Mi dualidad masculina y femenina

Me encanta ser travesti. Durante un tiempo, luché contra la idea de ser etiquetada bajo esta palabra. Travesti. Suena dura, ¿no es así? Es un adjetivo agresivo, incómodo y no es fácil ignorarlo. Sobre todo, teniendo en cuenta las connotaciones negativas que genera entre la sociedad; la idea que trae a la mente la palabra travesti está muy alejada de lo que en realidad es, pues la mayoría de las personas la asocia con la prostitución, la obscenidad y la degradación.

Sin embargo, yo sé lo que realmente significa ser travesti y, reafirmando las primeras palabras de este post, me encanta serlo. Es maravilloso tener la oportunidad de disfrutar y apreciar tanto lo masculino como lo femenino. Y no me refiero a aspectos sexuales, sino a artísticos, sociales, conceptuales y de actitud. Alguna vez teorizaba acerca de cómo sería el mundo si todos los hombres sintiéramos la atracción y el culto que los feminófilos tenemos hacia lo femenino. ¿Sería un lugar mejor? Quién sabe, hay infinitos argumentos que pueden avalar un sí o un no. Pero ahora que lo pienso, creo que no me gustaría vivir en ese mundo, en el que el travestismo fuera lo cotidiano, porque entonces, ya no sería travestismo. Ya no habría prendas para hombre o para mujer, todo sería unisex.

Estoy convencida de que una gran parte del atractivo que nosotras sentimos al ataviarnos con vestidos, pantimedias, faldas, zapatos de tacón, y demás prendas que nos ponen la piel chinita, radica en el acto transgresor que implica el saber que esas prendas no nos pertenecen; la cosquillita de saber que se está haciendo algo prohibido, diferente, fuera del molde y de las reglas impuestas por quién sabe quién. Porque, seamos honestas: no nos produce el mismo placer usar una pijama de satín hecha para hombre, con el pantalón y la camisa que no suelen tener ninguna gracia, a utilizar una de mujer hecha exactamente con la misma tela, pero que tenga escote, tirantitos y que tan solo nos llegue a los muslos. Si nos ponen a elegir entre las dos, nos decantaremos por la de mujer. Al menos yo sé que lo haría. No se trata solo de las telas, de las texturas, de las sensaciones, sino también de las formas y del significado inherente.

Por eso me gusta ser travesti, porque puedo cruzar esa frontera de ida y de regreso, sin sentir la necesidad de quedarme a vivir en alguno de los dos lados. Las travestis somos ciudadanas con doble nacionalidad de género. Con dos pasaportes. Y podemos movernos libremente entre ambas naciones, sin restricciones, sin zonas de detención, sin aduanas y sin tener que cuidarnos de la policía fronteriza. Estamos contentas con nuestro género de nacimiento, pero somos lo suficientemente curiosas para no solo preguntarnos qué se sentiría haber nacido mujer, sino para investigarlo, para tratar de experimentarlo. Y también encontramos gozo en ese territorio. Estamos contentas en ambos lados, sin la necesidad de tener que decantarnos por solamente uno.

Comencé a reflexionar acerca de esto por una razón bien simple (y, además, la verdad necesitaba un pretexto para publicar las fotografías que ilustran el post), y fue debido a que por casualidades de la vida, me encontré con una imagen del atuendo que Taylor Swift portó en su performance del Victoria’s Secret Fashion Show 2020. Yo no había visto tal presentación, y entonces me metí a YouTube a verla. Quedé maravillada, boquiabierta, estupefacta, hipnotizada, seducida, y cuantos más adjetivos se les ocurran. Taylor Swift, enfundada en un mini camisón de satín y encaje y cubierta por una enorme y larga bata de las mismas telas, rodeada de súper modelos en lencería y zapatos de tacón. Difícilmente hay algo que irradie más feminidad que haga las delicias de quienes amamos vestirnos de mujer. Obviamente me imaginé en dicho atuendo y me encantó la idea.

Al poco rato me topé con un compañero de trabajo y me platicó lo que pasó después del partido de fútbol que sostuvimos la semana pasada, cómo terminó la velada con otro de nuestros compañeros ya en elevado estado etílico y la suerte que tuvieron al escapar, por poco, de que el asunto terminara en una pelea campal en un bar. Yo no estuve ahí porque tuve que ir a ayudar a mis padres con unos asuntos, pero me vi ahí perfectamente, en mi faceta de hombre, con mi uniforme de jugador mojado por el sudor del partido, bebiendo una cerveza para refrescarme y haciendo frente a los bravucones que busquen pelea. Así soy yo, una linda mujercita que se imagina envuelta en satín y encaje (y que suele hacer realidad dicho sueño), pero también un hombre que no se achica ante las adversidades y la bravuconería.

Sé inequívocamente que esta dualidad no es exclusiva del travestismo, pues conozco (por Facebook, no en persona) a algunas chicas trans que son perfectamente capaces de defenderse por sí mismas y causar severos daños físicos a quien se meta con ellas. No, no es exclusiva, pero sí la tengo y me fascina.

One thought on “Mi dualidad masculina y femenina

  1. Definitivamente es fabuloso tener los 2 mundos a nuestro alcance,el de las hermosas mujeres vestidas y viviendo la hermosa sensualidad de sentirse bella, sentir el aire en las piernas depiladas usando una linda y corta minifalda y el de los hombres formales y trabajadores que disfrutan el fruto de su trabajo viendo un partido de fútbol degustando una cerveza,es verdaderamente fascinante

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