Comprar lencería como travesti, ¿misión imposible?

La semana pasada me dirigí a cierta plaza comercial que está cercana a mi domicilio. Mi objetivo era visitar la tienda de aerie (la división de lencería de American Eagle) y adquirir un par de panties femeninas. Me confieso fanática empedernida de la marca, me fascinan sus diseños y, sobre todo, sus telas. Además, tienen una promoción permanente de cinco prendas por $699, lo que se me hace un precio fenomenal considerando la calidad que manejan.

No iba a ser la primera vez que compraba ropa femenina en ese lugar, pero sí que había pasado ya un buen rato desde la última vez que lo hice. En general las y los vendedores me hacen sentir cómoda y me dejan tranquila mientras escojo lo que compraré, pero en esta ocasión me sentí acosada. Como feminófila estoy acostumbrada a ciertas miradas de desaprobación mientras me encuentro escogiendo lencería, a tal punto que ya las ignoro y no es algo que me impida llevarme algo que me gustó, por más coqueto y provocador que sea. He comprado panties, brassieres, baby dolls, ligueros, camisones, tangas, bodies, bralettes… y un largo etcétera, sin que me importen las risitas de las cajeras o la visible perplejidad y el malestar de las señoras que se encuentran a mi alrededor también eligiendo cosas.

Sin embargo, en el caso de esta ocasión que les relato, sí que me hicieron sentir incómoda hasta tal punto que preferí retirarme del lugar sin comprar nada. Y no porque me diera pena hacerlo, sino porque no me estaban brindando una experiencia que me invitara a gastar mi dinero en ese lugar. La entrada a la tienda de aerie es a través de la parte de American Eagle, es decir, la que vende ropa casual. Nada más ingresar al local, y después del protocolo de sanitización y toma de temperatura, me abordó un sujeto para preguntarme mi nombre y saber qué era lo que estaba buscando en la tienda. Intenté sacármelo de encima con la vieja confiable de

-Nada más estoy viendo, gracias.

Pero insistió, cuestionándome si ya conocía la marca y si estaba al tanto de sus promociones. Ya un poco enfadada, solo atiné a decirle

-Dame chance de ver y si me surge algo te busco.

-Mi nombre es Joaquín -contestó- y estoy para servirte si necesitas algo.

-Gracias –respondí mientras mis pies ya se dirigían al local de aerie.

Al llegar a dicho punto me sentí más relajada. Había varias chicas allí, entre vendedoras y clientas. Nadie me puso especial atención y comencé a recorrer los estantes con la mirada en busca de algo que me agradara. Una de las vendedoras se me acercó solamente con el fin darme una canastita para colocar dentro mis compras y me preguntó asimismo si conocía las promociones, a lo que dije que sí. No llevaba ahí dentro ni un minuto cuando llegó otro individuo a perturbarme cuestionándome de nueva cuenta sobre lo que estaba buscando. Contesté, con perceptible molestia, que me interesaba la promoción de las cinco prendas por $699 y que estaba escogiéndolas. Su siguiente pregunta fue

-Supongo que son para un regalo, ¿no?

Esa cuestión fue la que me importunó. ¿Era realmente necesaria? Se tratara o no de un regalo, para él no hacía ninguna diferencia. Yo me iba a llevar cinco prendas y la tienda se quedaría con $699 en sus arcas, fuera como fuese. No obstante, me tragué mi coraje para responderle que no, no eran para un regalo. Interpreté su reacción como una combinación de incredulidad y juzgamiento. Hubo un instante de silencio incómodo y a continuación atinó a decir

-¡Ah! Muy bien. De este lado tenemos bras, por allá están los undies y las pijamas. ¿En qué estás interesado?

-No sé todavía –increpé-, quiero ver qué hay y escoger algo.

-Excelente, bro. Pues adelante. Mi nombre es Arturo y estoy para servirte si necesitas algo.

Se alejó por fin de mí, pero continuó observándome desde la distancia de una manera nada disimulada. No aguanté ahí medio minuto más. Dejé la canastita en donde estaban todas las demás y me retiré de la tienda en ese mismo instante. ¿Exageré? No lo sé, pero no estaba de humor para aguantar esas reacciones. Soy consciente de que algunas tiendas imponen a sus empleados el uso de ciertas frases y preguntas cuando abordan a los clientes, con el fin de captarlos, asegurar la venta, y de paso ganarse una comisión. Yo misma llegué a laborar en algunas de esas cadenas, y sé que a los propios vendedores les resulta ridículo e innecesario hacer eso, pero son las reglas y hay que acatarlas.

Pero creo que, en el caso particular de esa sucursal de American Eagle / aerie (no sé si en todas se siga el mismo formulismo) es algo exagerado. No se puede ver y mucho menos comprar a gusto. Imagino que para las chicas cisgénero tampoco es muy cómodo tener a tres personas observando la ropa íntima que van a adquirir.

Alguna vez alguien me sugirió que hiciera un post relatando las cosas que no me gustan de ser travesti. Creí que no había ninguna, pero definitivamente esta sí es una de ellas.

¿Has estado alguna vez en una situación similar? Cuéntame en los comentarios.

-Nadia.

13 thoughts on “Comprar lencería como travesti, ¿misión imposible?

