Una fantasía largamente postergada. Me vestí de novia

Cada que me transformo en Nadia es para mí un momento por demás disfrutable. Aunque únicamente porte un accesorio, sentirme femenina es algo que me fascina y que no cambiaría por nada del mundo. Sin embargo, hubo una ocasión especialmente memorable, y fue cuando me vestí de novia… bueno, un poco de truco hay en esta definición, ya que el ajuar no era como tal el de una novia, sino un simple vestido blanco, pero como ya dije una vez, la imaginación juega un papel protagonista al momento de no contar con los recursos necesarios.

Siempre he tenido el anhelo de vestirme de novia, y digo sin temor a equivocarme que es una fantasía común a la gran mayoría de feminófilas. Creo que se debe a que una novia es uno de los mayores exponentes de feminidad que existen en el universo observable. Y no, no tiene nada que ver con algo machista relacionado con que la mujer se entrega o se somete a su pareja, sino con que todo en ese momento irradia delicadeza: el hermoso vestido blanco impecable e impoluto, los tacones, la lencería, el maquillaje, el peinado.

Para ese día me preparé con ahínco, tratando de cuidar todos los detalles para que fuera perfecto, como si de una novia real se tratara. La idea nació un día que, atendiendo asuntos completamente desligados de mi lado femenino, me encontraba recorriendo las calles del centro de la ciudad. Pasé afuera de un negocio por el que siempre me gusta hacerlo, pues disfruto de ver las novedades en vestidos que tienen ahí. Un atuendo blanco llamó mi atención y encendió el foco de la idea de adquirirlo para utilizarlo como vestido nupcial. Ya tenía, desde años atrás, la intención de adquirir uno de estos, pero dificultades logísticas como el precio (ya que no suelen ser económicos), el tamaño (pues soy una chica de una estatura fuera del promedio) y el lugar para ocultarlo no me habían dejado consolidar ese plan. Pero ese vestido que vi en la tienda era asequible, había tallas grandes en existencia, y no era muy voluminoso. ¡Perfecto! Entré a la tienda y lo compré.

Conduje hacia mi casa presa de una impaciencia creciente por probármelo, así que, al llegar, me despojé de mi atuendo masculino para enfundarme en tan ansiada prenda. Fue una sensación maravillosa, de esas que nos orillan a cerrar los ojos para concentrarnos en cómo la tela abraza nuestra piel. Pero me detuve. No quería que el momento que por tanto tiempo había soñado se llevara a cabo de esa manera. Caminé hacia el espejo y me observé, como si de mi prueba de vestido se tratase. El atuendo era ceñido, y sobresalían algunas zonas indeseables. Así que me lo quité y me quedé contemplando mi figura desnuda con el fin de identificar lo que sobraba para lograr la imagen tan largo tiempo fantaseada.

Tomé una libreta e hice un plan de tres meses. Me sometería a un régimen alimenticio y de ejercicios para bajar seis kilos. Eso era lo más importante. En paralelo, tenía que adquirir algunas cosas más para complementar la indumentaria, tales como:

  • Velo
  • Tiara
  • Zapatos blancos
  • Bra blanco
  • Undies blancas
  • Pantimedias Blancas
  • Aretes
  • Collar
  • Anillo
  • Peluca
  • Liga

Eran bastantes elementos y no podía permitirme comprar todo de una vez, así que también planee el presupuesto para lograr tener todo dentro de los tres meses que duraría el régimen para bajar de peso. Al igual que la masa de sobra, el espejo también evidenció una notable diferencia de tono a lo largo de mis brazos, producto de mi exposición al Sol con playeras de manga corta, por lo que sería necesario lograr un bronceado uniforme, ya que el vestido blanco dejaba mis brazos descubiertos.

