Carta de un travesti a su novia

Hola, amor ¿Cómo estás? Espero que te encuentres de maravilla, tranquila y en paz, porque hoy necesito contarte algo que es muy importante para mí y quizás puede tomarte por sorpresa o causarte una impresión inicial equivocada, pero necesito que me leas con atención, para que al final de este escrito me conozcas un poquito más y tengas la información necesaria al respecto para que lo entiendas.

Soy travesti. Sí, soy travesti. Y por más incómoda que suene esa palabra, he aprendido a aceptarme sin sentir pena ni vergüenza. Soy varón, pero en ocasiones muy puntuales me gusta vestir, actuar y pensar como mujer. Amo las faldas, los vestidos, los zapatos de tacón, las pantimedias, los brassieres, el maquillaje, las pelucas, los rellenos, las blusas. Todo lo que tenga que ver con feminidad me fascina. He escogido un nombre acorde con este sentir, un nombre de mujer, y me refiero a mí misma con adjetivos y pronombres femeninos.

Cuando estoy a solas, me despojo de mis aburridos jeans y camisas, o de mi traje y corbata, y me dirijo al sitio secreto en donde escondo mis mayores tesoros para enfundarme en atuendos dignos de una noche de gala. Aplico mis primitivos conocimientos de maquillaje, me coloco una peluca y me transformo en una mujer. Tan solo el espejo y una cámara fotográfica son testigos de este espectáculo. Lo disfruto mucho, ¿sabes? Uno de mis mayores placeres es sentir el roce de un suave vestido contra mi cuerpo y contra la lencería que llevo puesta, mientras lo recorro de abajo hacia arriba hasta que llega a su posición final. Disfruto cada milímetro de ese recorrido.

Otras veces, cuando por alguna circunstancia no puedo gozar de tiempo conmigo misma, me llevo la ropa de mujer por debajo de la de hombre. Quien me vea en mi trabajo o en la escuela puede pensar que soy un individuo común y corriente, sin nada especial en él, pero no se imaginan que mi ropa interior es femenina, y también llevo medias, bra y hasta un liguero.

Aunque no solo es la ropa lo que me atrae; disfruto todo lo que esté relacionado con ser mujer. Te confieso que, a veces, utilizo incluso toallas femeninas. Sí, sé que son completamente innecesarias para mí, pero me ayudan a aumentar esa fantasía de que, por un momento, soy una chica. También debo decirte que me gusta orinar sentada. De la misma forma que con las toallas higiénicas, no es algo que necesite hacer dada mi fisiología, pero contribuye a mis ganas por sentirme femenina. Asimismo fantaseo con casarme vestida de novia. Cuando nadie me observa, mis movimientos son muy delicados y camino contoneando mis caderas. Amo que se me baje el tirante del bra y tenga que estar acomodándolo. ¡Ojalá todos los problemas fueran como ese!

Ya que estoy siendo honesto contigo, te cuento también que a veces observo a otras mujeres. Pero no es con morbo ni lascivia. Veo su ropa. Admiro cómo combinan diferentes colores y diferentes estilos. Hago notas mentales de qué tipo de falda va con qué tipo de zapatos. Y sí, a veces también me regodeo en la satisfacción de saber que camino mejor en tacones que alguna que otra compañera de trabajo. Quizá llegará un punto en el que en mi guardarropa haya más ropa de mujer que de hombre, o que un día decida remplazar todas mis trusas y bóxeres por undies femeninas de satín y encaje, así que te pido que no me tildes de maricón, poco hombre o “rarito”, porque no soy homosexual ni soy menos hombre que alguien que no sea travesti. Tampoco soy una mujer trans de closet o que no se atreve a dar el paso hacia una vida completamente como mujer ante la sociedad. El travestismo y la transexualidad son dos cosas separadas y no tienen una correlación entre sí. Mucho menos soy un enfermo mental, ni un desviado, ni pecador, ni degenerado o depravado. No es mi deseo vestir como chica con el fin de prostituirme ni de atraer hombres.

Por favor, no me propongas que busquemos una cura, porque esto no es una enfermedad, ni una moda, ni una etapa, ni un capricho ni algo temporal. Hablar con un psicólogo, con un sacerdote o con un curandero o chamán no va a hacer que deje de ser un travesti, pues no es un hechizo ni algo maligno. Creo que ir con un terapeuta es buena idea, pero no buscando que me “quite” esta conducta, sino más bien que nos ayude a integrar mi travestismo en nuestra relación sin que ninguno de los dos tenga que sufrir a causa de ello.

Amor, te amo con todo mi corazón y es por eso que me atrevo a contarte mi mayor secreto, pues quiero que me conozcas tal cual soy. Mi lado femenino no es tu competencia. No tienes que luchar contra mi otro yo por atención. No prefiero quedarme en casa a travestirme en lugar de estar contigo, pero es una necesidad que requiero saciar de vez en cuando. Si tú estás dispuesta a compartirla conmigo, ¡adelante! Estaré encantada de vivir esta experiencia a tu lado. Sería increíble, porque estoy segura de que tus consejos no me vendrían nada mal. No hay mejor maestra en el arte de ser mujer, que una verdadera mujer. Tú has tenido a tu mamá, o a tus hermanas, o a tus primas y amigas que te han ayudado a descubrir cosas y resolver dudas. Yo solo he tenido los consejos por internet de otros hombres como yo, quienes tampoco han tenido a nadie que los auxilie, así que no salimos de lo mismo.

No pienses asimismo que mi travestismo es un reflejo de que no estoy satisfecho sexualmente, o de que no me llenas, o de que no te considero lo suficientemente femenina. Esta conducta es solo mía y no está desencadenada por nadie más. He sido así desde antes de conocerte, así que no es por ti. Soy muy feliz a tu lado y no me falta amor ni cariño. Despreocúpate por ese lado.

Me queda claro que no estás forzada a aceptar este lado mío. No quiero ser en ti la causa de que digas “¿por qué a mí?”, o representar una carga en tu vida. Tampoco me gustaría que te avergonzaras de mí (aunque esta no es razón para ello). Eres libre de decidir lo que quieres en tu vida. Tan solo espero que, antes de tomar una decisión, lo medites. Que me des una oportunidad de demostrarte que mi travestismo, lejos de ser un problema, puede ser una gran ventaja y algo que me hace ser único y muy, muy especial.

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