  1. Hola
    Gracias por seguir posteando, no conocia esa marca estan hermosos los diseños.. , creo que nunca tendre el valor de comprar en tienda , incluso online me da estres solo una vez compre un set completo brasier, panty y medias lastima solo me duraron dos dias por que las tuve que tirar e incluso eso me dio nervios no se como deshacerme de la ropa ,aunque valio la pena el gasto por estar todo un dia usando lenceria

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    • Hola, Min =)
      Comprendo completamente tu situación, ya que yo también llegué a verme en la misma hace unos años, cuando las prendas que compraba tenía que tirarlas luego de solo un par de días de tenerlas.
      ¡Ojalá que pronto te amimes a comprar otras que te fascinen!

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      • Mi forma habitual de hacerlo era cuando llevaba la basura al camión recolector. Escondía las prendas en mis bolsillos. Una vez fuera de la casa las echaba a la bolsa de los desechos y ¡listo!
        También puedes hacerlo en un bote de basura público. Llévalas envueltas en algo que no llame la atención y ahí las tiras.

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  2. La verdad en podido comprarme mis cositas femeninas (hasta luego siento que compro mucho y digo ya Vane XD) pero no me he atrevido a comprar lencería ahí si estoy perdidisima, por cierto Nadia, como le haces para conseguir zapatos, yo si eh tenido problemas porque pues, no me puedo probar los zapatos para verificar si me quedan o no en laa tiendas 😦 los pares que tengo han sido por internet, pero ahí me salen más caros, algún consejo?

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    • ¡Hola, Vane! Uff, conseguir zapatos es todo un martirio para mí también. Mi número de hombre es 8 1/2 mexicano y ya te imaginarás… En la mayoría de las zapaterías el número más alto que manejan es 6 1/2. 7 si tienes mucha suerte. Lo que suelo hacer cuando me gusta algún modelo es justamente preguntar hasta qué número lo manejan. Si la respuesta es 7 lo compro, ya que suelen quedarme… un poco apretados, pero nada que no se pueda tolerar por algunos minutos jaja.
      ¡Saludos!

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  3. Para mi, esto de las compras ha sido a la vez un sufrimiento y un placer.
    En cuanto a lencería, solo una vez compré en tienda, pero solo me atreví a hacerlo estando de viaje en otra ciudad, donde nadie me conocía y muy probablemente nunca me volverían a ver.
    Disimulé como si la compra no fuera para mi, pero sentí al instante que no me creyeron. En general, en esta sección son chicas la vendedoras, lo que hubiera hecho más fácil la situación, pero en ese caso no fue así. ¡Maldita mi suerte! Opté por seguir hasta el final, elegí mis prendas, pagué y me fui. Afortunadamente todo me quedó muy bien y quedé muy satisfecha.
    El resto de las ocasiones, las compras fueron en línea. Por lo que se refiere a las tallas, leer y estudiarlas bien y tomarse las medidas correspondientes suele resolver el problema. Hasta el momento lo que he comprado de esta forma me ha quedado aceptable.
    Con la ropa exterior fue muy diferente. Solo diré que probársela es más que recomendable. Pero ese es material para otro post.
    ¡Saludos chicas!

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    • ¡Hola, Moni! Oye oye, me interesó bastante eso de probarse la ropa exterior antes de comprarla. ¡Yo jamás me he atrevido! ¿Tú sí? ¿Cómo y donde lo hiciste? ¡Cuéntame!

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      • Supe que una chica que conocía había abierto una boutique. Luego de pensarlo mucho, comencé a hacerle preguntas casuales, que finalmente llevaron a plantearle la situación.
        Luego del desconcierto natural, un poco de desconfianza y algo de incomodidad, el hecho de que ella necesitaba vender y yo deseaba comprar se impuso. Agendamos una visita en hora y día con poca clientela y así fue como compré mi primer vestido.
        La siguiente ocasión fue ella misma quien me invitó. Había recibido mercancía y le hice una segunda visita y segunda compra. Finalmente hubo una tercera ocasión en que también le hice una compra. Como compraba siempre y pagaba al contado, me hice de sus clientas preferidas.
        Después mi amiga traspasó el negocio a otra persona y se acabaron las compras. Eso si, esas tres tardes han sido de las mejores de mi vida. Gracias M!

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      • ¡Qué historia tan interesante! Me encantó el hecho de que, al final, resultó en un beneficio tanto para ti como para M. Tú adquirías prendas que te gustaban y que, además, sabías que te iban a quedar, y ella generaba ingresos con su mejor clienta. Ojalá más marcas y/o personas vean que hay un nicho desaprovechado, que somos nosotras, y crearan productos exclusivamente pensados para travestis. Nos ayudarían muchísimo para darnos visibilidad y ayudar a disipar los prejuicios.

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  4. Ayer pensé, si todas las prendas femeninas que se han venido ajustando a mi cuerpo durante tanto tiempo, las guardará sin temor, tendría un armario lleno de recuerdos gratos. Pero nada, soy feliz dejando ver la mujer que nace en mi, cada día me siento más a gusto con ella

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  5. […] Era en parte debido a eso, en conjunto con la falta de tiempo y privacidad, que no me había vestido de mujer en los últimos meses, pero ayer eso cambió. Tuve una pequeña ventana de tiempo y, sin pensarlo, me lancé de compras a una plaza comercial después de salir del trabajo, porque el botiquín se volvió tan monótono e insulso que lejos de motivarme, producía el efecto contrario. No compré muchas prendas porque, como ya mencioné, no estoy en posibilidades de almacenar un gran volumen de vestuario de mujer. Una minifalda y un top que se amarra por la espalda fueron mis conquistas en Forever 21, mismas que complementé con un par de undies en aerie (esta vez alejada de los molestos vendedores). […]

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