Un relato de travestismo heterosexual, parte 4.

El trayecto a casa no era muy largo; treinta minutos en auto separaban ambos hogares. Mamá intentó conversar con Rodrigo durante ese lapso pero, al no obtener nada más que monosílabos como respuesta, decidió dejar morir la conversación. En cambio, pidió a papá que hicieran una parada en el centro comercial para abastecerse de víveres que hacían falta en el hogar. Después de aparcar el automóvil en el estacionamiento de la plaza comercial, papá pidió a Rodrigo que acompañara a mamá mientras él esperaba en el auto, de esa manera las compras serían más rápidas.

-Hijo -dijo mamá-, trae un carrito de súper para poner las cosas que vayamos comprando. No tengo una lista, pero compraremos lo indispensable.

Al adentrarse en la tienda, fueron bombardeados por carteles que anunciaban grandes descuentos en los departamentos de electrónica, papelería, línea blanca y ropa. Tras examinarlos superficialmente, mamá decidió darse una vuelta por el departamento de ropa para damas y ver si había algo que valiera la pena. Rodrigo, todavía malhumorado y confundido, siguió a mamá. Una vez llegaron al departamento de Damas, lo primero que Rodrigo vio fue una vasta colección de faldas escolares en oferta, dada la proximidad del regreso a clases. Había de cuatro colores: blancas, negras, azules y cafés. Cafés, como la de Valeria. Ciento cincuenta y nueve pesos con noventa y nueve centavos, era el precio de cada una. Por primera vez en su vida, Rodrigo pudo ponerle precio a un sueño; ciento cincuenta y nueve pesos con noventa y nueve centavos costaba su felicidad en aquel momento.

Mamá revisó algunas prendas de manera superficial pero decidió no adquirir nada y darse prisa con las compras, debido a que papá esperaba en el auto. Salieron de la tienda con un par de bolsas y las pusieron en el maletero; abordaron el auto y pusieron rumbo a casa. Rodrigo parecía estar ya de mejor humor, pero mostraba cierta impaciencia por llegar.

-¿Todo bien, hijo? -Preguntó papá mirándolo por el espejo retrovisor y notando la impaciencia del pequeño-.

-Sí, papá -respondió éste con voz temblorosa y evitando mirar a su padre-. Es solo que me han dado ganas de ir al baño, es todo.

-Podrías haber aprovechado e ir a los sanitarios del centro comercial.

-Ya. Pero es que no he tenido ganas entonces.

-Aguanta -intervino mamá, falta solo un poco para llegar. Mientras tanto, trata de no pensar en líquidos.

-¡Mamá! -Protestó Rodrigo-.

Ni bien se había detenido el auto al llegar a casa, Rodrigo abrió la puerta y descendió del vehículo vigorosamente. Pulgoso se asomó por la ventana moviendo su cola de manera frenética, ladrando y arañando el vidrio en señal de reclamo por haberlo abandonado tantas horas. Mamá se acercó llaves en mano mientras papá bajaba del maletero las bolsas de las compras. Una vez la puerta estuvo abierta, Rodrigo subió corriendo las escaleras, ignorando las advertencias de mamá, y se encerró en el baño. Allí dentro, se quitó deprisa el pantalón y la sudadera, quedando al descubierto un bulto bajo su playera. Al despojarse también de esta, cayó al suelo la prenda mágica que representaba para el supermercado una pérdida de ciento cincuenta y nueve pesos con noventa y nueve centavos.

One thought on “Un relato de travestismo heterosexual, parte 4.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s