Calaverita feminófila

La noche del Día de Muertos

Entró la muerte a una casa

Tenía un plan muy perverso

A muchas almas dar caza

Llegó a una habitación

Vio las luces encendidas

Eso le causó emoción

Se llevaría algunas vidas

Accedió entonces al lugar

Sin pretextos, sin excusas

Nunca se esperó encontrar

A un hombre con falda y blusa

¿Qué es lo que estás haciendo?

Dijo llena de sorpresa

Como una mujer vistiendo

Respondió él con su franqueza

¿Es que acaso no eres hombre?

Lo que tú haces no es normal

Pareciera que en el fondo

Tú eres homosexual

Claro que no soy tal cosa

Tan solo me gusta vestirme

Con estas preciosas ropas

Y como mujer sentirme

Mas no lo hago con el fin

De un día poder convertirme

Soy un hombre, sé que sí

Pero me gusta travestirme

Amo las faldas, tacones,

Medias, blusas y vestidos

Me provocan sensaciones

Que jamás había sentido

Esto no lo conocía

Dijo la muerte asombrada

Te perdonaré la vida

Y de aquí me voy calmada

Una condición te dejo

Para que sigas viviendo

Y es que al mundo muestres esto

Que lo vayan entendiendo

No es un signo de locura

Tampoco una enfermedad

No necesitamos cura

Y no es anormalidad

Así se marchó la muerte

Aprendió que es necesario

No juzgar tan duramente

Sin primero investigarlo

Película: Una nueva amiga – François Ozon

Basado en un relato corto escrito por Ruth Rendell, este filme francés nos cuenta la historia de una pareja conformada por David y Laura, quienes contraen nupcias. La mejor amiga de Laura se llama Claire, quien a su vez está casada con Gilles. Laura y Claire han sido íntimas amigas desde la infancia y su amistad es retratada como muy profunda y fuerte. Ellas hacían todo juntas cuando niñas, incluso pasaban los veranos en la casa de campo de la familia de Laura.

Poco tiempo después de la boda, David y Laura tienen a una bebé, pero la mamá enferma de manera grave y le pide a Claire que, después de su inminente partida de este mundo, cuide a su hija y a su esposo, cosa que ella acepta de buena gana. En una ocasión, decide visitar al viudo y a la hija de su fallecida amiga para ver cómo la estaban pasando en ausencia de Laura y, para sorpresa de Claire, ve a una mujer arrullando a la bebé, antes de caer en la cuenta de que dicha mujer era realmente David ataviado con las ropas de su finada esposa. Claire se sorprende y, como es tan común en nuestras respectivas historias, lo primero que piensa es que David es homosexual.

Sin embargo, él le explica que es un travesti heterosexual, que Laura siempre lo supo y no tenía inconveniente con esta situación, siempre y cuando mantuviera su actividad confinada dentro de su casa. Claire pasa parte de la película tratando de entender este lado de David, y al cabo se convierte en su cómplice cuando él busca expandir sus aventuras fuera de los muros del hogar. Lo acompaña de compras y lo ayuda a acondicionar los vestidos de su exesposa para que le queden mejor.

Esta es una de las pocas películas que he visto que tratan el travestismo heterosexual como lo que realmente es: una condición por sí misma, y no la antesala a la transexualidad. Me maravilló el tratamiento que hacen del tema, pues se nota que el director hizo las investigaciones pertinentes para retratar el fenómeno lo más fiel a la realidad. Recomiendo mucho que la vean si no lo han hecho, créanme que no se arrepentirán.

Recomendaciones de ropa, maquillaje y accesorios

Como todo en la vida, el travestismo también va mutando, transformándose. Ustedes que se encuentran leyendo este post, tomen un momento para voltear a ver cómo vivían su feminofilia hace diez años y se darán cuenta de las profundas diferencias. En mi caso, yo comencé poniéndome la ropa de mi mamá y de mis tías. Dependía completamente de los atuendos que a ellas les agradaran. Si bien era capaz de encontrar cosas que me llamaran la atención entre sus vestimentas, sus gustos no coincidían completamente con los míos, pero no es que yo pudiera permitirme comprar mi propia indumentaria. Era lo que había y yo me aguantaba, o hacía uso de mi imaginación.

