El clóset. ¿Es indispensable salir de él?

No.

Aquí podría terminar este post, simplemente respondiendo a la pregunta que yo misma planteé, pero no es el caso. Lo que trato de hacer es arrojar algo de luz al oscuro poso que envuelve toda esta cuestión.

Definamos primero a qué me refiero con “salir del clóset”, y hablo de que nos revelemos como travestis ante la sociedad en general. Que todas las personas que nos rodean sepan que nos encanta vestirnos y sentirnos mujeres en la intimidad, que ya no sea un secreto, con el fin de aliviar la carga que a veces puede generar la doble vida que solemos llevar.

Desde mi punto de vista, creo que para el caso de nosotras las travestis no es indispensable salir de ese armario que suele resultar tan cómodo y, sobre todo, lleno de hermosas, delicadas y variadas prendas femeninas. Al contrario de como sucede con los y las transexuales, quienes en general buscan el reconocimiento con el género con el que se identifican por parte de familiares, amigos y personas en su entorno laboral; o las personas homosexuales, quienes también deben anunciar sus preferencias si desean vivir una vida amorosa y sexual plena sin tener que esconderse del mundo, lo que pasa con las travestis no requiere que todas las personas lo sepan.

Estoy plenamente consciente de que a muchas nos encanta o nos encantaría salir de vez en cuando a la calle totalmente transformadas en mujeres; asistir a reuniones, fiestas, bailes, ir al cine o simplemente a caminar por algún parque o alguna plaza comercial, pero ello difiere mucho de querer pasar el 100% del tiempo en nuestro rol de mujeres. Lo nuestro es temporal y lo sabemos. Sí, repetitivo e intermitente, pero siempre temporal. Tarde o temprano acabamos volviendo a nuestro rol de hombres y la vida sigue como si nada. Aunque, por otro lado, tener aliados también resulta indispensable. Cualquier secreto, sin importar la naturaleza de este, conlleva inherentemente una carga, y si dicha carga se comparte entre varias personas, a cada quien nos toca cargar menos. Lo dicta la propia física.

Entonces, ¿salir o no salir? Lo que yo recomendaría es salir “a medias”. No corramos a decírselo a todo el mundo. ¿Es necesario que mi jefe o mis compañeros de trabajo lo sepan, puesto que es improbable que alguna vez me vean transformada? No. ¿Es imprescindible que mis vecinos conozcan mis tendencias travestis? No, tampoco. Hay que escoger bien con quién vamos a abrirnos de capa y mostrarnos tal como somos. En primer lugar, debe ser una persona digna de toda nuestra confianza, que sepamos que no va a divulgar nuestro secreto sin nuestra expresa autorización, incluso si en algún punto se genera un conflicto o la amistad decae o se termina. Pero también, además de la confianza, tiene que ser alguien que nos traiga algo positivo a nuestra experiencia travesti.

En algún momento de mi vida decidí revelar mi secreto a una de mis primas, porque nos queremos mucho y pensé que sería una buena idea. No lo tomó mal, pero lo único que me dijo fue que ella respetaba mis gustos, y que si no le hacía daño a nadie ella no tenía problema. De eso han pasado cinco años y nunca hemos vuelto a tocar el tema. Es como si no me hubiera animado a decírselo. En la otra cara de la moneda está mi mejor amiga. A ella también se lo confesé y tampoco lo tomó a mal, pero en lugar de no volver a hablar del asunto, ella participa activamente en mi travestismo. Me ha regalado prendas, a veces también nos prestamos e intercambiamos algunas, me trata como mujer todo el tiempo, con ella comparto fotografías de mis looks y me da consejos al respecto, me ha enseñado algunas técnicas de maquillaje y con su ayuda he aprendido a ser más femenina e incluso imaginamos historias juntas para hacer más llevadero el turno laboral.

Así sí que vale la pena contar nuestro más profundo secreto a alguien. Como ya dije antes, platicarlo con alguien suele aligerar la carga y nos quitamos ese estigma de que nadie nos comprenderá jamás y que estamos destinadas a la clandestinidad y a la soledad. Desde el momento en que decidí romper el secretismo, vivo más feliz y más plena. Aunque sigo tomando mis precauciones para que nadie indeseado se entere, ya que no deseo que todos los que me rodean lo sepan. Por eso comento que lo ideal, al menos en mi caso, es una salida parcial.

¡Saludos y gracias por leerme!

-Nadia

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