volver a vivir. La blusa tenía una sola manga y una abertura para lucir el ombligo. Carlos tenía una complexión delgada pero atlética gracias a su participación regular en el equipo de básquetbol en su escuela, y la prenda le quedó como anillo al dedo. Se sentía acariciado, abrazado por esa blusa.

Inevitablemente se dirigió hacia el espejo de cuerpo completo que había en la habitación. El reflejo que este le devolvió no era el suyo, era el de Britney Spears. Solo que ella no solía utilizar aburridos pantalones de vestir azul marino con raya. No. Así que caminó de nuevo hacia el mágico lugar en donde había hecho su maravilloso hallazgo en busca de algo con qué complementar el atuendo. Lo supo en cuanto lo vio: un pantalón de mezclilla blanco ajustado. Lo tomó y rápidamente se lo puso. Descubrió con asombro y emoción que compartía la talla con su hermana. Volvió al espejo y se contempló maravillado. El ajuste de los jeans provocaba que se dibujara una sensual curva en la zona de sus nalgas, y sus piernas de adivinaban torneadas y gruesas. No podía describir la agradable sensación de la que era preso en ese momento. Emoción, excitación y euforia se mezclaban en sus adentros y las manos y las piernas le temblaban a causa de ello.

Decidió recorrer toda la casa así vestido, caminando con paso decidido pero delicado, tal como había visto a Britney hacer en las alfombras rojas. A cada paso que daba sentía que esa era su verdadera esencia, además de que le encantaba sentir la caricia del aire en su abdomen descubierto. Miró el reloj de la cocina justo a tiempo para darse cuenta de que su familia no tardaría en regresar. Subió rápido al cuarto de su hermana para retirarse las ropas y volver a colocarse su aburrido uniforme, pero, justo cuando se disponía a salir de la habitación dirigió una última mirada a la blusa. La vio ahí sola, abandonada a su suerte y no se lo pudo permitir. La tomó de nuevo y la llevó a su propio habitáculo, en donde la escondió bajo el colchón. No lo sabía en ese momento, pero su mujer interior había despertado para nunca más abandonarlo. Había nacido un travesti.

El discman se quedó en el mismo lugar en donde lo había encontrado.

2 thoughts on “Relato: primera vez vistiendo de mujer

  1. Este relato me recuerda a mi primera vez usando una prenda femenina, era un suéter rosa de mi madre yo tenia 3 años aproximadamente pero lo recuerdo perfectamente lo vi ahi reposando en la cama y algo dentro de mi me decía que tenia que probármelo y cuando o hice me sentía como si estuviera haciendo una travesura, una sensación de adrenalina y felicidad por portar algo femenino y ahi aun no lo sabia pero fue el nacimiento de mi lado femenino.

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  2. Mi primera experiencia fue con unas botas de cuero altas de tacón muy alto que eran de mi tía, cuando tenia 6 años me las ponia y me encataba, luego a mis 10 años en mi casa hospedaban estudiantes y la mayoria eran chicas lindas, durante las vacaciones me metia a escondidas a su cuarto y me vestia con la ropa que tenian, desde lenceria, tacones, faldas, vestidos, etc, realmente era muy excitante cuando vestido con un babydoll, medias, ligero y unos hermosos stilletos negros, me vino mi primer eyaculación.
    Hoy tengo 34 años, vivo solo compro mi ropa, y todos los dias me visto de mujer estando en casa, es lo maximo ser feminofio

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