A día de hoy tengo la oportunidad de contar con mi propio espacio para sacar a mi mujer interior sin rendirle cuentas a nadie, y también de adquirir prendas más acordes a mis gustos y necesidades. Ya pasó la época de vestirme con algo que no me agradaba únicamente para saciar la urgencia de vestirme de mujer. Sigo teniendo esas urgencias, pero ya me visto como a mí me agrada. He probado ropa y accesorios de varias marcas y presupuestos. Algunas me han gustado y otras no tanto. Hoy quiero hablarles un poquito de las que me han fascinado y de las que me declaro fanática.

Forever 21. Esta tienda cuenta con un estilo de moda muy juvenil. Sobre todo, soy admiradora de las telas y los estampados. Al igual que a mí, les gusta mucho el satín. Fue por eso que hicimos clic. Esta marca se ha convertido en mi favorita para adquirir minifaldas y vestidos cortos. Un gran plus es el hecho de que las vendedoras siempre me atienden con total naturalidad en todas las sucursales que he visitado. Nunca me he sentido intimidada, juzgada ni observada. 10/10 para Forever 21.

Vertiche. Tendencias actuales a precios accesibles. Enorme variedad en colores, formas, estampados, telas y estilos. Piensa en algo que te guste: ¿una falda blanca de mezclilla con botones al frente? ¿una blusa ombliguera con un estampado del Nevermind de Nirvana? ¿Un saco negro a medio camino entre lo casual y lo formal? Seguramente encontrarás las tres cosas en una tienda de Vertiche.

aerie. Mis proveedores de undies por excelencia. Su amplia gama de diseños y colores me cautivaron desde la primera vez que entré a una de sus tiendas. La calidad de sus productos es superior, pues son muy resistentes y durables. Los vendedores aquí pueden llegar a ser exasperantes, pero vale la pena soportarlos diez minutos con tal de salir de ahí con unas hermosas pantaletas… ¡o cinco!

Fiorentina. Lencería, lencería y más lencería. Bras, bodies, ligueros, baby dolls, batas. Lo que puedas tener en mente para sentirte la mujer más sexy del mundo, lo encontrarás en una boutique de Fiorentina.

Adidas y Reebok. No hace mucho tiempo que me volví aficionada a la ropa deportiva femenina. Me fascina ataviarme con un sport bra y unos leggings para hacer mis rutinas de ejercicio, resulta por demás motivador. Asimismo, esta ropa resulta más que cómoda para realizar actividades cotidianas en el hogar y estas dos marcas (que, por cierto, son hermanas) cuentan con los materiales más suaves al tacto, cosa que, al menos para mí, es indispensable en la indumentaria femenina.

Oroblù. Mis pantimedias favoritas en todo el mundo mundial. Sí, tienen la desventaja de que no son precisamente económicas y son muy, muy pero muy delicadas. Pero ¡están preciosas! Sus diseños tienen ese algo que no se encuentra en otras marcas. No exagero, pero estas pantimedias se sienten como una caricia permanente en las piernas.

Mac Cosmetics. Me declaro fangirl de la marca, pero fangirl pobre, porque no tengo muchas cosas procedentes de ella. Solo un estuche de tres sombras y un lápiz labial. Pero me fascina visitar sus tiendas y admirar todo lo que ofrecen. ¡Con eso podría hacer maravillas! Claro, con el presupuesto adecuado para adquirir los productos. Ni modo, hay que comenzar a ahorrar.

Capa de Ozono. En sus sucursales he logrado adquirir zapatos que sí me calcen bien. Manejan números grandes y no he tenido problemas para encontrar lo que me agrada en mi talla. Sandalias, botas, flats y hasta pantuflas. Tienen modelos realmente hermosos y los precios no son desorbitados.

