¿Por qué me gusta vestirme de mujer?

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Iba a titular este post “¿Por qué las feminófilas nos vestimos de mujer?”, pero decidí no hacerlo debido a que cada una tendrá sus propias razones, que no necesariamente serán iguales a las mías. Escribo esta entrada debido a que la novia de una chica feminófila me comentó que lo que más le ha costado trabajo entender es por qué nos gusta “vestirnos”.

Existe una respuesta que, desde mi punto de vista, es un estereotipo: decir que lo hacemos porque admiramos tanto a las mujeres que queremos experimentar lo que se siente ser como ellas. No dudo que lo anterior será cierto para algunas, pero estoy convencida que para la gran mayoría de nosotras funciona sólo como una respuesta fácil para evitar profundizar en explicaciones que no son nada sencillas de expresar.

Si en este momento alguien me pregunta por qué me gusta tanto vestirme de mujer, mi más honesta respuesta es: no lo sé. Y no respondo así con afán de cambiar de tema o de esquivar la explicación, sino que después de muchos años de darle vueltas al asunto en mi cabeza he concluido que no sé por qué, pero me fascina hacerlo.

Soy tradicionalmente una persona que investiga las razones de todo lo que me interesa, me gusta saber no solo cómo funcionan las cosas, sino por qué funcionan así; es por eso que durante las etapas más tempranas de mi feminofilia buscaba ávidamente una razón que explicara satisfactoriamente mi afición por vestirme, sentirme y actuar como mujer. Probé con la explicación “estereotipo” que mencionaba antes, y funcionó para autoconvencerme por un tiempo, pero se vino abajo cuando descubrí que hay muchas mujeres a quienes no les gusta ser femeninas. Concluí entonces que la frase “experimentar lo que se siente ser mujer” no tiene sentido, dado que “ser mujer” no significa lo mismo para todos, ni siquiera para las propias mujeres.

Probé después el argumento de que me gusta la textura de las telas de las prendas femeninas, pero cuando mi novia me preguntó si usaría con la misma emoción una pijama de satín para caballero que una de la misma tela para dama, me di cuenta de que las telas por sí mismas no son el motivo tampoco. Vamos, que aunque una minifalda sea de la misma mezclilla que mis jeans de hombre, prefiero mil veces vestir la minifalda. Además de que esa respuesta no explica por qué más allá de las prendas, me gusta también aplicarme maquillaje y usar peluca y tacones cuando me transformo en Nadia.

Después de años y años de introspección, de pasar incontables horas buscando una explicación para este sentimiento que me caracteriza, llegué a la conclusión de que me gusta vestirme de mujer por que sí. Y si yo estoy conforme con esa respuesta, debes estarlo tú también cuando me preguntas la razón. Sé que no es una explicación reveladora y que no aclara ninguna duda, pero es sencillamente que no hay nada que aclarar. Solo aceptarlo.