La vida oculta del travesti

Cuando era pequeña me sentía intrigada por la vida secreta que tienen algunos personajes de ficción: Bruce Wayne, Peter Parker, Clark Kent… y en general todos los superhéroes, quienes viven una doble existencia. Por un lado, ostentan una personalidad ante la sociedad, sus padres y sus amigos, pero al enfundarse en un traje que oculta sus identidades, se transforman por completo y adoptan habilidades que los convierten en personajes enteramente distintos.

En la adolescencia también comencé a aficionarme a las historias de espionaje del MundoReal™, y leía cómo los agentes de los distintos gobiernos del planeta vivían en países extranjeros haciéndose pasar por ciudadanos comunes, mientras que sus verdaderas intenciones los llevaban a realizar sus auténticas actividades en la clandestinidad, amparados por las sombras y el anonimato. Me gustaba el aura de misterio que parecía envolver a esos seres; solo permitiendo que sus semejantes supieran de ellos lo que querían que supieran y nada más. Aparentando siempre personalidades y orígenes variopintos e inventados.

Eventualmente comprendí que el feminófilo no está, en ese sentido, muy alejado del superhéroe o del espía. Nosotras también vivimos una doble vida, cuando ejercemos nuestro travestismo únicamente en la intimidad, sin que nadie o muy pocas personas lo sepan. Vamos a nuestras escuelas o nuestros trabajos como ese Peter Parker o ese Clark Kent, interpretando en el exterior un personaje que hemos fabricado para los demás, que encaja dentro de los límites impuestos por una sociedad que reprime la libre expresión de la sexualidad. Somos estudiantes, doctores, licenciados, policías, panaderos, ingenieros o mecánicos perfectamente normales* a los ojos de nuestros semejantes. Para ellos no hay nada especial en nosotros. Quizá incluso podrían tildarnos de insulsos y aburridos.

Pero, una vez que se dan las condiciones idóneas, cuando la casa se queda sola por unas horas o unos días, cuando la esposa se va de viaje o a desayunar con las amigas, cuando los hijos se quedan a dormir en casa de sus amigos, es como cuando al superhéroe le llega la noche y puede salir a combatir el crimen con esos súper poderes y con sus gadgets. Es en ese instante cuando las prendas femeninas salen de su escondite: ligueros, baby dolls, faldas, pelucas, pestañas postizas, zapatos de tacón, brassieres y accesorios se materializan de la nada, como si de un conjuro se tratara. El espejo se convierte en el mejor aliado y cómplice, pues es testigo silencioso del cambio, de la transformación. Unos minutos después el doctor, el ingeniero o el estudiante que nadie creería que es capaz de tener un secreto, está convertida en secretaria, estrella de Pop, quinceañera, novia, dama de honor o ama de casa.

¿Cuántas veces habremos tenido que inventar una excusa para no salir de viaje con nuestra familia y quedarnos a disfrutar nuestra soledad en casa para sacar a flote a esa mujer interior? O ¿cuál será el número de ocasiones en que tenemos que valernos de mentiras piadosas y decirle a nuestra pareja que no estaremos en casa el fin de semana, con el propósito de tener unos días libres y dejar salir a nuestra niña interna? ¿No somos acaso como el personaje de las películas que le dice a su mujer que trabaja vendiendo seguros, cuando en realidad es un agente de una institución gubernamental secreta dedicada al espionaje?

Tenemos que valernos de técnicas dignas del 007 para lograr existir en esa vida oculta, esa vida secreta de la que nadie o casi nadie conoce su existencia. De la que ninguna persona en nuestras escuelas o trabajos nos creería capaces de vivir. Sí, a veces nos vemos forzadas a habitar en las sombras, en la clandestinidad, encerradas en cuatro paredes y sin que el mundo conozca esa maravillosa dualidad que nos caracteriza, pero también tiene su encanto. ¿A poco no?

9 thoughts on “La vida oculta del travesti

  1. Es correcto pero cambio de personajes yo quiero ser la mujer maravilla, catwoman,Bulma de goku, la androide 18 o algo así como sailor mon
    Ya de mínimo ranma…jejejeje
    Con esos gustos crecí
    La complejidad de usar ropas del género opuesto es algo tan placentero y a la vez desafiante. Usar tangas o pantaleta y medias es fácil, pero brassier, faja o pantiblusa es un gran reto. Más por posibles delatores como los tirantes,broches o rellenos q se llegan a notar o hacerse visibles en ciertos momentos.

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    • ¡Hola, Jimena! Coincido completamente contigo en el tema de la complejidad de usar atuendos femeninos, No es nada más ponérselos y ya, porque nosotras tenemos que aprender las técnicas para que esas prendas pasen desapercibidas ante los demás, sin mencionar que las ropas de mujer están diseñadas… pues para mujer, sin contemplar ese extra que tenemos, y que suele complicar bastante las cosas algunas veces. ¡Saludos!

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  2. Si, pero siento que los tirantes se marcan y realmente no es la misma sensación, en brasier se disfruta mucho desde el momento en que lo abrochas y cuando te lo quitas , ese movimiento me encanta , a ti no?

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  3. Soy un FEMINOFILO, una persona heterosexual, y como tal mi nombre es Sandy: Sandy porque mi mujer interna es mi centro, y por recuerdo y respeto a una amiga muy querida que ya no está entre nosotros, Amo a las mujeres, la ropa y los accesorios que realzan su feminidad, no tengo ni desnudos ni fotos mías, no estoy interesado en salir con hombres… No estoy aquí para ligar ni encontrar parejas sexuales o algo por el estilo y siempre he estado interesado en las mujeres, y me gustan las faldas y vestidos, los tacones altos de pies desnudos, los peinados que vuelan, el maquillaje discreto, los buenos modales, a pesar de llevar diez años travistiéndome con prolongados intervalos, sigo siendo muy tímida para salir.
    Mi gusto por la feminofilia lo descubrí durante mi infancia por un vestido que mi madre dejo; pero, no es sino hasta la madurez, con motivo de alguna situación de carácter personal, cuando encuentro el pretexto para probarme prendas femeninas por una amiga que vendía ropa por catálogo. A partir de entonces, sigo disfrutando de la satisfacción que provoca: esta experiencia de convierte en travesti, aunque tenga que mantener en secreto mi gusto y discreción en todo momento y de miedo a salir a la calle o que me descubra mi esposa.
    He leer e investigado artículos sobre la FEMINOFILIA, es el gusto por usar prendas y accesorios de uso frecuente por las mujeres por hombres heterosexuales, esto no implica que los hombres deseen ser mujeres o algo así, sino que desarrollen su lado femenino con toda libertad.

    Muchas personas pueden pensar que esas cosas son producto de desviaciones sexuales cuando no es cierto, ya que el gusto por tal o cual prenda no tiene relación con la orientación sexual; así mismo, estos gustos se fundamentan en la libertad limitada que tenemos los hombres, a las mujeres se les permite todo hasta usar vestimentas de hombres.

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