Todo Moda. La mayor contribución quincenal a mis gastos hormiga. ¿Por qué? Es uno de los pocos lugares en donde he logrado encontrar aretes de clip, muy necesarios para mí ya que no tengo las orejas perforadas. También he adquirido pulseras, anillos, moños, collares e incluso algo de maquillaje.

Sweet Like Candy de Ariana Grande es mi elección preferida de perfume. Huele delicioso. Soy pésima para describir olores, pero a mí me remite a algo floral y muy delicado. Huele femenino, es lo que puedo decirles.

¿Cuáles marcas o establecimientos recomendarías para la adquisición de prendas, zapatos o accesorios femeninos? Los comentarios son todos tuyos.

-Nadia.

P.D.: Este post no está patrocinado por ninguna de estas marcas… ojalá así fuera, pero no.

Tutorial: Cómo hacer boobs realistas, baratas y sencillas

Una de las seguidoras de este blog solicitó un tutorial de cómo crear explantes de boobs que brindaran una sensación realista tanto de tamaño como de forma y peso. Para que vean que estoy atenta a sus comentarios y sugerencias, hoy les presento este video de cómo hacer dichos explantes con pantimedias y arroz. En cinco minutos estarán luciendo todavía más femeninas. ¡Ojalá les guste!

La urgencia de la visibilidad travesti

En días recientes me vi en la necesidad de confesarle mi feminofilia a alguien muy importante para mí. Lo que sucedió fue lo previsible: lo primero que pasó por su cabeza es que me gustan los hombres y que, eventualmente, voy a convertirme en mujer a tiempo completo. Es decir, confundió totalmente y mezcló tres condiciones que son diferentes entre sí: travestismo, homosexualidad y transexualidad. No la culpo. Creo que la principal causa por la que esto sucede es debido a la falta de información que existe sobre el tema. Muy pocas personas ajenas al fenómeno del travestismo heterosexual saben de la existencia del propio travestismo heterosexual.

Es equiparable a como si un astrónomo nos dijera que existen nubes de gas que tienen la extensión equivalente a decenas de planetas Tierra. Entre el gremio, quizá es información ampliamente conocida, tal vez se las enseñan en primer semestre de la Universidad, pero la mayor parte de la gente de a pie no lo sabe y se sorprende al escucharlo. Unos cuantos incluso pueden llegar a dudar de la veracidad de la afirmación. ¿Por qué es algo que, si los astrónomos saben, la mayoría de la gente ignora? La respuesta es la misma que para el desconocimiento del travestismo: falta de difusión. Información que no se transmite es información que no se recibe, así de simple.

En últimos tiempos me he percatado que un tema que sí está siendo ampliamente difundido es la transexualidad. Y me da mucho gusto, porque, a pesar de las opiniones divididas que suele generar, el hecho de que sea una tendencia que se discute colabora para que cada vez más gente sepa que las personas trans existen, que son seres humanos y que tienen derechos. Puede ser que comulgues o no con ellos, pero saber que están ahí es ganancia. Cada vez más mujeres trans ocupan cargos políticos o se postulan para aspirar a ellos. En los recientes Juegos Olímpicos participaron atletas trans. Hay participantes trans en los concursos de belleza. Existen ya las modelos trans, que podemos ver en campañas de marcas de cosméticos y moda, así como en portadas de revistas. ¡Enhorabuena! Es lo que el colectivo más necesita, visibilidad. Que la sociedad sepa que existen, y que no son un mito como Pie Grande o Nessie (el Monstruo del Lago Ness).

Lamentablemente, por nuestro lado, nosotras sí que seguimos viviendo en la mitología. “Espera, ¿qué? ¿Me estás diciendo que hay hombres heterosexuales a los que les gusta vestirse y comportarse como mujeres? ¡No! ¡No te creo! Seguramente son homosexuales, solo que no lo aceptan. Espérate unos años y verás que resulta ser gay.” Las personas no saben que existe esa categoría, y tratan de clasificar lo que les es desconocido dentro de lo que sí les es familiar. Es más sencillo que crear una nueva categoría en sus mentes. Insisto, no es su culpa, es parte de la cultura y el entorno en el que han crecido. Yo me siento con la obligación moral de dar visibilidad a este colectivo travesti, y pienso que todas las que somos así deberíamos aportar nuestro granito de arena, participar desde nuestra trinchera. No es necesario que le anuncies al mundo tu condición, que vayas por la calle gritando “Hola, soy Fulanito y soy travesti heterosexual. ¿Sabías que existimos?” No, no se trata de eso.