Comencé con el ejercicio y la mejora en la alimentación. Cada semana monitoreaba el avance en la báscula. Tuve algunos reveses, pero, en general, llevaba buen paso. Tres meses para bajar seis kilos no era algo tan exigente. En ese transcurso de tiempo compré un par de revistas de bodas para darme ideas sobre cómo verme más femenina. Pensé en hacerme una pedicura. Pero, ¿cómo me la haría? Yo no tenía ni idea ni las herramientas para realizar tal procedimiento, por lo que debería acudir a un salón de belleza. ¿Me animaría? Un sábado, entré a Google a buscar lugares en donde ofrecieran ese servicio. Llamé a un par y pude agendar una cita para ese mismo día. Llegué nerviosa, con atuendo de hombre, por supuesto, pero la chica que me atendió tenía una actitud que me inspiró confianza. En un punto del tratamiento, le pregunté que si se le haría raro si le solicitaba que me aplicara barniz en mis uñas, a lo que dijo que no, que ella respetaba los gustos de cada quién. Me decidí, obviamente, por un color blanco aperlado. ¡Salí de allí encantada!

Los zapatos fueron imposibles de encontrar. Recorrí todas las zapaterías del centro sin hallar un par de calzado blanco de tacón de mi número. Me di por vencida. Los remplazaría con unas sandalias rosas que ya tenía. El velo fue sencillo de encontrar, aunque por motivos de presupuesto, adquirí uno para primera comunión, pero cumpliría su cometido con creces. La tiara y la liga las compré en la misma tienda que el velo.

La lencería también fue rápida de encontrar. Bastó una visita a aerie para comprarme un bra y unas undies blancas. La peluca la ordené a través de internet y llegó dos días después. Los aretes, el collar y el anillo fueron proporcionados por Todo Moda, también a un precio muy accesible. Wal Mart solucionó el punto de las pantimedias y, una vez en ese almacén, pensé en añadir unas pestañas postizas a la lista. También me llevé unas uñas ficticias, pues concluí que se conjuntarían bien con la pedicura.

Antes de la fecha estipulada ya tenía todos los requisitos cumplidos, así que decidí adelantar la ocasión. Sería un sábado, para tener el día completamente libre y dedicarlo a cumplir mi más anhelada fantasía. La noche anterior al evento dormí completamente ataviada como mujer, como un preámbulo al gran día. Amaneció y estaba impaciente. Fui a correr para aliviar un poco la tensión. De camino a casa pasé por una florería y reparé en que ¡no tenía ramo! No llevaba dinero, entonces fui a mi casa por el necesario y regresé a comprar una docena de rosas blancas. Las puse en agua al llegar a mi domicilio.

A las cinco de la tarde comenzaría mi transformación. Con una creciente ansiedad, comencé a preparar los detalles. Puse a cargar una bocina inalámbrica y mi teléfono, pues las fotos serían algo de vital importancia. Preparé el trípode y lo ajusté a la altura deseada. Me aseguré de tener una iluminación adecuada en la habitación y dejé lista en Spotify la canción de Sueño de una Noche de Verano, más conocida como la Marcha Nupcial. Me metí a bañar, rasurando el vello de cara, axilas, pecho, abdomen, y piernas. Al salir, depilé y di una forma sutilmente femenina a mis cejas e hidraté la piel de cara y cuerpo. 

Había llegado la hora de comenzar a prepararme. Era el día de mi boda y yo era la novia. ¡No podía creerlo! Me atavié con la lencería y la emoción causó una reacción predecible en mi cuerpo. Me relajé para que pasara. Luego me coloqué las medias; Las uñas de mis pies, pintadas de ese blanco nupcial, lucían espectaculares a través del nailon.  Procedí a maquillarme. Sí, antes de ponerme el vestido, porque no quería verme reflejada en el espejo portándolo todavía. Coloqué los correctores, la base, las sombras, las pestañas postizas, el rímel, el delineador y el lápiz labial con esmero. Me tardé más de una hora en esa actividad, comenzando desde cero en varias ocasiones ya que no me convencía el resultado y deseaba que todo fuera de mi total agrado.

Cuando estuve satisfecha, me puse el collar, los aretes de clip y el anillo. Luego fui por los zapatos y la liga. Cada paso provocaba en mí una sensación de estar en la gloria. Me sentía flotar por el suelo, destilando feminidad. Caminé en ese éxtasis hasta el clóset en donde tenía guardado el vestido. No lo había vuelto a sacar desde el día que lo compré y me lo probé, así que verlo de nuevo fue una experiencia estupenda. Lo descolgué del tubo y lo trasladé a la cama, sobre la que lo dejé con cuidado. Lo observé y reflexioné sobre mi situación en ese momento. Era yo una mujer alistándose para su boda. Me encontraba en tacones, pantimedias y bra, preparándome para enfundarme en mi vestido de novia. Mi corazón latía desbocado y escalofríos recorrían mi cuerpo entero.

