La diferencia entre vestirme y transformarme.

How-to-Paint-Nail-Polish-742x496

Hoy me han dado ganas de vestirme de mujer.

Nada raro, ¿verdad? Considerando mi feminofilia. Sin embargo, un hecho que ya me había sucedido en innumerables ocasiones, y que había pasado inadvertido en todas ellas, hoy llamó mi atención: no quise esforzarme demasiado; la actividad de esta tarde estuvo lejos de las transformaciones a fondo que suelo hacer cuando Nadia viene a visitarme. Me limité a ponerme una blusa lisa (sin siquiera utilizar un brassiere o bralette), un par de pantalones holgados sobre unos undies de mujer, y unos zapatos sin tacón. Nada de lencería súper elegante, ningún vestido sofisticado, maquillaje o peluca fue añadido a mi atuendo. ¡Ah! También es necesario recalcar que me he dejado crecer la barba desde hace un par de meses, y no quise afeitármela tampoco.

¿Qué es lo que sucede? ¿Acaso estoy perdiendo las ganas de dejar salir a mi mujer interior? ¿Poco a poco me estoy “curando” de mi travestismo? Mmmm no, no lo creo (y quiero dejar bien claro que ser travesti no es ninguna enfermedad que requiera una cura). Simplemente creo que he identificado dos diferentes ramas en este árbol que me lleva a vestirme de mujer.

La primera de ellas es la transformación como tal. Este ritual es el que a todas nos fascina, y a veces es incluso más disfrutable el proceso que el resultado en sí mismo. La transformación es completa, es total. En mi caso, comienza afeitándome la barba al ras, metiéndome a la ducha y rasurando todo mi cuerpo, para lo cual incluso utilizo un rastrillo de mujer… todo tiene que ser femenino en este proceso; continúo depilando mi entreceja y dando forma a mis cejas, retirando todos los vellos que estén fuera de la forma natural que tienen. Luego, viene la elección de la ropa interior, cosa que es complicada dada la cantidad de opciones de las que dispongo. Una vez que he escogido algo, toca tomar la decisión del atuendo: ¿blusa lisa o estampada? ¿Vestido, falda o pantalón? ¿Pantimedias negras, naturales o decoradas? ¿Zapatos de tacón o de piso? ¿Abiertos o cerrados? Cuando ha terminado este difícil proceso, viene mi parte favorita, que es el maquillaje. Debo reconocer que soy pésima maquillándome, pero eso no quita el hecho de que disfruto enormemente hacerlo. Me gusta también ponerme pestañas y uñas postizas, cuando tengo el tiempo de hacerlo. Finalmente, la peluca. Después de que estoy totalmente transformada, viene el irrefrenable deseo de tomarme muchas fotos. Una vez satisfecha con las imágenes, y después de pasar un rato haciendo actividades cotidianas vestida de esa forma, comienza el proceso inverso, para regresar a mi faceta masculina.

La otra rama la llamo simplemente “vestirme”. No es una transformación, pues no estoy haciendo todos los pasos descritos en el punto anterior. Es simplemente lo que hice hoy: tomar una blusa, un pantalón, unos zapatos y listo. Mi necesidad de vestirme de mujer está cubierta. Me siento a gusto también así. Algunas veces el vestirme responde simplemente a la falta de tiempo para hacer la transformación completa, pero otras veces es únicamente que es lo que necesito. No siempre requiero de pestañas, uñas, maquillaje y peluca para sentirme femenina, y es algo que también disfruto demasiado.

A ustedes ¿les ocurre algo similar? ¿O solo a mí? ¡Comenten!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s