Pero sí puedes colaborar desde el anonimato publicando y compartiendo la información que llegue a tus manos. Sacando el tema entre tus amigos o familiares de manera aparentemente despistada, sin crear la controversia que los lleve a pensar que tú eres travesti. La evolución en el pensar de la sociedad es lenta. La homosexualidad ha estado presente entre la humanidad desde el inicio de la misma, hace ya miles de años, y es apenas que se está logrando cierto entendimiento y tolerancia, que está dejando de ser un tabú. Estoy segura que, si hoy comenzamos la lucha por hacer del travestismo algo visible, no nos tocará a nosotras vivir los beneficios de una mediana aceptación social, pero seguramente a nuestras futuras hermanas les beneficiará de sobremanera. ¡Únete a la difusión!

Tutoriales: Cómo ponerse pestañas postizas

Las pestañas postizas son algo que, quizá al inicio de nuestro travestismo ni siquiera nos pasa por la cabeza utilizar. Sin embargo, se trata de un accesorio que cambia por completo nuestras facciones. Ponerse unas no es cosa trivial y requiere práctica. Espero que este tutorial sea útil para lograr ser expertas en utilizar este accesorio.

Libro: Adictas a los zapatos – Beth Harbison

Esta obra la descubrí por medio de esas hermosas e inesperadas casualidades de la vida, pues yo no sabía previamente de su existencia. En una ocasión en que en mi escuela hubo una feria del libro, como empedernida lectora que soy no pude evitar darme una vuelta. Había libros muy baratos, desde $30 MXN, aunque, por supuesto, ningún best seller iba yo a encontrar ahí. Ya casi me iba con las manos vacías y un poco decepcionada, cuando una portada con varios pares de zapatos rojos de tacón captó mi atención, apelando a mi gusto por ese tipo de calzado. Se trataba de este libro. Leí brevemente la sinopsis en la contraportada y decidí adquirirlo. No fue una mala elección. La historia es sencilla pero entretenida, además de que sí habla mucho de zapatos y dan ganas de ponerse unos buenos tacones e imitar un poco a las protagonistas.

¿De qué va? La historia comienza hablándonos de Lorna Rafferty, una chica que tiene algunos problemas financieros a causa de la mala (o nula) administración de sus ingresos monetarios. Es compradora compulsiva de zapatos de las mejores marcas, que le cuestan cientos de dólares y ello contribuye empeorar su ya precaria situación. En paralelo nos hablan de Sandra Vanderslice, quien es una chica con problemas de sobrepeso y que además tiene pavor a salir de su casa. Todo lo que necesita lo ordena a través de internet o del teléfono, es decir, sufre de agorafobia. Ella trabaja como operadora de una línea telefónica erótica y también adora los zapatos.

En un intento por paliar su necesidad de adquirir nuevos pares de zapatos y así volver a desequilibrar sus finanzas, Lorna publica un anuncio en un foro de la web con el fin de encontrar interesadas en intercambiar pares usados pero en buenas condiciones. Además de Sandra, una mujer de nombre Helen Zahari, esposa de un prominente político, y Jocelyn Bowen, niñera de profesión y quien no tiene idea alguna de alta zapatería responden al anuncio de Lorna y fundan una especie de grupo de autoayuda.

A lo largo de la novela, la autora nos relata las vidas de las cuatro protagonistas y el por qué hay un misterioso hombre que parece seguir a una de ellas cuando acuden a las sesiones, añadiendo el toque de misterio y suspenso que toda ficción necesita para mantenerse interesante y engancharnos hasta el final. No encontrarás en este libro algo que sea digno de convertirse en una serie o película, pero la lectura es ciertamente amena y divertida, y sirve para conectar con nuestro lado femenino, por eso es que la recomiendo con cuatro estrellas.

