Mi salida del clóset como travesti. El desenlace.

En ese punto me encontraba ya: me había puesto una falda y mi novia lo sabía y lo aceptaba. Sin embargo, no se creía por completo la versión de que era la primera vez que lo hacía. Una serie de errores e inconsistencias en mi fábula me delataron, hasta que, cansada de que yo modificara mi historia para hacerla coincidir con los hechos, me instó a que le contara toda la verdad, asegurándome y garantizándome que, fuera cual fuere, no iba a abandonarme. Así fue que un día la cité en mi casa dispuesta a contarle toda la verdad. Le platiqué que lo hacía desde muy pequeña, que pedía a mi mamá que me vistiera con mi ropón de bautismo, que me ponía un vestido enorme que una de mis tías tenía y jugaba a ser un ángel, que mis papás me descubrieron vestida, la confusión y la desesperación que sentía al creer que yo debía ser homosexual, pero no me sentía atraída por hombres. Le conté todo, no dejé nada en el tintero.

Debo decir que el libro “El travestista y su esposa” de Virginia Charles-Prince, resultó de vital importancia en la aceptación por su parte, aunque también es preciso mencionar que dicha aceptación no se dio por arte de magia ni fue de un día para otro. Nos llevó un par de meses. Tiempo después, ella me confesaría que, cuando no estaba conmigo, lloraba de frustración y se preguntaba por qué tenía que estar viviendo esa situación, por qué no podía tener un novio “normal”. Sin duda fueron meses difíciles para ella, pero al final logró entender mi situación al 100%.

Semanas después, accedió a verme transformada, para lo cual fuimos de nuevo a mi casa y me vestí con las mejores prendas que tenía en ese momento. Aún no contaba con una peluca, y mis habilidades para maquillarme eran incluso más pobres que en la actualidad, así que el resultado no fue muy bueno, pero nos pasamos una tarde muy a gusto y ella vio en mí un lienzo en blanco para practicar nuevos estilos de maquillaje y combinaciones de atuendos. A partir de ese día, ella comenzó a ayudarme en mis transformaciones y a compartir conmigo consejos para aplicarme sombras, rímel, pestañas postizas y demás parafernalia. Nadia se convirtió en una parte muy importante de nuestras vidas.

Cuando llegó el día de mi cumpleaños, me regaló un precioso vestido verde. Yo no me lo podía creer. Para mí, estar viviendo esa experiencia era un sueño hecho realidad. Muchos años los pasé en las sombras, en la oscuridad, en la clandestinidad, confinada en mi habitación, aprovechando las noches para vestirme por unos minutos y ahora, estaba a plena luz, compartiendo mi verdadero yo con el amor de mi vida. Fue una época maravillosa, por la que siempre le estaré eternamente agradecida. No sé si leas esto, pero por si acaso, quiero que sepas que me hiciste tremendamente feliz.

Fue con su ayuda que escogí el nombre que actualmente ostento: Nadia Mónica. Íbamos de compras juntas a las tiendas de ropa o zapatos, y salíamos con varias prendas para cada una. Opinábamos sobre looks, atuendos, combinaciones. Criticábamos o alabábamos a las chicas que veíamos en la calle. Comentábamos cosas como

– ¡Wow! ¿Viste su falda? ¡Está padrísima!

– Mira, ¡esos tacones son increíbles! Necesitamos unos así.

Nunca, ni en mis más alocadas fantasías, imaginé que podría encontrar a una mujer que me aceptara completamente como soy. Y no solo eso, sino que disfrutara ese lado mío, que me alentara a transformarme cuando llevaba un tiempo sin hacerlo, que fuera mi amiga, mi novia, mi aliada en mi feminidad y que comprendiera mi dualidad. Ella supo entender que, lo que me hacía ser el hombre del que se enamoró, esa justamente ese lado femenino tan desarrollado. Supo que las características de mi personalidad que le llamaron la atención como hombre, venían dadas por la mujer que también está en mí. Comprendió que no podía tener al uno sin la otra, y en lugar de intentar separar esos lados, los unió, para que yo estuviera más feliz y pudiera brindarle aún más felicidad de regreso. Supo invertir en mi feminidad para aprovechar mi masculinidad. En mi opinión, una jugada muy inteligente.

