La peluca

Quizá pueda resultar extraña la decisión de escribir un post entero dedicado únicamente a un accesorio. Sin embargo, estoy convencida de que, al momento de transformarnos en nuestro alter ego femenino, resulta ser uno de los de mayor importancia, sobre todo si las circunstancias que rodean nuestro día a día nos limitan para dejarnos crecer el cabello natural.

Como ya conté en un par de ocasiones anteriores, durante mis más tempranas sesiones de travestismo, dependía en exclusiva del guardarropa de mi mamá, y me arreglaba tan solo con lo que podía encontrar en su habitación; prendas que no estaban diseñadas para mis dimensiones y que lucían holgadas en mi pequeño cuerpo de ese entonces. Mi conocimiento en cuanto a los productos y técnicas de maquillaje era nulo y estos episodios de repentinas ganas de vestirme eran satisfechos con relativa rapidez, ya que consistían en ponerme las prendas, verme al espejo y terminar, para después ser invariablemente atacada por el sentimiento de culpa inherente y prometerme nunca más volverlo a hacer.

Conforme fui creciendo y obteniendo más experiencia, comencé a comprar mis propias prendas, a mi gusto, a mi talla y a mi estilo, aunque todavía limitada por mis ingresos económicos y el espacio disponible para esconder mis adquisiciones. Fui refinando poco a poco mi personalidad femenina y descubriendo qué era lo que más me gustaba de entre todo el universo de prendas para mujer. Sí, sí, todo iba de maravilla y en cada una de las etapas era feliz, hasta que descubría el siguiente truco y, en restrospectiva, me preguntaba cómo me había sido posible estar contenta sin él hasta entonces. 

Ya me había percatado antes, gracias a mi irrestricta fijación por observar a las mujeres como un modelo del cuál aprender, de que una característica común a la enorme mayoría de ellas era el cabello largo, que podía ser arreglado de mil y una maneras: suelto, en coleta, en trenza, en chongo, con diademas, con moños, con pasadores… y que cada una de estas formas proporciona un efecto diferente en el rostro, acentuando algunos rasgos y atenuando otros, pero al no tener mi cabello largo, no me era posible jugar con estas distintas apariencias, y centraba mi atención en los atuendos más que en mis peinados.

Sin embargo, como supongo que nos pasa a muchas, tenía unas enormes ganas de complementar mis transformaciones con una peluca, para verme y sentirme más femenina. Soy consciente de que algunas personas dirán que el cabello largo no hace a una mujer, y tienen toda la razón. Una dama con cabello corto no es menos mujer que una con cabello largo, estoy completamente de acuerdo en eso, pero creo que, al menos en cuestión de apariencia, sí es un extra. Así que un día me armé de valor y acudí a una tienda de cosméticos y accesorios en donde ya había visto que tenían pelucas a la venta. Estaba nerviosa pues, a diferencia de lo que pasa con otras prendas con las que puedes fingir que las estás comprando para tu novia, tu hermana o tu amiga (cosa que, por supuesto, nadie cree), resulta poco verídico que compres una cabellera para otra persona. No obstante, mis ganas eran más grandes que mis nervios, y así adquirí el tan buscado accesorio.

Lo guardé en una mochila y abordé un autobús hacia mi casa, presa de la emoción y la impaciencia por llegar. Todavía vivía con mis padres en ese entonces, así que tuve que esperar a que se fueran a dormir para, al fin, sacar la peluca de la mochila. Como es común en estas ocasiones, nada más tenerla frente a mí a punto de colocármela me provocó una evidente e inconfundible señal de excitación. No tenía la más remota idea de cómo usarla de manera correcta, pero me dejé guiar por el instinto y me la coloqué. Pasé mis manos a través de los falsos mechones con el fin de acomodarlos un poco y corrí al espejo. ¡No lo podía creer! Es realmente impresionante lo mucho que ayuda este accesorio a feminizar las facciones. Así, sin nada de maquillaje, sin ninguna prenda femenina puesta, tan solo con la peluca, yo ya me veía más mujer.

Cuando por fin tuve la oportunidad de combinarla con un atuendo elegido con atención, y aplicarme un poco de maquillaje con mis rudimentarias técnicas, el resultado de mi transformación mejoró un 80% con respecto a cuando no la estaba usando. ¡Y ni siquiera hablamos de una cabellera postiza de alta gama, de esas de cabello natural y que se venden en varios miles de pesos! ¡No! Desembolsé cerca de $300 MXN y, ciertamente, ha sido una de las mejores inversiones que he hecho en materia de accesorios para feminizarme. Es como desbloquear un siguiente nivel de feminización, y un mundo nuevo de posibilidades se abre ante ti.

Con el tiempo me aburrí de llevar siempre el mismo look, así que fui comprando otras pelucas de distintos colores, longitudes y estilos, con el fin de ampliar mi abanico de apariencias disponibles para Nadia. Si todavía no te has dado la oportunidad de utilizar una peluca, recomiendo ampliamente que lo hagas. Claro, tomando las debidas precauciones a la hora de esconderla de quienes no conocen tu feminofilia, ya que es un artículo cuya existencia en tu habitación o en tu casa es difícil de explicar de manera convincente.

¿Has usado alguna vez una? ¿Te gustó? ¿Cómo fue tu experiencia? Anímate (en serio, por favor anímate) a contarme en los comentarios.

-Nadia

4 thoughts on “La peluca

  1. Recuerdo cuando compre mi peluca era una roja y la pedí por Amazon tardo mucho en llegar y yo también había pedido por el mismo tiempo un suéter de mi Banda favorita así que cuando llego la peluca mi mamá pensó que era el suéter no lo abrió afortunadamente pero después me pidió ver el suéter y no pude esconder bien la peluca así que ese día le tuve que decir que soy feminofilo recuerdo usar el post de preguntas frecuente sobre feminofilia para guiarme y explicarle a mi mamá pero ella no se si no me entendió pero me dijo algo que me partió el corazón, me dijo sobre ir con un psicólogo yo en ese momento lo tomé muy mal y pensé que ella no me aceptaba pero después me di cuenta que ella solo no me había entendido bien.
    Regresando al tema de la peluca era una peluca roja la cual la use un tiempo y después mi mamá se la quedo y por unos años deje de vestirme hasta que hace unos meses regrese a hacerlo y en una ocasión mi amiga necesitaba una modelo de maquillaje me ofrecí ya que ella ya conocía sobre mi secreto y llevé mi peluca y recuerdo que ese día me veía muy femenina hasta la fecha mi peluca roja es uno de mis artículos más Preciados incluso ya estoy pensando en comprarme otra peluca negra ya que quiero probar mas estilos

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  2. La peluca lo cambia todo! Claro, hay que tener una buena peluca, la mejor que esté a tu alcance. Actualmente las hay de buena calidad, a muy buen precio, fabricadas con la fibra sintética “kanekalón”. Las recomiendo.

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    • Lo que me falta ahora es un buen tutorial para el cuidado de las mismas, porque se me maltratan mucho al momento de guardarlas.

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