El vestido que cambió mi destino

Hace unos días, mientras buscaba algunas fotografías mías transformada para juguetear con ellas en Face App, me encontré unas en donde traigo puesto un vestido azul. Es una prenda de estilo elegante, como para utilizarla en alguna graduación o una cena empresarial. Y fue justamente ese el origen de dicho vestido.

Algunos años atrás trabajaba en una empresa en la que era costumbre hacer una cena para todos los empleados durante el mes de diciembre. El código de vestimenta para dicha reunión era formal: hombres con traje y corbata, y mujeres con vestido. Todos sacábamos nuestros mejores atuendos para la ocasión o, incluso, había quienes adquirían los ajuares específicamente para acudir a la celebración. La pareja que tenía en esos tiempos sabía de mi feminofilia, pero no la aceptaba para nada. Su meta era lograr que yo abandonara esta conducta y se molestaba muchísimo cuando se enteraba o sospechaba que yo me travestía.

Yo acudiría con ella a la fiesta. En los días previos estábamos emocionados por arreglarnos de la manera más refinada. Hicimos un trato: yo le regalaría un vestido y ella me regalaría un traje; el plan era ir combinados. Un día, caminando por una plaza comercial, vimos una tienda de vestidos. La insté a entrar para que los viera y, si le gustaba alguno, lo escogiera para regalárselo. Así fue y seleccionó uno azul, muy bonito, por cierto. La fiesta se celebró sin nada especialmente remarcable.

Ya en enero del año siguiente, y como es costumbre en los grandes almacenes para deshacerse de la ropa antes del cambio de temporada, se celebraba una barata de invierno. Yo fui porque suele haber excelentes ofertas y es una muy buena oportunidad para comprar prendas de buena calidad a precios accesibles. Cuál fue mi sorpresa que ¡encontré el mismo vestido que le había regalado un mes antes! Y, además, ¡de mi talla! No lo pensé dos veces y lo compré. Llegué a mi casa, me lo probé y me quedó perfecto. Como era de esperarse, me tomé algunas fotos que, por descuido, no borré de mi celular.

No pasaron ni 24 horas antes de que las descubriera y se armara la bronca. A priori ella creyó que las fotos me las había tomado con su vestido, lo cual la enfadó bastante. Su furia aumentó aún más cuando le expliqué que, de hecho, ese no era su vestido, sino que yo me había comprado uno igual. Los insultos no tardaron en llegar y la pelea que tuvimos nos llevó al término de la relación, cosa que, para ser honesta, agradecí demasiado. Así que se puede decir que ese vestido azul cambió mi vida, y para bien.

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