Un sueño lúcido

Desde hace años soy fiel seguidora de un blog llamado Microsiervos. No tiene absolutamente nada que ver con feminofilia -a diferencia de lo que las personas no-feminófilas piensan de nosotras, no nos pasamos todo el tiempo vestidas de mujer ni leyendo cosas relacionadas al fenómeno-. Esta página aborda temas relacionados con ciencia, tecnología, literatura, humor, aviación, entre otros, y recordaba haber leído hace años una publicación acerca de los sueños lúcidos. La busqué, y efectivamente, ahí estaba.

Supongo que todas hemos experimentado la sensación de encontrarte en un sueño y ser consciente de estar soñando. Eso es a lo que se le llama sueño lúcido. En la mayoría de los casos, la lucidez dura muy poco, no dándonos mucha oportunidad de tomar el control y redirigir el sueño hacia situaciones más interesantes; a veces, únicamente nos sirve para despertar de una fantasía terrorífica o estresante. Sin embargo, es posible entrenar al cerebro para obtener los sueños lúcidos a voluntad.

No se trata de algo sencillo de realizar y, como bien se anota en la publicación original, no es algo que vaya a resultar a la primera de intentarlo. Requiere práctica y perseverancia. Hace cuestión de tres meses me dispuse a intentar conseguirlo y no había habido resultados, pero la noche del viernes lo logré. ¿Producto de la casualidad o resultado de la práctica? No lo sé con seguridad, pero sí que tuve consciencia de estar soñando y pude tomar el control del sueño y dirigirlo hacia donde quise. Opté por transformarme en mujer durante la experiencia. No un hombre con ropa de mujer. No. Una mujer biológica.

Me encontraba en un enorme salón fastuosamente decorado, y era una de las invitadas de una gala de Año Nuevo, llena de personalidades del espectáculo, la política y los deportes. Portaba un vestido negro de un satín finísimo y delicioso y sandalias de tacón de 15 cm con cristales de Swarovski en las correas. Sostenía con mi mano derecha una copa llena de champaña. Mis uñas lucían una preciosa manicura con esmalte blanco aperlado. Era partícipe de una conversación banal con un grupo de personas también muy bien vestidas. En algún punto, me dirigí al tocador de damas a retocar mi maquillaje frente a un inmenso espejo, y otra chica se detenía a hacer lo mismo en el lavamanos de al lado. No me dirigió ninguna mirada extraña. Prácticamente no reparó en mi presencia, lo cual me encantó, porque significaba que me mimetizaba perfectamente, me encontraba en mi elemento, no era una extraña.

No recuerdo mucho más, y no puedo decir que fue un sueño completamente controlado, pero sí que tengo presente el momento en el que me di cuenta que estaba soñando y decidí darle rumbo a la experiencia onírica. No he podido repetir la técnica desde esa noche, pero sí que anhelo ser capaz de hacerlo. ¡Las posibilidades son infinitas! Ser actriz, cantante, modelo, CEO de alguna empresa, superheroína, sobrecargo… lo que sea.

Les recomiendo que lo intenten, y cuéntenme cómo les fue, o qué les gustaría soñar.

-Nadia.

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