Te dejo el enlace por si te interesa adquirirlo.

Cualquier parecido con la realidad…

Vestirse de mujer es adictivo. Una vez que descubres que te gusta, es prácticamente imposible dejar de realizar esta actividad. Como toda adicción, empieza siendo pequeña y fácil de controlar pero, conforme va avanzando y se arraiga más y más en nosotras, tiende a expandirse y ocupar un lugar más amplio en nuestra personalidad, hasta el punto de casi ocuparla por completo. Atrévete a dar el primer paso y no podrás parar.

Inicialmente puedes satisfacer tu necesidad de transformarte tan solo con las prendas que encuentras en tu casa. Las de tu mamá o tus hermanas. Todo está bien, no hay ningún problema. De repente, un día en alguna tienda departamental ves una falda que te encanta o, quizá, si eres más atrevida, estás de visita en casa de tus primas, tus vecinas, o tus compañeras de clase y te fascina alguna de sus prendas y la hurtas, porque sientes el deseo irrefrenable de poseerla. Ya tienes tu primera prenda propia y el sentimiento es excitante. Pero necesitas un lugar para esconderla. No hay inconveniente, tienes mucho lugar en tu habitación.

Poco a poco te vas haciendo de más ropa. Y cada vez quieres más y más. Pero se te va acabando el espacio para mantenerla escondida y entonces o te detienes o tiras los viejos atuendos para hacer lugar para los nuevos. Ni siquiera lo consideras, detenerte no es una opción. Las prendas antiguas ya las usaste y disfrutaste, entonces optas por deshacerte de unas cuantas para hacerle lugar a lo que comprarás. Una maleta sigue siendo suficiente.

Sigues creciendo y ya no solamente la ropa te gusta; también el maquillaje. Investigas un poco y descubres que hay cientos de diferentes opciones para lucir bellísima y femenina. Pero tú estás aquí solo por lo básico. Tal vez un estuche de sombras y un lápiz labial sean suficientes… por ahora. Con el tiempo comienzas a mejorar tu técnica de maquillaje con lo que tienes y ahora te resulta exiguo. Necesitas una base, delineador de ojos y rímel. ¡Ah!, pero con ello viene la necesidad de esponjas para distribuir bien la base y unas pinzas para enchinar las pestañas antes de aplicarles rímel. Espera, además de ropa y maquillaje, ¿necesitas utensilios? Sí. ¡Uff!

La vida continúa y en este punto cuentas ya con lo necesario para vestirte y maquillarte a tu estilo y agrado. Ya llevas algunos años siendo travesti de clóset cuando un día te ves frente al espejo después de una de tus transformaciones y piensas

-¡Guau! ¡Me veo realmente hermosa! Pero, ¿cómo luciría este atuendo si tuviera el cabello más largo y quizá de otro color?

Y entonces una bombilla se enciende dentro de ti y se te ocurre que la solución es adquirir una peluca. Y cuando estás en el lugar donde las venden también compras pestañas y uñas postizas… y unos aretes de clip, y un anillo. ¡Mira ese collar! Iría muy bien con el vestido verde. También te llevas una diadema, para que la peluca no se vea tan simple.