Tomé el vestido por los tirantes, lo coloqué frente a mí llevando la parte superior a la altura de mis rodillas. Introduje una pierna, luego la otra y lo fui subiendo muy lentamente, disfrutando al máximo cada roce de la tela con mis piernas recién depiladas y cubiertas por las pantimedias. Celestial. Introduje los brazos bajo los tirantes y corregí lo que había quedado mal colocado. No era momento aún de verme al espejo, pero ya me sentía toda una diosa. Saqué la peluca de su envoltorio y me la puse con mucho cuidado. Tomé el velo y la tiara y fui al baño, porque ahí tengo un espejo solo de cara. En ese lugar ajusté la posición de esos dos elementos sobre mi cabeza, también hasta que estuve completamente satisfecha.

Dejé la colocación de las uñas postizas para el último, ya que sospechaba que con ellas puestas se me dificultaría maniobrar y hacer otras cosas. Ya, no había más por hacer. Caminé con toda la calma del mundo hasta el espejo de cuerpo completo, saboreando cada instante previo a la gran revelación, sintiendo cómo el corazón se me salía del pecho. Me posicioné frente al espejo con los ojos cerrados y los abrí poco a poco. Lentamente se materializó frente a mi vista una imagen que había imaginado desde muchos años atrás: yo vestida de novia.

No podía parar de ver mi propio reflejo. Mis ojos recorrían de arriba abajo la imagen que el espejo me devolvía. Nunca en mi vida me había sentido tan femenina, tan mujer. Registraba en mi memoria todos los detalles de ese impecable vestido blanco que, en combinación con el velo y la tiara no dejaban lugar a dudas. Yo era una novia en el día más especial de su vida. Un día con el que había soñado desde hacía años, hoy por fin se materializaba. Pero faltaba una cosa muy importante: el ramo, así que lo tomé del florero en donde lo había dejado unas horas antes.

Tomé mi celular y lo puse en el trípode en modo cámara de video. Comencé a grabar y acto seguido le di al botón de reproducir a la Marcha Nupcial. Me grabé entrando a mi cuarto mientras sonaba esa pieza, imaginando que era el momento en el que entraba a la iglesia de la mano de mi padre, seguida por todo el cortejo nupcial, caminando por una alfombra blanca hasta el altar. Los invitados se volvían en sus asientos para mirarme y escuchaba sus exclamaciones ahogadas cuando contemplaban la belleza y feminidad que de mí emanaba. Yo era la protagonista en ese momento. Todos estaban ahí para verme entrar y caminar hasta el altar. Al llegar, me arrodillé ante mi Diosa y le agradecí por permitirme vivir aquel momento.

Un par de videos y decenas de fotografías quedan como testigos de ese mágico instante. Sí, funcionó para calmar esas ansias de transformarme en una hermosa novia, pero todavía no puedo ponerle palomita al cuadrito del check list, ya que tengo la firme intención de portar un verdadero vestido de novia, además de hacerme un peinado y maquillaje profesionales para la ocasión. Es una de mis metas en la vida.

-Nadia.

10 thoughts on “Una fantasía largamente postergada. Me vestí de novia

  1. Gran post, me encantó como describes la sensación de estar en tacones, pantimedias y bra antes de ponerte el vestido, ese preciso instante en que nos volvemos concientes de lo que estamos haciendo, de la situación, es cuando la feminidad aflora, hubiera estado padre que complementaras la experiencia con algo de lenceria nupcial un body + liguero o algo por el estilo, ojalá algún día yo pueda vivir algo asi

    Like

  2. Hermoso relato!!❤️ Pero me encantaría ver como te ves vestida de novia!! Puedes poner algunas fotos🥰🥰🥰 pues también es una de mis fantasías.
    Gracias.

    Like

  3. wow, me encantó tu relato, descrito como si fueras la mejor novia del mundo, precioso, yo siempre he deseado hacerlo con un vestido de novia opero negro, es mi color favorito, te felicito!!!!

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s