La importancia de llamarse.

Hola

Recuerdo que durante la Secundaria y los primeros años de Preparatoria tenía mucho tiempo a solas, mismo que aprovechaba para vestirme de mujer. Durante aquéllas sesiones de crossdressing, me conformaba con ponerme las prendas de mi mamá y andar así por la casa haciendo mis actividades cotidianas. Cuando sabía que se acercaba la hora en que mis padres llegarían, me quitaba la ropa de mujer, la guardaba cuidadosamente en su lugar, me ponía mi atuendo masculino y la vida seguía como si nada.

Creo que todas, o al menos la mayoría de nosotras, tenemos lo que se conoce como role models. Es decir, nos identificamos con una figura femenina y buscamos ser como ella e incluso, por qué no decirlo, nos imaginamos ser ella, mientras estamos disfrutando de nuestra feminidad. Mi role model de aquellos años se llama Rachel Stevens, quien pertenecía a un grupo de Pop adolescente llamado S Club 7.

Rachel+Stevens+Rach

Cuando me encontraba vestida, yo era ella, imaginaba vivir su vida, cantar sobre el escenario, asistir a las sesiones fotográficas y dar autógrafos a mis admiradores… a falta de una identidad propia como mujer, tomaba la de ella.

Pero al ir creciendo, mientras mi personalidad se desarrollaba cada vez más y veía la vida de manera diferente, me di cuenta de que no quería imaginar ser una mujer, sino ser yo misma una mujer (aclaro, sólo mientras estaba vestida) y se fue haciendo necesario construir esa identidad. Es algo que, según he visto ahora que pertenezco a varios grupos y páginas de Facebook que tratan sobre el tema, hacemos todas las feminófilas: adoptar un nombre de mujer sobre el cuál construimos nuestro personaje.

En esas épocas de Secundaria y Prepa yo no sentía la necesidad de tener un nombre de mujer, pues vestirme era suficiente. Ahora ya no. Hoy no sólo me visto, sino que me transformo en Nadia Mónica, quien tiene sus propios gustos, su manera de ser, de expresarse, de pensar. Estoy convencida e que toda feminófila necesita un nombre de mujer, pues ayuda incluso a diferenciar nuestro lado masculino de la vida diaria, de esa parte femenina propia de la intimidad.

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No conozco el nombre de varón de mis amigas feminófilas y es algo que no me interesa, porque dejaríamos de ser amigas para entrar en terrenos en donde quizás ya no tengamos nada en común. Prefiero conocerlas sólo por eso que disfrutamos en igual medida: la ropa de mujer.

Actualmente sigo teniendo role models, mujeres a las que admiro y de las cuales trato de sacar lo mejor de su comportamiento, modales y estilo. Pero ya no imagino ser ellas, sino que trato de aplicar esas mejoras a mi propia personalidad femenina.

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