El vestido que me motivó a ir más allá

Hoy simplemente quiero compartirles una anécdota que, quizás pueda no parecer muy relevante, pero que recuerdo por lo que en su momento significó para mí. Algunos años atrás mis gustos musicales eran muy centrados en torno al Rock y sus derivados, y muy rara vez me permitía escuchar algo que estuviera fuera de esas fronteras. Pero, gracias a mi lado femenino, expandí mis horizontes y fui acercándome a los terrenos del Pop, generalmente dominado por cantantes mujeres y que suelen ser superestrellas, como, en aquellos tiempos, Britney Spears, Christina Aguilera, Avril Lavigne, Sophie Ellis-Bextor, entre otras.

Explorando artistas, el camino musical me llevó a descubrir eventualmente a Selena Gomez y Demi Lovato. Con esta última quedé maravillada, pues recuerdo que me gustaba bastante físicamente por aquella época. Un día en que no tenía mucho qué hacer y me encontraba vagando por una tienda de música encontré un CD de ella titulado Here We Go Again y su portada me cautivó, pues, en mi opinión, lucía muy femenina; su peinado, su maquillaje, pero, sobre todo, su vestido, me fascinaron y basada únicamente en eso adquirí el álbum y me fui muy contenta a mi casa.

Nada más llegar, lo abrí y lo inserté en el reproductor para escucharlo. Sí, tenía un par de temas pegajosos, pero nada especialmente sobresaliente. Por otro lado, el arte del disco era un caso aparte, pues el booklet contenía más fotografías con el mismo vestido que ilustraba la portada e, incluso, venía con un póster de regalo con ese vestuario que tanto me había gustado. Fue una grata sorpresa, y por supuesto que ese afiche lo pegué en la pared de mi habitación junto a otros que tenía de Avril y Katy Perry.

Algunas semanas después me encontraba corriendo en el parque. En esa etapa de mi vida me estaba preparando para presentar el examen de ingreso a la Universidad y mis clases eran vespertinas, por lo que todas las mañanas me levantaba temprano para hacer ejercicio. La pista de atletismo dentro del parque público tenía la ventaja de medir 1 km de largo, por lo que el número de vueltas se correspondía exactamente con la distancia recorrida. Mi récord personal constaba de dar tres vueltas seguidas trotando, luego dos caminando y al final otras tres trotando, para sumar un total de 8 km. Pero yo quería más. En mi mente vivía la idea de participar en una carrera 5k, así que eso era lo mínimo que debería aguantar de corridito.

Iba ya por la tercera vuelta corriendo cuando me propuse dar una más y así acercarme al objetivo fijado por mí misma. A la mitad de esta cuarta vuelta mis piernas comenzaron a resentir el esfuerzo y amenazaban con flaquear, pero no me detuve. Por alguna razón que al día de hoy sigo sin comprender, en mi mente se materializó la imagen del vestido de Demi Lovato, y me ayudó muchísimo a motivarme para vencer la idea de detenerme a descansar. Me visualicé portando la prenda y me dije:

“Tienes que continuar si quieres bajar de peso y entrar en ese vestido. Sigue corriendo. No te detengas. Esa será tu recompensa”

Y así fue. Mi meta cambió por completo. Ya no me interesaba aumentar mi condición física para lograr correr un 5k, sino que ahora mi objetivo era bajar de peso lo necesario para verme increíble portando ese atuendo negro con rosa, y mi cuerpo respondió de maravilla ante tal imagen. Estaba realmente enfocada en ello y no dudé en hacer lo que en ese momento era preciso para conseguirlo. Fue como si todos mis músculos se hubieran puesto a trabajar por un fin común, un fin que les gustaba y les llamaba la atención. Esa mañana logré pasar de ocho kilómetros recorridos a doce, es decir que mi rendimiento subió en un 50% gracias a visualizarme utilizando un vestido.

Fue un parteaguas para mí, pues pensaba que, si ya lo había logrado una vez, no había razón para no conseguirlo de nuevo, y a partir de ese punto nunca corrí menos de cinco kilómetros continuos… hasta que entré a estudiar y no pude seguir corriendo tan seguido y perdí la condición.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque muy pocas veces en mi vida he logrado reunir la motivación suficiente para que distintos aspectos de mí trabajen en una meta en común. Sí, cumplo por ejemplo con mis objetivos en mi trabajo, o en la escuela, o en mi relación, pero no he vuelto a sentir que todo mi cuerpo y mi mente se conecten de tal manera como aquella tarde. Y me llena mucho de satisfacción que esa meta estuviera relacionada con mi lado femenino. Quién sabe, tal vez eso significa que todo mi cuerpo está más conectado con esa parte de mí. Al menos eso me gusta pensar.

Como postdata, nunca encontré un vestido ni remotamente similar al que les cuento, por lo que aun cuando me ejercité para verme divina en él, nunca pude portarlo.

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