Soy hombre y me gusta sentirme mujer

Amigas, tenía ya un buen rato que no me vestía de mujer. Y no porque no quisiera, sino porque las circunstancias no me lo habían permitido. Debido a una razón que estuvo fuera de mi control, a principios de este 2021 tuve que deshacerme de toda la ropa y los accesorios femeninos que había ido adquiriendo a lo largo del tiempo, que no era una cantidad pequeña. Bueno, no me deshice de todo, me quedé con lo que llamo mi botiquín de primeros auxilios, con lo necesario para sofocar un poco esas ganas tan repentinas de transformase que llegan de tanto en tanto.

La desventaja de este botiquín es que es en extremo básico para mis gustos. Contiene solamente un par de pantimedias desgastadas (aunque no rotas), una blusa, una falda, una peluca y un estuche de sombras que compré en una tienda de baratijas. Cumple el objetivo de servir para satisfacer la necesidad, pero sí queda a deber demasiado, pues no me permite transformarme como a mí me gustaría, teniendo en cuenta que el inventario del que tuve que deshacerme rebasa las doscientas piezas, entre vestidos, faldas, blusas, zapatos, pantalones, camisones, baby dolls, ligueros, bras, ropa interior, pelucas, maquillaje y accesorios.

Era en parte debido a eso, en conjunto con la falta de tiempo y privacidad, que no me había vestido de mujer en los últimos meses, pero ayer eso cambió. Tuve una pequeña ventana de tiempo y, sin pensarlo, me lancé de compras a una plaza comercial después de salir del trabajo, porque el botiquín se volvió tan monótono e insulso que lejos de motivarme, producía el efecto contrario. No compré muchas prendas porque, como ya mencioné, no estoy en posibilidades de almacenar un gran volumen de vestuario de mujer. Una minifalda y un top que se amarra por la espalda fueron mis conquistas en Forever 21, mismas que complementé con un par de undies en aerie (esta vez alejada de los molestos vendedores).

A causa de estar tanto tiempo imposibilitada de ser yo misma, me había dejado crecer la barba y el vello en piernas, pecho, abdomen y axilas, y mis cejas se habían expandido también de forma desordenada, por lo que primeramente procedí a rasurarme todo el cuerpo y a darle forma a mis cejas con unas pinzas de depilar. Luego tomé un baño caliente para retirar por completo cualquier pelito rebelde y abrir los poros. Muy emocionada, y con el corazón latiendo a una frecuencia más elevada de lo normal, como si de la primera vez que me travestía se tratase, saqué de la bolsa mis prendas recién compradas y procedí a colocármelas.

Nada más sentir la suavidad de los undies contra mis piernas completamente rasuradas, recordé por qué me gusta tanto ser travesti. Disfruté cada segundo que duró tal acción y sentí placer por cada milímetro que la ropa interior recorría hasta llegar a su posición final. No podía dejar de sonreír y un pequeño bulto se formó bajo los cacheteros de aerie, culpa de la emoción. Las pantimedias fueron las siguientes que me coloqué, igualmente regocijándome en el proceso. Llegó el turno de la falda. ¡Oh, Diosa mía! No sé cómo describirles el momento, pero fue algo en verdad divino, fuera de este mundo. La referida prenda también está hecha de una tela muy suave, parecida al satín (anexo fotografía y enlace para compra en línea, por si se interesan) y el contacto de esta tela con mis piernas libres de vello y cubiertas por el nailon de las medias me produjo una mezcla única de sensaciones deliciosas y celestiales.

La falda que adquirí.

Dice un conocido dicho que recordar es volver a vivir, pero hoy no estoy de acuerdo. Yo recordaba que la sensación de una tela suave deslizándose por una piel recién depilada era algo maravilloso, que me encanta, pero existe una gigantesca diferencia entre recordarlo y volver a vivirlo. Prefiero mil veces volver a vivir una experiencia, que únicamente limitarme a recordarla en mi cabeza. El regocijo del que fui presa me orilló a cerrar los ojos. Sentía escalofríos recorriendo mi espina dorsal y un casi imperceptible gemido emanó de mi interior. Estaba sentada sobre la cama, pero el instinto me hizo recostarme y ahí estuve a punto de perder toda compostura, pero afortunadamente logré contenerme antes de que fuera demasiado tarde.

