¿Soy gay? ¿Soy travesti? ¿Soy transexual?

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Quiero aprovechar este espacio de expresión para intentar ayudar a aquéllas feminófilas que se encuentran todavía en proceso de autodescubrimiento, pues sé que el proceso de aceptación no suele ser nada sencillo debido a la poca información que existe sobre el tema. Esperando realmente que este post les sea de ayuda, comencemos entonces.

¿Es malo ser hombre y vestirse de mujer? El acto de disfrutar vistiendo atuendos femeninos no tiene nada de malo por sí mismo. Mientras no afectes a otras personas, vestirte de mujer es algo que puedes disfrutar en tu intimidad alejado de remordimiento alguno. Es parte de tu forma de ser y no debes sentirte avergonzado al respecto. No es algún defecto físico, no es una enfermedad ni mucho menos un signo de locura. Es un gusto. Nadie ha insinuado jamás que el hecho de que te guste más la vainilla que el chocolate quiere decir que estés loco, ¿o sí?

Si me gusta vestirme de mujer, ¿significa eso que debo operar mi cuerpo para convertirme en una? No necesariamente. Este es un punto delicado debido a la amplia gama de personalidades y gustos de cada ser humano. Lo que debes tener bien presente en todo momento es cómo te sientes en tu interior. Pregúntate cosas como ¿siento que soy una mujer? ¿Me gustaría estar vestida como mujer todo el tiempo? ¿Me atraen los hombres? ¿Me gustaría dejar de tener pene y tener vagina? Más importante aún que hacerte estas preguntas, es el hecho de que las respondas honestamente. Recuerda que para lograr que los demás te acepten es indispensable aceptarte tú mism@ primero. El test COGIATI (Combined Gender Identity And Transsexual Inventory, o Identidad Sexual Combinada e Inventario Transexual) puede ser un excelente punto de inicio para descubrir quién eres en cuanto a temas sexuales se refiere. ¡Lo mejor es que está disponible en español! Accede a él dando clic aquí.

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¿Cuál es la diferencia entre un travesti, un feminófilo y un transexual? Ninguna. Todas son personas y seres humanos. Sin embargo, y con el único propósito de aclarar un poco más el panorama, me permito dar las siguientes definiciones:

Un travesti es una persona, puede ser de género masculino o femenino, que disfruta vistiéndose y actuando como un ser del género opuesto por períodos relativamente cortos de tiempo. La ropa que usa no está de ninguna manera ligada a sus preferencias sexuales ni a su autorreconocimiento como hombre o mujer. Es decir, aunque esté vestid@ con la indumentaria propia del género opuesto, es perfectamente consciente de quién es en realidad y no desea cambiar de sexo. Lo que sí puede suceder es que esta persona, el travesti, sienta atracción física y sexual por personas de su mismo género, por el opuesto, o por ambos.

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Por otro lado, un feminófilo es un subconjunto de los travestis. Podemos definir a un feminófilo como un hombre travesti (que le gusta vestir como el género opuesto, o sea, como mujer) y que, al igual que éste, no desea cambiar permanentemente su sexo biológico. La principal diferencia entre un feminófilo y un hombre travesti, es que el primero es 100% heterosexual, es decir, que aunque esté vestido con ropa femenina sigue manteniendo su gusto por las mujeres, mientras que el segundo puede ser homosexual o permitirse fantasear o llegar a mantener relaciones sentimentales y/o sexuales con hombres, al menos mientras está en el papel de mujer. En palabras más simples, un feminófilo es un hombre travesti heterosexual.

Por último, un transexual es una persona que ha iniciado o completado el tratamiento psicológico, médico y quirúrgico para transformarse en una persona del género opuesto a aquél con el que nació. Se les suele llamar “mujeres atrapadas en cuerpos de hombres” o visceversa, antes de iniciar su tratamiento. Estas personas no se sienten satisfechas simplemente con vestirse de hombres o mujeres (según corresponda) de vez en cuando, sino que desean ir más allá. Sienten que sus cuerpos no corresponden con sus personalidades, y que es vital para ellas buscar transformarse en lo que en realidad son, vivir de manera permanente como el género con el cuál se identifican. Una vez más, ese sentimiento no está ligado con sus preferencias sexuales, pues existen casos de hombres que se transforman en mujeres pero siguen conservando su gusto por éstas.

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¿Dios me va a castigar si me visto de mujer? ¿Es pecado vestirse de mujer? No me gusta entrar en temas religiosos, pues son susceptibles a interpretaciones personales, temporales e incluso geográficas. Sin embargo, y recalcando que este es mi punto de vista particular, estoy convencida de que lo que a Dios le importa, en cualquier religión, es que seas una buena persona. Que seas honesto, que ayudes a los que te rodean, que seas una persona de provecho y te guíes bajo los preceptos de la ética y la moral. Y para hacer todo eso, la ropa que te guste utilizar es completamente irrelevante.

Me gusta vestirme de mujer. ¿Deben gustarme los hombres? No somos capaces de controlar nuestros gustos, pues éstos son emociones y como tales no provienen de un proceso racional. Imagínate ¡qué genial sería decidir que a partir de hoy te gustarán más las verduras que la comida chatarra, o que te gustará más leer que jugar videojuegos! Lamentablemente las cosas no funcionan así. Te gusta lo que te gusta y no hay manera de remediarlo. Lo que sí puedes y debes hacer es ser honesto contigo mismo y aceptar aquéllo que te gusta sin importar las convenciones sociales. Nadie, ni tú mismo, tiene el poder de imponer lo que te debe gustar y lo que no.

¿Debo confesarle a alguien que me gusta vestirme de mujer? Lo más recomendable es que sí, por tu propio bien. Es mucho más sencillo compartir este secreto con alguien, pues el diálogo puede servir como una manera de descargar la presión, de desahogar tus preocupaciones y problemas. Es recomendable que sea una persona digna de toda tu confianza, que no divulgue esta información sin tu expresa autorización y que además sea una persona plenamente capaz de comprender todos los aspectos de este fenómeno, alguien que no intente cambiarte o “curarte”, pues te recuerdo nuevamente que esto no es una enfermedad. Si te decides a contárselo a alguien, te recomiendo ampliamente que tú y esa persona lean el libro “El Travestista y su Esposa” de Virginia Charles-Prince (disponible aquí), además del post “Feminofilia: preguntas frecuentes” (aquí) para una mayor y mejor comprensión del tema.

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¿Soy la única persona a la que le ocurre esto? Para nada. Debido a la propia naturaleza del fenómeno, y a que no todos vamos por la vida anunciando que nos gusta vestirnos de mujeres, es difícil tener una estadística de la presencia de la feminofilia en nuestra sociedad, pero algunas estimaciones afirman que, si se elige un grupo de 20 hombres al azar, existe una alta probabilidad de que al menos uno de ellos sea feminófilo. En fin, quizás sea un dato demasiado optimista, pero en internet podrás encontrar grupos de personas con gustos similares a los tuyos y te darás cuenta de que ¡no estás solo!

Realmente pongo mis esperanzas en que esta información que he escrito ayude a aclarar más esas dudas que tienes acerca de quién eres y qué es lo que quieres hacer. Recuerda que si tienes alguna duda, comentario o sugerencia, puedes ponerte en contacto conmigo a través de los comentarios, o directamente por medio de mi cuenta de Facebook: Nadia Mónica Martínez, o mi dirección de correo electrónico: nadia_m.mtz@hotmail.com. Vive feliz y nos leemos después.

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