El arte de ser clandestina.

GUARDA

Ser feminófila de clóset y vivir con tus padres es una mala combinación. Una mezcla que, en mi caso, me ha dejado algunos malos ratos derivados de haber sido descubierta en fragante ataviada con ropas de mujer. Dicen que cada mala experiencia es un aprendizaje, y estoy convencida de que es una gran verdad, pues a partir de que mis padres me cacharan vestida en un par de ocasiones (que debo admitirlo, se debieron a descuidos míos) me volví mucho más cuidadosa, cayendo a veces en la obsesión, a la hora de prestar atención a los detalles en cada una de mis transformaciones.

Tengo la suerte de ser hija única, y durante mi adolescencia fui afortunada de que mis dos padres trabajaran, así que tenía las tardes para mí sola, mismas que disfrutaba abriendo el guardarropa de mi madre de par en par y utilizando todas sus hermosas y suaves prendas. Sin embargo, debido a las ocasiones en que fui descubierta, suponía que mis padres estarían alerta ante cualquier indicio que pudiera delatar la manera en la que pasaba mis tardes, así que antes de tomar una prenda de su lugar, me fijaba entre cuáles estaba ubicada, el lado hacia el que el frente de la prenda miraba, el color del gancho del cual colgaba y su posición exacta. Si se trataba de alguna blusa que no estaba colgada, sino doblada y metida en un cajón, de igual manera tenía qué memorizar entre qué otras se encontraba, y volverla a doblar con los mismos pliegues, de modo que no se notara movimiento alguno.

Cabe mencionar que dichas precauciones no sólo las tomaba con la ropa, sino también con el maquillaje, los zapatos y los accesorios. Mi paranoia era tal, que incluso estaba convencida de que algunas veces mi mamá colocaba sus cosas de un cierto modo intencionalmente, para poder detectar si su indumentaria era manipulada por mí, y mirando en retrospectiva quizás no estaba muy equivocada al respecto. Se dice que la intuición de una mujer es un arma poderosa, y más si se trata de una madre, así que una parte de mí me dice que mi mamá intuye que me agrada vestirme de mujer, aunque seguramente no quiere enfrentar el hecho por temor a que su hijo sea homosexual (lo cual no es el caso, pero ella cree que lo sería).

Hoy sigo viviendo con mis padres. Algunas semanas transcurren completas sin que ni un sólo día utilice ropa interior de hombre, pues utilizo sólo mis pantys de mujer. Sin embargo, como mi mamá se encarga de la lavandería en casa, a diario debo tomar calzones limpios de mi guardarropa de hombre y arrojarlos al cubo de la ropa sucia, para no levantar más sospechas de las necesarias.

¿Vives o has vivido una situación similar?

One thought on “El arte de ser clandestina.

  1. Viviendo con mis padres, definitivo. Es mi guarida y bodega de mi ropa, zapatos y accesorios. Desde que empecé a comprar una cantidad considerable de ropa fue imposible evitar ser descubierto. Por fortuna hablamos al respecto y si bien aceptan mi estilo de vida, a veces me recriminan lo que gasto en ello.

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