Fue también con su ayuda que me decidí a abrir este blog, en un intento por brindar nuestra ayuda y asesoría a parejas que se encontraran en una situación similar y no supieran qué hacer, y servir como un ejemplo de que se puede vivir una vida completamente normal con un feminófilo. Que nuestra condición no es una limitante. Que no somos “menos hombres” que los no-feminófilos. Que el hecho de tener una pareja a la que le guste vestirse de mujer, no implica que dejarás de tener un novio y tendrás una novia en su lugar.

Por azares del destino, y por errores y malas decisiones mías, esa relación llegó a su fin, y no en muy buenos términos. Pero debo confesar que, al día de hoy, ella es el amor de mi vida. Nadie me ha hecho tan feliz como ella lo hizo y sigo extrañándola. No nada más por su aceptación, sino por muchas cosas más. Si yo pudiera hacerme con una máquina del tiempo, sin duda viajaría al pasado y evitaría tomar la mala decisión que me llevó al rompimiento.

El mensaje final que quiero transmitir con esta serie es que no es imposible encontrar a alguien que te acepte y te ame con todo lo que eres. Claro que no es fácil, pero no es imposible. Hay esperanza. Yo lo viví y te puedo decir que es increíble y que vale cada minuto de espera por la persona ideal. ¡Solo sé paciente! Escoge el momento oportuno para hablarlo con tu pareja y haz un plan para contarle tu secreto. No escondas nada, no digas mentiras. Ábrete y deja que te vea en tu totalidad. No te mentiré, existe la posibilidad de que las cosas no salgan bien, pero también está la opción de vivir la mejor etapa de tu vida. Arriésgate, pero planéalo. No solo te avientes al vacío.

Aprovecho estas últimas líneas de esta serie de posts para decirle a esa exnovia gracias. Tú me mostraste lo bello de la vida y yo, al final, acabé lastimándote. Pero quiero que sepas que, sin importar lo que hayan podido decirte de mí, el tiempo que estuvimos juntos fui totalmente sincero contigo. Nunca fingí ser alguien que no soy. Tú me has conocido como nadie más lo ha hecho. Perdón por las heridas y gracias por todo lo hermoso que me dejaste vivir a tu lado. Siempre te recordaré como lo más bonito que me ha pasado en la vida. Sé feliz y cuídate mucho.

-R.

Mi salida del clóset como travesti. Prólogo.

Mi salida del clóset como travesti. La confesión.

Mi salida del clóset como travesti. Se lo digo a mi novia.

5 thoughts on “Mi salida del clóset como travesti. El desenlace.

  1. Siempre he disfrutado mucho tu blog, sobre todo porque vives tu feminofilia como la he vivido yo, los posts tienen el tono preciso con el que me siento más cómoda. Todo en general me gusta mucho.
    Como viviste tu salida del closet y como tuviste una etapa tan hermosa es algo que incluso me conmueve. Bien por ti que hayas tenido todos es momentos felices. Que mal que hayan terminado las cosas con tu novia.
    En mi caso yo no salí del closet. Me sacaron. Mi esposa me confiscó toda mi ropa y mis cosas, que había logrado reunir a lo largo del tiempo y me comprometí a no vestirme de nuevo. Ahora lo extraño. Quien sabe, quizás algún día.

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    • Hola, Mónica! Somos tocayas jajaja. Muchísimas gracias por tomar el tiempo para leer mis escritos, realmente es lo que me motiva a seguir compartiendo mis locas ideas y mis experiencias.
      Lamento mucho saber lo que te ocurrió en tu relación, pero, al menos, tu esposa no te abandonó y eso es un gran plus.
      Ojalá que algún día encuentres la manera de vestirte sin que ello represente poner en riesgo tu relación. Es mi mejor deseo para ti, Mony.
      Saludos.

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