La primera vez que me vestí de mujer, ¿mi vida cambió?

A diferencia de muchas chicas cuyas historias he leído en distintos foros, blogs y redes sociales a lo largo de los años, yo no tengo presente la primera vez que me puse una prenda de mujer. Y ¡vaya que me encantaría recordarlo! Debe ser una memoria hermosa. En mi caso, les he platicado que empecé con el travestismo desde una edad muy temprana. En mis primeros recuerdos está el de pedirle a mi mamá que me vistiera con mi ropa de bautismo, debido a que me gustaba la sensación tan suave del satín. De ahí, conforme fui creciendo, me sentí atraída por los fondos y camisones de mi mamá y mis tías, y el resto es historia hasta nuestros días.

Pero sí me causa curiosidad, desde mis primeros días de reflexión y autodescubrimiento, qué es lo que motiva a un varón a ponerse una prenda femenina por primera vez. Dejando de lado los juegos entre pareja que se dan en algunas ocasiones, en donde, a manera de broma, el hombre se pone las undies o la blusa de la chica. No, no me refiero a eso. Hablo de esas veces en las que el sujeto en cuestión se encuentra quizá solo en su habitación o en su casa, tal vez jugando, tal vez aburrido y, por azares del destino una prenda femenina se cruza en su camino.

¿Qué proceso mental, qué reacciones químicas en el cerebro causan que unos decidan ponérsela y otros simplemente ignorarla? ¿De dónde vienen esas ganas por saber lo que se siente utilizar esas prendas? ¿Es una predisposición genética latente, dormida, solo en espera de ser disparada a la vista de unas pantaletas y una oportunidad? ¿Qué diferencia a quienes, después de colocarse esa primera prenda femenina, deciden no volver a repetir la experiencia de aquellos que quedan enganchados por el resto de su vida? Los que deciden no repetir la experiencia, ¿es porque realmente así lo quieren o porque temen que la sociedad los condene?

Esta última cuestión es algo en lo que he reflexionado en más de una ocasión. He llegado a teorizar (sin fundamento científico ni evidencia alguna, aclaro) que la mayoría de los hombres no-travestis son tal porque nunca se han probado una prenda femenina. Algo parecido a decir que no te gusta la crema de zanahoria sin haberla comido jamás. ¿Te ha pasado? ¿Decir que no te gusta algo sin haberlo probado, pero, cuando lo haces, para tu sorpresa resulta de tu completo agrado? Apuesto a que sí.

Un argumento en contra de esta teoría puede ser que sí que existen hombres que se han puesto ropa de mujer y no se convierten en travestis: actores, comediantes, los que se visten con la ropa de sus parejas a modo de juego, etcétera. Pero en esas situaciones es posible que su cerebro esté con una especie de protección antitravesti, y bloquee los receptores que causan la sensación de que algo te gusta. Como cuando nosotros, a sabiendas de que estaremos expuestos al sol, nos prevenimos y colocamos filtros antisolares. De esa manera, la radiación solar no causa lo que provocaría en ausencia del filtro.

Me gusta pensar que tengo la razón, y que el hecho de que no haya más travestis es porque muchos hombres no se han dado la oportunidad de dejarse seducir por las exquisitas prendas femeninas. No encuentro una explicación razonable a la cuestión de por qué la ropa diseñada para caballeros debe ser áspera, fría, monótona y aburrida, mientras que las damas tienen a su disposición la más completa variedad de texturas, formas y colores. ¿Quién decidió que las cosas fueran así? ¿En qué punto de la historia de la humanidad alguien decretó que debería haber una división entre ropa para hombres y ropa para mujeres? ¿Es que acaso no disfrutamos todos de la suavidad por igual?

Estas cuestiones probablemente no tengan ninguna respuesta, pero me gusta imaginar que no estamos muy lejos de un mundo que nos brinde una mayor comprensión y en donde los travestis dejemos de ser vistos como lo anormal, lo raro, lo abstracto, y en el que tal vez sea todo lo contrario y nosotras seamos admiradas por ser las que nos hemos animado a redescubrir la normalidad del ser humano.

-Nadia.

5 thoughts on “La primera vez que me vestí de mujer, ¿mi vida cambió?

  1. yo si tengo algunos momentos en los que recuerdo vestirme desde muy peque. Según recuerdo, todo empezó porque en alguna ocasión toqué o rocé las piernas de una maestra en la primaria, obviamente ella traía pantimedias (yo estaba en 2do o 3er grado) y me encantó esa sensación. Obviamente no era tan fácil volver a tocarle las piernas así que tuve que saciar esa necesidad de alguna manera. Recuerdo también que en aquella época mi madre y mi tía trabajaban en el mismo lugar así que al salir de la escuela mi primo y yo nos quedábamos en su casa con la nana hasta que nuestras madres salieran del trabajo. En algún punto del camino cómo comenzó todo, recuerdo que mi primo y yo nos poníamos la ropa de su mamá, obviamente las pantimedias era lo principal y pasábamos horas de diversión. Curiosamente la nana nunca nos dijo nada, sólo que dejáramos todo en su lugar. Pasó el tiempo y comenzamos a usar tacones, vestidos, ropa interior y lo que hacíamos era sentarnos a ver la tele, comer y jugar video juegos. Recuero haber involucrado a otros 3 primos en este asunto de vestirnos, el primero nos acompaño algunos meses y después dijo que no le gustaba pero que guardaría nuestro secreto, el otro sólo nos acompañó una vez y no le gustó pero sé que le quedó ese gusto por la lencería pero en sus novias y el último sólo lo veíamos en vacaciones y tampoco lo vi muy interesado. Con el paso del tiempo ¡sólo quedamos los fundadores del club! (ja, ja, ja) y después nos enfrentamos a serios problemas cuando nos cacharon vestidas en su casa, teníamos como 10 u 11 años. de esa parte de la historia si tengo mucho que contar, porque hasta la fecha seguimos en contacto y platicando del tema, sólo que él se retiró muchos años porque se casó pero yo he seguido fiel a la causa.

    saludos!!

