Cómo convivir con mi pareja que se viste de mujer.

Antes que nada, no importa si fue tu pareja quien decidió contarte su feminofilia o si tú lo encontraste en flagrancia ataviado con las ropas femeninas de su elección. Lo que importa es que decidiste escuchar sus razones y estás intentando comprender y convivir con este gusto de tu novio o esposo. Eso demuestra el amor que le tienes y las ganas de que su relación funcione. ¡Felicidades!

Lo primero que recomiendo es establecer acuerdos. Ninguna de las partes debe sentirse sometida a la voluntad de la otra; ni el feminófilo debe abusar de la disposición de su esposa o novia y comenzar a transformarse cuando le venga en gana, ni la pareja de este debe limitar excesivamente las sesiones de vestirse y relegarlas, por ejemplo, a diez minutos cada dos meses.

En un post anterior mencioné que el hecho de aceptar la feminofilia de tu pareja no implica que a partir de ese momento tendrás una novia o esposa en lugar de un novio o un esposo. No se trata de eso, sino de alcanzar un balance, un punto en el que tú como mujer sigas teniendo al hombre del que te enamoraste y que escogiste como pareja, y en el que él pueda seguir alimentando esa feminidad ocasional que le permite ser esa persona de la que te enamoraste, sin que alguno sienta que está sacrificando algún aspecto crucial de su vida.

En algún momento tendrás también que enfrentarte a la decisión de si quieres o no convivir con ese lado feminófilo de tu par. Si decides aceptarlo, pero no involucrarte, es algo completamente válido y respetable. Solo considera que habrá que destinar un lapso, previamente convenido, para que tu compañero pase tiempo a solas satisfaciendo esa necesidad por ataviarse con atuendos femeninos, y si ya es parte de un trato, no deberían existir de tu parte enojos, molestias ni reclamos al saber que no está contigo porque se está travistiendo, ni tampoco buscar excusas para que se quede contigo en lugar de aprovechar esos lapsos acordados.

Si, por el contrario, no tienes ningún problema en verlo así vestido y convivir con él de esa manera, toma en cuenta que cuando esté transformado, lo conveniente será tratarlo y referirte a él como mujer. Ya será también decisión mutua si se permiten besos o el trato de pareja mientras él se encuentre en su rol de chica, o se limitarán a tratarse como amigas.

A manera de experiencia personal, comentaré lo que viví con una pareja a quien le conté y aceptó mi feminofilia. Dejando de lado cómo fue el proceso de contarle qué fue lo que nos ayudó a la aceptación por su parte, porque eso será tema de otro post, contaré cómo logramos compaginar mi afición por las prendas femeninas con nuestra relación amorosa. Comenzamos estableciendo que solo tenía permitido transformarme en Nadia durante los fines de semana, y también acordando que no habría secretos al respecto de mi travestismo: nada de vestirme a escondidas si me daban ganas entre semana. Si tal cosa ocurría, mi compromiso era decírselo y veríamos cómo llegábamos a un acuerdo especial al respecto. En la misma línea, tampoco era forzoso que me vistiera llegado el fin de semana. Si no me apetecía hacerlo, no estaba obligada.

Ella estuvo de acuerdo en convivir con Nadia desde que se enteró de su existencia. Sin embargo, es necesario comentar que pasó un par de meses entre el día que le confesé mi secreto y la fecha cuando por fin se animó a verme vestida, y ese lapso lo pasamos informándonos y preparándonos para el evento. Llegado el día, no hubo sorpresas, ni traumas, ni reclamos. Nervios sí, muchos, de parte de ambas, pero conforme avanzaba el tiempo cada una nos íbamos sintiendo más cómodas. Las primeras veces nos limitamos a ser amigas, nada de hacer cosas de pareja mientras yo estaba transformada. Eventualmente comprendió que yo era la misma persona de la que ella se había enamorado, y que lo único diferente eran las prendas que me cubrían; esas ropas no modificaban mi esencia, y fue así como comenzamos a tratarnos de igual manera mientras yo estaba vestida que cuando no lo estaba.

Fue muy importante para nosotras respetar los tiempos establecidos para comportarme como hombre y también para hacerlo como mujer pues, como ya mencioné antes, era necesario hacerle saber y sentir que ella aún tenía a su novio, que no se había transformado de repente en una novia. Claro que dichos tiempos no eran inflexibles, pero lo más vital era la comunicación y la confianza.

Si están en una situación similar, les aconsejo que lo hablen y lo platiquen con toda la honestidad, y estoy segura que encontrarán una solución que resulte beneficiosa para ambos.

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