Te caracterizas como toda una sexy señorita y todo luce increíble, pero te percatas de que te faltan los zapatos. No sabes andar en tacones, así que decides adquirir unos flats. Listo, deseos completamente saciados. Un día vas tranquilamente caminando por la calle y ves a una chica muy atractiva pasar por la acera de enfrente. Lleva una falda muy parecida a una que tú tienes, pero ella la usa con tacones. ¿Tacones? No, ya sería demasiado. Además, como ya vimos, no sabes caminar en ellos. Bueno, pero nadie nació sabiendo, ¿verdad? Y ¿cómo aprenderás a hacerlo si no practicas? Podrías tomar unos de tu hermana, pero ya no te quedan. Necesitas unos propios. Y entonces vas a la zapatería a buscarlos. Y ahí ves unas botas. Te visualizas con ellas y te agrada el resultado. Te las llevas también. Te diriges a la salida y en eso te percatas de la enorme variedad de colores en los zapatos de mujer. Como hombre solo dispones de negros, cafés y azules. ¿En serio comprarás solo zapatos de mujer negros? ¿Qué hay de las prendas de otros tonos? No todo luce bien con zapatos negros. Te vas pensativa y vuelves una quincena después a comprar unos tacones amarillos que vayan con la blusa que viste en el aparador de la tienda de ropa y que también comprarás… y unas hermosas sandalias rosas de tacón cuadrado y correas al tobillo porque, pues ¡son rosas!

Oye, y ¿si te llevas unas pantimedias? Porque sí, esa minifalda se te ve muy bonita, pero ¿has pensado cómo luciría con unas pantimedias negras? No, mejor que sean medias, de esas que llegan al muslo. Bueno, que sean las dos, para probar. Llegas a casa, te pones las medias y te das cuenta de que unos pasos después empiezan a bajarse y no te agrada. ¿La solución? ¡Sí! Un liguero. El próximo fin de semana irás por el a la tienda de lencería.

Llegas y entras nerviosa, nunca has comprado lencería antes y sientes que las vendedoras y las clientas te fulminan con la mirada. Acopias todo tu valor y sales de ahí con el liguero. No fue tan difícil, ¿verdad? Solo tuviste que decir que era para tu novia. ¿Viste el hermoso conjunto de bra y panty color vino? Sí, lo hiciste. Ya viste que comprar lencería no es complicado, quizá regreses luego por él. Y vuelves al día siguiente.

Tu vestuario hace años que dejó de caber en una pequeña maleta en el fondo del armario. Ahora ocupa tres maletas y dos bolsas. Sin tomar en cuenta la ropa que has tirado porque ya no te gustaba, o no te quedaba, o te deshiciste de ella en una de las crisis de culpa que has tenido y en las que juraste no volver a vestirte de mujer. Además de la ropa, tienes correctores, rubores, polvos traslúcidos, delineadores de ojos, de pestañas y de cejas, brochas, barnices de uñas de varios colores, pinzas de depilar, enchinadores de pestañas, anillos, pulseras, gargantillas, aretes, collares, desmaquillantes, cremas de depilar, tratamientos para la piel. ¿Será momento de parar? Lo más sensato es que sí, antes de que te descubran. ¿Puedes parar? Lo más probable es que sí, al menos por un tiempo. ¿Quieres parar? Definitivamente no. Quieres averiguar hasta dónde puedes llegar, qué tan mujer puedes parecer.

“En esta ¿vocación? Llegas hasta donde te detienen. Cada vez que logras algo, quieres dar un paso más… y si no lo logras, te esfuerzas en hacerlo. Esos logros pueden ser lucir bien cuando te transformas, tener unos lindos tacones, aprender a maquillarte, etcétera y, cuando pasas una de esas pruebas, quieres llegar a la siguiente, y el ciclo se repite hasta que algo o alguien te lo impide” me comenta Mónica, una de las seguidoras de este blog.

Un día estás a punto de casarte y decides que es momento, ahora sí de una vez por todas, de deshacerte de esas maletas con ropa femenina. Sin miramientos, sin nostalgias. Todo se irá a la basura. Te pones a pensar cuánto dinero tienes invertido en tu feminidad, y te das cuenta que la cantidad es muy considerable. Tu colección es tan grande que incluye un vestido de novia, con todo y velo, lo que resulta irónico porque la mujer con la que pronto te casarás todavía no tiene uno. Piensas que, si no tuvieras esta afición por ataviarte y transformarte en mujer por unos instantes, quizá ahora mismo poseerías algunas otras cosas materiales que has deseado desde hace ya mucho tiempo. ¿Todo fue acaso un desperdicio de tiempo y dinero? No, no lo crees así. Invertir en lo que te hace sentir bien y te trae felicidad y plenitud es una decisión sensata.

