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Como hombre, es aventurado emitir una opinión respecto al Día Internacional de la Mujer. Y digo como hombre, porque por más femenina que pueda sentirme en según qué momento, sigo siendo un hombre. A diferencia de las mujeres Trans (que, dicho sea de paso, son mujeres), nosotras las travestis no necesitamos ser reconocidas como mujeres por la sociedad. Esta faceta femenina la vivimos en nuestra vida privada, acaso con la compañía de un puñado de personas con las que hemos decidido compartir nuestro secreto, pero nada más. No somos percibidas como mujeres por nuestros compañeros de trabajo o de la escuela, ni por nuestros vecinos, ni por la persona que nos entrega el café en el McDonald’s.

Es por ello que quizá no seamos conscientes de la dificultad que plantea una vida completa desde la trinchera de la feminidad. Nosotras hablamos desde el privilegio masculino, que existe, por más que se quiera negar su existencia. Sí, es verdad que ser mujer también plantea ciertas ventajas respecto a los hombres, pero es innegable el hecho de que, al menos en México, y me atrevo a decir que en toda Latinoamérica, se tiene un menor riesgo de sufrir una agresión, un abuso o un secuestro por el hecho de pertenecer al género masculino. Y ya ni hablamos de las brechas salariales o las oportunidades de acceso a la educación, sea esta básica, superior o de posgrado.

Como feminófilas nos encanta ponernos en la piel de las mujeres. Cuántas veces no hemos fantaseado con ser una de ellas, aunque sea por un día o unas horas. A cuántas de nosotras nos ha asaltado la inquietud de querer transicionar y convertirnos por siempre en esa mujer que interpretamos por unos momentos. No obstante, ¿nos hemos realmente puesto a pensar en lo que implicaría? Tendríamos que decir adiós a ir solas a una fiesta, por ejemplo. O manejar por la ciudad a altas horas de la noche. Conoceríamos la odisea de viajar en transporte público y exponernos a ser toqueteadas o, de menos, víctimas de miradas lascivas o comentarios ofensivos. Comenzaríamos a frustrarnos al no obtener un empleo para el que tenemos todas las calificaciones y la experiencia tan solo por el hecho de estar embarazadas o ya tener un hijo. O, si la suerte es buena y conseguimos ese puesto, deberíamos conformarnos con un sueldo injusto y por debajo del de nuestros colegas hombres.

¿Cuántas veces, al estar disfrutando de la privacidad de tu habitación, te has vestido con esa hermosa minifalda, esa increíble blusa sin mangas y tus preciosos tacones de trece centímetros? Es muy fácil, ¿verdad? Ponerte las prendas, mirarte al espejo y caminar así por tu cuarto o tu casa. La historia sería completamente diferente al salir a la calle. Ya no digamos porque la gente te señale por ser un hombre vestido como mujer, sino incluso siendo una de ellas. Qué horror no poder vestirte como te gustaría, debido al miedo de que un imbécil quiera propasarse contigo porque su estúpido cerebro interpreta la elección de tus prendas como que necesitas tener sexo con quien se atraviese en tu camino y entonces él está dispuesto a hacerte el favor. No se vale tener que elegir entre vestirte como te plazca u optar por algo más discreto con el afán de preservar tu integridad.

Hermanas feminófilas: el simple hecho de vestirnos como mujeres no nos hace una de ellas, ni tampoco sus aliadas en esta lucha por la equidad. Si realmente quieres aliarte con ellas, puedes hacerlo desde donde te toca. Educando a tus hijos desde pequeños y hacerles saber que no hay juguetes ni labores domésticas para hombre ni para mujer. No te rías de los chistes machistas de tus amigos y hazles saber lo erróneo de su postura cuando los cuenten. Respeta a tu pareja y recuerda que el abuso no solo es físico, también verbal y emocional. Hoy aprovecha para verte en el espejo que tantas veces te ha reflejado una imagen femenina, pero esta vez úsalo para mirar dentro de ti e identificar las actitudes machistas de las que no te has percatado, y cámbialas. Creo que ese es el mejor legado que puedes dar hacia el objetivo de lograr un mundo con justicia, igualdad y equidad.

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