La minifalda negra

Para continuar con el hilo de posts no tan separados uno de otro, hoy quiero contarles acerca de una anécdota que recuerdo con algo de gracia, debido a que al final, lo que podría haberse convertido en un problema para mí, acabó siendo algo beneficioso.

Corría el año 2010 y yo me encontraba estudiando la universidad. Para estas épocas ya había identificado y aceptado plenamente mi feminofilia, pero nadie lo sabía todavía (mis padres lo sospechaban, pero no lo habían confirmado). Como no disponía de un gran espacio para ocultar mis prendas, la única solución accesible era no comprar demasiadas, y deshacerme rápido de las pocas que adquiría, para evitar que fueran descubiertas por alguien.

Una tarde que estaba pasando en compañía de mi novia de ese entonces, disfrutábamos de una rebanada de pizza afuera de su casa, sentadas en la banqueta y platicando. Un par de días antes yo había acudido a un centro comercial y adquirí una minifalda tableada de color negro y con encaje en la orilla inferior. Decidí guardarla en uno de los compartimentos de mi mochila para no dejarla en casa y arriesgarme a que mis papás la encontraran. Mi novia y yo no estudiábamos en la misma escuela, así que creí que no había riesgo de que la hallara.

¡Qué equivocada estaba! Y es que nunca podemos prepararnos al cien por ciento para lo que el azar nos prepara. Oh, bendita entropía. En algún momento, solicité a mi novia que me dejara entrar al baño de su casa y accedió, pero ella y mi mochila permanecieron en la calle. Yo, confiada en que ella nunca husmeaba en mis pertenencias ni en mi celular, me metí al sanitario sin preocupaciones. Cuando volví, me encontré con mi pareja sosteniendo mi minifalda entre sus manos y mirándola con una mezcla de estupor, asombro y desconcierto. Me paralicé y ella posó su mirada en mí. Su voz emanó de su boca dejando una estela de coraje y duda, para exclamar

-¿Qué es esto?

-¡Sorpresa! –Fue lo único que atiné a decir, improvisando una respuesta y con mi cabeza barajando mil posibilidades en una fracción de segundo.

-¿Cómo que sorpresa?

-¡Sí, sospresa! –Repetí-. La compré ayer para ti, pero estaba esperando el momento justo para dártela.

Su mirada se suavizó y sus ojos dejaron entrever que la duda ya estaba sembrada en su cabeza. En un inicio, como supe más tarde, ella tenía la certeza de que dicha prenda pertenecía a una mujer con quien ella se imaginaba que la había engañado. Pero ahora esa noción comenzaba a desvanecerse para dar paso a la posibilidad de que, efectivamente, la falda la había comprado para regalársela. Lo provechoso del asunto era que yo, por alguna razón que a día de hoy no entiendo, había decidido no retirar las etiquetas que mostraban que la prenda era nueva.

No existía un motivo claro por el que yo le regalara aquella falda. Su cumpleaños no estaba cerca, no avistábamos la celebración de un aniversario, el Día de San Valentín ya lo habíamos festejado, no era Navidad ni Día de Reyes… nada. Ni un solo pretexto. Al preguntarme cuál era la ocasión de tal presente, le dije con algo de rubor en mis mejillas, producto del momento bochornoso que estaba viviendo, que me gustaba cómo se veía con faldas, y que esa era mi manera de pedirle que las usara más seguido. Ella sonrió y yo supe que la batalla estaba ganada para mi bando. Me creyó, y a partir de ese día ella comenzó a poner más esmero en su arreglo personal, cosa que, como dije al principio, fue para mi beneficio, pues yo gané el poder verla con atuendos más sexies y ello redundó en una sustancial mejora de nuestra vida sexual.

¿Alguna vez les ha pasado algo similar? Déjenme un comentario y platíquenme sus historias, yo estaré fascinada de leerlas.

One thought on “La minifalda negra

  1. Muchas gracias por compartir sus experiencias hacen que nos identifiquemos con esta linda adicción de trasvestirnos aunque sea unos minutos en una linda nena, realmente es sensacional el sentir el viento en las piernas depiladas usando una linda minifalda, aunque sea en la soledad de nuestro cuarto poniendo el ventilador y tomando nos fotos que nos hacen recordar esos bellos momentos de estar convertidas en unas bellas mujeres, maquilladas y con peluca, son momentos hermosos, gracias por compartir, reciban un cariñoso beso

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