La inspiración de ser mujer

Quienes nos vestimos como mujer con regularidad sabemos que las ganas por transformarse no son permanentes. Como podemos pasar días o semanas enteras con esas ganas dominantes por llegar a casa y despojarnos de la indumentaria cotidiana para enfundarnos en el suave abrazo del satín o la seda, asimismo pueden transcurrir semanas o meses sin que nos apetezca portar ninguna prenda o accesorio. Pero ¿alguna vez has identificado lo que hace que las ganas lleguen de repente y pongan fin a los períodos de sequía?

Siempre hay un disparador que activa la mecha. En mi caso, suelen ser varias cosas; algunas de ellas, inesperadas. No obstante, la más común tiende a ser el avistamiento de un atuendo que me provoca imaginarme portándolo y entonces, una vez que me encuentro a solas, comienza el ritual de transformación de mi ser masculino en Nadia, tratando de imitar con mis propias prendas ese outfit que antes vi. Y no necesariamente tiene que ser una mujer quien lo traiga puesto, pues, muchas veces, basta con verlo exhibido en un maniquí en algún aparador. Claro que observarlo en movimiento representa un plus, pues si es una persona quien lo está utilizando es posible admirarlo desde varios ángulos, además de apreciar detalles que un aparador deja ocultos.

Las redes sociales también ocupan un lugar muy importante en este sentido, pues a través de páginas, grupos o aplicaciones tenemos acceso a una enorme base de datos de fotografías y videos de prendas, atuendos, combinaciones, maquillaje y accesorios, que no solo nos dan ideas para nuestras propias transformaciones, sino que logran encender la llama femenina cuando esta se encuentra en momentáneo reposo. Otras fuentes de feminidad, en mi particular situación, son las series y películas. Generalmente las actrices que interpretan algún papel están vestidas de manera impecable con preciosos vestidos o trajes formales e, incluso, vestimentas de otra época que no podíamos apreciar en alguna otra parte. Mis favoritas en este sentido: Game of Thrones y Reign. Me encantaría entrar en el papel de alguno de los personajes de estas historias y aparentar ser una reina, una princesa o una khaleesi.

Ni qué decir de los videos musicales o de conciertos en vivo de cantantes, sobre todo de Pop. Los atuendos de estas chicas van desde vestidos ultra elegantes y sofisticados como los de Celine Dion, hasta otros mucho más casuales, pero no por ello menos sensuales, como los de Ariana Grande, Dua Lipa, Taylor Swift, Selena Gomez y una larga lista de estrellas musicales femeninas. Además de sus vestimentas, sus peinados y maquillajes complementan de manera ideal la fantasía de vestir como una de ellas.

Volviendo al mundo real, les platico que recientemente tuve la oportunidad de acudir a una ceremonia de graduación de una conocida universidad. Se realizó de manera presencial por primera vez desde el inicio de la pandemia, así que había en el aire un sentimiento especial de festejo, tanto por la ocasión como por tener de regreso un pedacito de nuestra antigua normalidad. En la invitación a la celebración se especificaba que la vestimenta debía ser formal, así que yo, siendo hombre en mi vida cotidiana y atravesando un período de sequía femenina, acudí con traje y corbata. Sabía de antemano que la enorme mayoría de las graduadas asistirían al evento haciendo gala de sus mejores atuendos y maquillajes perfectos, pero aun así no estaba del todo preparada para lo que me tocó presenciar.

De pronto me encontré rodeada de vestidos de todos los tipos, texturas y colores; zapatos de tacón cerrados, abiertos, con y sin plataformas; pantimedias naturales y oscuras, peinados en estilos tanto sueltos como recogidos; maquillajes discretos y llamativos; y mucha, pero mucha feminidad. La mayoría de los estudiantes que se graduaban eran mujeres, así que a cualquier lado que volteara veía alguna prenda que capturaba mi atención y disparaba mi imaginación, situándome como la protagonista de esa noche y utilizando lo que más me iba gustando de lo que mi vista estaba registrando. Me situé mentalmente en el centro de la fotografía de generación siendo una mujer y sin que mis compañeros me miraran raro, pues para ellos yo era y siempre había sido su compañera. Imaginé a mis familiares compartiendo ese momento conmigo y orgullosos de mí. Y yo, sonriendo con genuina felicidad, contenta de alcanzar una meta más en mi vida.

De repente salí de mi fantasía y comencé a prestar atención a quienes de verdad se estaban graduando y se acomodaban por estaturas para que les tomaran la célebre fotografía. Como ya dije, las chicas hacían gala de un abanico muy extenso de colores, texturas y estilos. Los caballeros, por el otro lado, parecían sacados de un molde. Todos en trajes grises, azules o negros con cortes idénticos. Las camisas tampoco ofrecían mucha variedad, y se apreciaban en tonos blancos, negros, azules, verdes o violetas. Las corbatas eran las que dejaban ver una mayor diversidad, pero, por lo demás se puede decir que todos iban vestidos igual.

Eso me hizo pensar en una razón más por la que amo ser travesti, pues de esa manera he expandido las opciones que tengo en cuanto a vestimenta se refiere. Y, aunque no me he atrevido mucho a portar dichas prendas en público, me deleito cuando llega la hora de adquirir vestimenta femenina, pues las opciones son infinitas y puedo sacar mi lado más creativo y así conseguir una vestimenta que sea completamente personalizada y salga del limitado catálogo de ropa para hombre.

Ese evento me sacó de la sequía y de nuevo regresaron a mí las ganas por ser Nadia, mismas que estaré saciando próximamente, en cuanto tenga la oportunidad de hacerlo.

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