    Mariela

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    • ¡Hola, Mariela! Gracias por comentar. Es cierto, eso de las pantimedias de tu maestra sí me lo habías contado en Facebook, pero qué genial que aquí ampliaste la historia. ¡Me resultó muy interesante! Especialmente la parte en la que tú y tu primo siguieron haciendo la actividad juntos durante algún tiempo. Una vez que él se casó, ¿ya nunca lo volvió a hacer?

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      • es una historia un tanto larga!!! pero bueno pondré lo más relevante…

        desde esa vez que nos cacharon obviamente se hizo un escándalo, no nos dejaban vernos mi mamá y su hermana se pelearon un tiempo. Con forme pasaron los años eran pocas las veces que nos veíamos y siempre hablábamos de esto por poco tiempo que tuviéramos. En ese entonces vivía en CDMX y a finales de 1995 mi familia cambió de residencia por el trabajo de mi papá y eso complicó tremendamente comunicarnos y nos veíamos una vez cada dos años aproximadamente en las reuniones de fin de año. A finales de 1999 me fui a Puebla a la universidad, me daba mis escapadas seguido a CDMX y nos reuníamos pero muy pocas veces pudimos vestirnos, yo vivía con amigo pero siempre tenía tiempo para vestirme. Así pasaron los años y yo me adentré mucho en esto de buscar gente similar y con los inicios del internet poco a poco empezaron a aparecer páginas con contenido relacionado a lo que me gustaba pero no algo con lo que realmente me identificara. En 2003 encontré la página de un lugar llamado Blush donde encontré por fin lo que yo estaba buscando y fue cuando descubrí que mi gusto por vestirme era fetichismo. Le compartí la info a mi primo y ambos nos sentimos muy identificados.

        Yo tuve una crisis de identidad terrible ya que por ahí de 1996 mi madre me cachó vestida y se tornó todo muy difícil para mi, ya que lo único que sabía de hombres que vestían de mujer eran los que veía trabajando en estéticas, prostituyéndose o el amanerado exagerado y yo no me identificaba con ninguno y menos el hecho de que me gustasen los hombres.

        Continuando con la historia, al entender la razón por la que me gustaba vestirme tuve tanta paz y pude en verdad disfrutar de esta faceta de mi vida. No fue hasta mediados del 2007 que me animé a ir a Blush. Le hablé a mi primo para que fuéramos pero le aterró ir a un lugar así yo le dije que era un ambiente muy tranquilo pero no pude convencerlo. A finales del 2008 regresé a CDMX a trabajar y me quedé con mi abuela y lo mejor de todo es que mi trabajo estaba a 4 cuadras de Blush así que todos los viernes por los siguientes 2 meses lo frecuenté, igual invité a mi primo pero nunca quiso ir, le mostraba las fotos y se quedaba sorprendido con el cambio porque nosotros nunca habíamos usado pelucas ni maquillaje. Al poco tiempo me fui a vivir a un departamento y lo invitaba a vestirnos y fue cuando empezó a soltarse un poco, lo llevé a Blush para que comprar una peluca, maquillaje y poder arreglarnos en mi casa. De 2008 a finales del 2012 nos veíamos mucho para vestirnos en mi casa y al mismo tiempo yo atendía reuniones en Blush, posteriormente en Fashion Girls y por ultimo Passion Face. A ninguna de ellas quiso acompañarme le daba pánico salir a la calle, que alguien lo acosara o no sé qué pasaba por su cabeza, sólo conmigo se sentía en confianza. Seguramente te preguntas qué hacíamos cuando nos reuníamos. Bueno pues practicábamos maquillaje, comprábamos mucha ropa jajajaja, y pasábamos horas cambiándonos, platicando de cosas banales y otras un tanto más personales, hacíamos esto dos o tres veces al mes, pero yo casi siempre estaba vestida, vivía solo y no tenía preocupación de nada. De pronto dejó de atender la batiseñal (así le decíamos jajajaja) y resultó que ya tenía novia y se le complicaba escaparse como antes. y así pasó el tiempo hasta que yo cambie de trabajo y empecé a viajar y bueno cada quien hizo su vida, se casó tuvo un hijo y juró que dejaría de vestirse a lo que yo le dije que era imposible.

        Yo seguí disfrutando de mi travestismo de manera impresionante!! hubo un tiempo entre finales del 2011 y mediados del 2013 que yo estuve vestida el 95% del tiempo y todo el tiempo yo le contaba lo que hacía pero parecía no llamarle la atención. Hasta que hace 3 años me dijo que había empezado a vestirse otra vez pero por azares del destino su mujer se enteró y entre eso y otros problemas terminaron separándose. Últimamente lo había alentado mucho a que se vistiera, que disfrutara el estar solo pero tiene otros planes para su vida personal y me dijo que si se daría un tiempo para retomar esto.

        creo que conté la historia lo más compacto posible pero si quisieras que me enfocara en alguna parte me dices 😀

        Mariela

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      • Vaya vaya, nena. Yo nunca he vivido algo similar y debo decir que creo que tener a alguien con quién compartir la feminofilia desde una edad tan temprana tiene que ser algo increíble. Descubrir cosas juntas, ayudarse mutuamente y pasar el rato así, con alguien de tu entera confianza es realmente algo único.
        ¡Gracias infinitas por compartir tu experiencia!

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