Tengo un espejo frente a mi cama, pero no quise verme hasta que la transformación estuviera finalizada, así que contuve mi instinto de voltear hacia esa región de la habitación. Saqué la blusa y la peluca del botiquín y me las puse. Guardados tenía también unos zapatos negros de tacón grueso, mismos que desempolvé y me los calcé. Era ya una hora avanzada de la noche, por lo que decidí no maquillarme, pues se acercaba la hora de dormir y me tardaría más colocándomelo que en lo que tendría que retirármelo. Estaba lista. Caminé tomándome mi tiempo hacia el espejo. A cada paso, la suavidad de la falda rozando mis pantimedias me hacía temblar completita. Estaba envuelta por la euforia. Además del roce de las telas en mi imberbe piel, sentía cómo la resistencia del viento que rodeaba mis piernas cuando caminaba generaba asimismo una sensación muy agradable. Después de siete pasos llegué frente al espejo.

Me vi y mi femenino ser, que había estado dormitando durante tantos meses despertó en un nanosegundo. Fue como la explosión del Big-Bang; instantáneamente la feminidad inundó cada uno de los átomos de mi cuerpo, llenándolos de delicadeza, suavidad y magia. Sin sentirme en control de mis movimientos, hice una pose femínea y dirigí mis ojos al reflejo de mis extremidades inferiores. Ahí estaban, cubiertas por pantimedias, soportadas por los tacones y rematadas por esa exquisita falda. Me sentí liberada, y mi mente se vio invadida por un solo pensamiento:

Me encanta ser travesti.

Es suculento poder disfrutar de verse transformada en un ser completamente distinto al de la vida cotidiana, a ese que todos observan en el trabajo, en la escuela, en la casa, en la calle. Usar una falda en combinación con pantimedias y tacones es, por mucho, mi sensación favorita. Me fascina, me enloquece, me seduce el hecho de romper esa barrera, de traspasar esa frontera entre lo masculino y lo femenino. Pero debo ser sincera y decir que, cuando estoy de este lado de la división, me cuesta muchísimo querer regresar al otro y me siento tentada a quedarme aquí.

-Nadia.

7 thoughts on “Soy hombre y me gusta sentirme mujer

  1. Que gran trabajo haces describiendo las sensaciones al vestirnos, en mi caso tambien es un extasis el proceso, pero me gusta tambien el sentimiento de cotidaneedad de estar vestida, por ejemplo arreglarme el tirante de mi brassier , subirme mis medias o la simple sensación de estar transformada en señorita de pies a cabeza y realizar cualquier actividad comun

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  2. ¡Hola, Min! Como siempre, un placer leer tus comentarios. Oye, esos pequeños ademanes que suelen pasar inadvertidos para las mujeres, son la gloria para nosotras, como eso de acomodar las medias o el tirante del sostén, coincido plenamente contigo.

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  3. Hola como dice Min describes exactamente lo que una siente cuando se esta vistiendo desde la ropa interior, las medias y el vestido y terminar por las zapatillas no sabes como disfruto esos momentos, afortunadamente ayer tuve un espacio libre y disfrute la visita de Sandy, fue de los momentos que quisieras se detuviera el tiempo y cambiar de vestido a falda, de medias de zapatillas y terminar por el maquillaje y disfrutar en el espejo.

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  4. Es una delicia en sí verte convertida en una linda y sensual nena, cuanto más femenina más mujer te sientes. Me encantan las telas suaves, los colores pastel y mi apariencia delicada y el vaivén de mis caderas a cada paso que doy en zapatillas, plataformas o hasta en mis flats. Las sensaciones que te da cada prenda y la imagen q te devuelve el espejo cuando consigues el resultado esperado…Woaooo…de verdad son excitantes. Me encanta tomarme fotos y hacer las más coquetas poses para mí y revivirlas más tarde en mi privacia…sobre todo cuando no puedo vestirme seguido. Besos Nadia…me encanta leerte amiga!

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    • ¡Hola, Carol! Aprecio mucho tus comentarios, coincido contigo en muchas cosas. A ti, al igual que a mí, te fascina ser mujer. ¡Gracias por leerme!

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