Un momento. No, no todo puede irse a la basura. Después de todo mira esta blusa, no salió muy barata y es preciosa, no tiene porqué acabar en los residuos. Y esa falda que tan bien combina con ella, será difícil volver a encontrar una parecida. Esas las rescatas, pues no será complicado encontrar sitio para ocultar tan solo una falda y una blusa.

Buena suerte, hermana feminófila.

Tutoriales: Cómo ponerse pantimedias

Ayer una amiga me hizo un comentario muy cierto: debemos encargarnos de entrenar a las nuevas generaciones de feminófilas. Con ello en mente, estreno una sección en esta página, la de tutoriales. Y comenzamos con uno que nos muestra la manera correcta de colocarse unas pantimedias para no dañarlas. ¡Espero que les sirva! Y también espero ir mejorando en cuanto a producción de videos se refiere, ténganme paciencia por favor. Si desean que haga un tutorial de un tema en particular, en los comentarios pueden hacérmelo saber.

-Nadia

Tips para sentirte mujer en la oficina

Si por mí fuera, estaría vestida de mujer en todo momento. Los sesenta segundos del minuto, los sesenta minutos de la hora, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, las cincuenta y dos semanas del año, los ochenta añ… todo el tiempo, pues. Me encanta estar transformada en mujer, y poder estarlo es para mí una de las mejores cosas de la vida. No exagero al decir que me siento plena y completa solamente cuando estoy vestida de manera femenina de pies a cabeza.

En un mundo ideal, todos seríamos libres de vestirnos y conducirnos por la vida como nos sintiéramos más cómodos, sin tener que dar explicaciones al respecto. La ropa con la que decidamos ataviarnos no nos hace mejores ni peores personas, no determina nuestra identidad de género ni nuestras preferencias sexuales, no afecta la productividad laboral ni la capacidad intelectual. No tiene influencia alguna en las habilidades que desarrollamos. Básicamente, más allá de los prejuicios religiosos y morales, no hay una razón válida para no acudir con falda a trabajar si eres hombre y así te place.

Pero, lamentablemente, no vivimos esa utopía. Estamos muy lejos de habitar en un mundo ideal, y en este, si bien podemos transgredir ciertas reglas y hay valientes que se atreven a desafiarlas por completo, la inmensa mayoría de nosotras no podemos darnos el lujo de salir a la calle vestidas como más nos gustaría. Puede ser por el temor al rechazo, a las agresiones, a las burlas o un sinfín de razones, pero simplemente para nosotras luce como un sueño inalcanzable.

Pero ¡hey! Que eso no nos desanime. Aunque no todos los que nos rodean puedan darse cuenta de la feminidad que irradia nuestro ser interior, sí hay algunas cosas que podemos hacer para sentirnos en contacto con nuestro lado de mujer mientras nos vemos forzadas a proyectar la apariencia masculina en el exterior. Yo suelo hacer algunas veces cosas como:

Usar ropa de mujer debajo de la de hombre. Un clasicazo que no falla. Pero cabe hacer la aclaración de que no es buena idea usar cualquier prenda, porque existen algunas que, después de un rato, ya no las sientes y no sirve de nada traerlas. Otras pueden notarse y delatar su presencia cuando se hacen ciertos movimientos o posturas. Mi recomendación: pantimedias. Todo el día se sienten ceñidas a las piernas y no se marcan ni sobresalen de ninguna manera. Otra buena idea en este sentido son los bralettes. Busca que no tengan copa con relleno ni varillas, de manera que no hagan mucho bulto bajo la ropa. También asegúrate de que no tengan breteles en los tirantes, porque esos sí se marcan bajo la camisa o playera.

Ir al baño sentada. Esta es otra acción sencilla que puedes llevar a cabo sin que nadie se dé cuenta y te hará sentir muy femenina. Bueno, si decides seguir mi consejo anterior de llevar pantimedias bajo tu ropa masculina, subirá el grado de complejidad, porque hay que bajarlas y luego subirlas, cosa que suele ser latosa, pero tiene su encanto y te sentirás como una auténtica mujer. ¡Bienvenida a su mundo! Un beneficio extra de esta actividad es que, de acuerdo a un artículo de la BBC, existen teorías acerca de que esta posición puede traer beneficios a la salud. Aunque no está comprobado.

