La feminofilia y el feminismo

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Hace algunos años leí un post en algún blog (juro que estoy tratando de recordar en cuál para poner el link) que hablaba sobre un tema parecido a este. ¿Qué tanto las feminófilas “traicionamos” los principios del feminismo? Es una pregunta que tiene respuestas complicadas, a mi parecer. Nunca me ha gustado generalizar, porque toda situación es diferente y cada feminófila tiene su historia y sus motivaciones, pero en estos casos es conveniente hacerlo.

Los hombres que gustamos de vestirnos con prendas femeninas tenemos una imagen de la mujer que las feministas tratan de cambiar. Nosotras imitamos a un estereotipo de mujer. Tenemos una idea preconcebida de cómo ser femeninas. Nuestros atuendos, por regla general, incluyen faldas, tacones y vestidos; las que podemos hacerlo, optamos por depilarnos las piernas y las axilas; disfrutamos de realizar las labores del hogar, argumentando que de esa manera nos sentimos “más femeninas”. Compramos muñecas para decorar nuestras habitaciones, adquirimos prendas de color rosa, porque es “de mujer”; fantaseamos con ser secretarias, sirvientas, u otras labores que requieran cierta “esclavización”, porque de esa manera nos sentimos “dominadas”, implicando que así es como una mujer debe ser: subyugada.

De manera inconsciente, declaramos que una mujer debe maquillarse, tener el cabello largo, las uñas pintadas y arregladas, y que su remuneración debe provenir de empleos que no plantean grandes retos intelectuales. Aquéllas que son bisexuales u homosexuales incluso se ven a sí mismas como la clásica esposa de épocas pasadas: en la casa, atendiendo a la familia y esperando la llegada del marido para atenderlo también. Se imaginan cocinando, barriendo, limpiando y teniendo todo listo para el señor esposo. Incluso he visto publicaciones en algunas redes sociales de chicas travestis preguntando si algún hombre está interesado en regalarles tacones o prendas a cambio de sexo, estipulando también una dependencia económica.

Frecuentemente declaramos que nos vestimos de mujer porque las admiramos tanto que queremos ser como ellas. Creo que esas actitudes no son de admiración. Qué distinto sería si nos imagináramos como ingenieras, científicas, si soñáramos que somos mujeres empoderadas, libres, que no necesitan maquillarse para ser mujeres, ni parejas que les regalen cosas. Eso, eso sí sería un tributo a las mujeres que tanto “admiramos”.

Se los dejo para que reflexionen. Los travestis/feminófilos estamos colaborando ampliamente a perpetuar la imagen de la mujer oprimida, un estereotipo que no le ha hecho ningún bien a nuestra especie. Sé que es inevitable, pues lo que nos atrae es precisamente la idea de las prendas, las pelucas, los tacones, el maquillaje. Solo las invito a tomar medidas para contrarrestar estas acciones. Cuando estén de hombres, traten bien y cuiden a sus mujeres. Déjenlas ser libres, desarrollar todo su potencial. Seamos empáticas con el género que tanto deseamos imitar.