La culpa de travestirse

De acuerdo con mi terapeuta, la culpa no es un sentimiento innato, es decir, no nacemos con ella programada en nuestro abanico de emociones. Es algo que se aprende de la sociedad y el entorno que nos rodean. Su propósito: mostrar que estamos arrepentidos y que entendemos que lo que hicimos no estuvo “bien”, de acuerdo al código de conducta establecido por dicha sociedad.

Como he comentado en ocasiones anteriores, mi feminofilia comenzó desde una edad muy temprana. Recuerdo que en aquellos días solía pedirle a mi madre que me vistiera con un atuendo de mi bautismo que se asemejaba a un vestido. Yo lo hacía con toda la inocencia y sin culpa alguna, pues no sabía que era “malo” pero, con el tiempo aprendí que no “debía” sentir atracción por las prendas femeninas y comenzó la culpa por este gusto.

Eso me llevó, como creo que a muchas de nosotras, a refugiarme en la clandestinidad. A aprovechar los exiguos minutos a solas para vestirme con las escasas prendas que podía esconder en los rincones más variopintos de mi habitación. Al terminar de “vestirme” estaba tan excitada que inevitablemente venía la masturbación e inmediatamente después me invadía la mayor culpa y vergüenza de todas, que me llevaba a despojarme de esas prendas a toda velocidad, para después tirarlas y jurar que nunca lo haría de nuevo.

Pero ¡adivinen qué! De manera invariable, recaía. A veces unos días después, a veces incluso sólo unas horas después, y el ciclo se repetía. Yo hacía planes cada vez más sofisticados para no volver a vestirme de mujer. Me autoimponía castigos y sanciones con el fin de evitar hacerlo, pero nada funcionaba. Antes y durante el proceso de travestirme me sentía muy bien; motivada, emocionada, feliz. Pero, después, me sentía sucia, avergonzada e, incluso, pecadora, debido a mi educación bajo la religión católica tradicional.

Querida amiga feminófila: si tú estás en esta situación, quiero decirte que esta etapa es completamente normal y es parte del proceso de autoaceptación. La feminofilia o el travestismo heterosexual no es una enfermedad ni algo por lo que deberías sentirte avergonzada. Forma parte integral de quién eres y no puedes separarlo de ti. Es algo de lo que te hace ser tú. Aprende a aceptarte primero tú, si deseas que eventualmente los demás te acepten. Debes saber de antemano que, no importa cuánto arrepentimiento o culpa sientas luego de vestirte de mujer, es una sensación que siempre regresará. Te lo digo por experiencia.

Puedes tratar con todas tus fuerzas de alejar ese sentimiento de ti. Puedes prometerte dejarlo. Probablemente lo intentarás con toda la voluntad el día en que tengas novia o conozcas a una mujer con quien quieras compartir tu vida. Es muy probable que lo logres contener durante un tiempo; unas semanas, unos meses o, en el mejor de los casos, unos años. Pero déjame decirte, también por experiencia, que tarde o temprano las ganas por vestirte volverán, y con más intensidad entre más trates de reprimirlas.

Mi recomendación: acéptalo. ¡Vive tu travestismo sin culpas y disfrútalo! Que definitivamente te traerá muy buenas experiencias.

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