Usar toallas sanitarias. Sí, sé que no tienen ninguna utilidad para nuestra fisonomía y son completamente innecesarias para nosotras as feminófilas, pero tienen un significado inherentemente femenino. Son posiblemente el artículo más femenino que existe, así que su utilización brinda una buena dosis de sentimientos acordes a ese hecho. Más que las toallas sanitarias, que son generalmente grandes, estorbosas e incómodas, recomiendo el uso de pantiprotectores. Son más pequeños y discretos. La ventaja de estos es que son relativamente baratos. Una bolsita con veinte piezas la puedes conseguir desde $25 MXN y se oculta sin problemas en algún compartimento de tu mochila.

Utilizar una infinitesimal cantidad de maquillaje. Por lo regular escojo sombra, pues a mí me genera una sensación más alta de feminidad. No se trata de que se note, pues el objetivo no es ese. Basta solo con que, cada que voy al baño y me miro al espejo mientras me lavo las manos, yo sepa que está ahí y me haga sentir como toda una señorita. Una sola pasada de la brocha será suficiente, porque si se aplica más, se genera el riesgo de que se note demasiado.

Cruzar la pierna “como mujer” bajo el escritorio o a la hora de la comida. Lo pongo entrecomillado debido a que esta postura y su relación con lo femíneo es más bien cultural. En mi entorno se asocia el cruce de piernas tobillo-sobre-rodilla como la del hombre, y la pantorrilla-sobre-rodilla como la de la mujer. Pero esto no necesariamente es así en todas las regiones. Hay hombres que no se relacionan de manera alguna con lo femenino que adoptan el cruce pantorrilla-sobre-rodilla por comodidad o costumbre. En fin, como en mi entorno sí hay una marcada diferencia entre uno y otro (así de absurdos somos como sociedad), escojo el identificado para las mujeres cuando deseo sentirme como tal.

Traer accesorios femeninos. Anillos o pulseras son las opciones más comúnmente elegidas en este apartado. Entre más pequeño, mejor. Insisto, no se trata de anunciar “¡oye, mírame! ¡Me siento mujer!”, sino de que solo nosotras lo sepamos. Al estar escribiendo en la computadora y ver el anillo o la pulsera en nuestro dedo o muñeca respectivamente, estaremos en contacto con esa sensación femenil. Ahora que, si no deseas que el anillo sea visible en tus dedos, puedes colocarlo en algún dedo de los pies. A cada paso te sentirás como una nena. En tiendas como TodoModa o similares puedes encontrar excelentes opciones a precios muy accesibles.

Pintar las uñas con barniz transparente. Se siente maravilloso traer las uñas pintadas, y aunque hay hombres que lo hacen con regularidad, son muy pocos y se sigue asociando el hecho con lo afeminado. Ya saben: tabúes, tabúes y más tabúes. Para evitar miradas indiscretas, si tienes ganas de pintarte las uñas, hazlo y cúbrelas solo con barniz transparente. Solo que sé precavida; quizá sea transparente, pero brilla, y alguien curioso podría darse cuenta sin mucha dificultad. Puedes optar por pintar solo una, como una solución ante este hecho.

Adornar el espacio con una planta o un elemento de decoración femenina. Si tu trabajo es de oficina y tienes un lugar asignado, hay varias cosas que puedes hacer para darle el toque feminófilo: una planta pequeña, una taza de colores delicados, libretas diseñadas para mujeres, lápices o lapiceros en tonos pastel, notas adheribles en formas de flor, mariposa o lo que más te agrade. La imaginación es el límite.

¿Se te ocurre alguna otra cosa para estar en contacto discreto con nuestra feminofilia? Déjala en los comentarios, todas te lo agradeceremos.

-Nadia.