45 razones por las que es maravilloso sentirse mujer.

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El presente post es una traducción de un artículo en inglés titulado 101 Reasons Why I Want To Be A Girl (101 razones por las que quiero ser mujer) leído originalmente en este enlace. Se trata de las razones de una persona transexual, es decir, que nació hombre pero quiere transformarse permanentemente en una mujer. Sin embargo, fui capaz de encontrar algunas razones válidas que aplican también a nosotras las feminófilas, algunos puntos que, sin transformarnos definitivamente en mujeres, sin duda podremos disfrutar. Aquí la lista.

01.- Que te digan cosas como “tierna” o “bonita”.
02.- Vestidos y faldas.
03.- Medias y pantimedias.
04.- Tacones.
05.- Maquillaje.
06.- Manicuras y pedicuras.
07.- Joyería, especialmente aretes.
08.- Jeans a la cadera.
09.- La experiencia de comprar tu primer bra.
10.- Preocuparte de que el bra se vea a través de tus blusas delgadas.
11.- Tener que arreglar tu cabello cada mañana.
12.- Vestidos cortos.
13.- Tener que despertar una hora más temprano para alaciar o rizar tu cabello.
14.- Bikinis.
15.- Depilarte o rasurarte las piernas.
16.- Vestidos largos formales.
17.- Preocuparte de que se te corra el rímel.
18.- Ser odiada por otras mujeres que piensan que eres más bonita que ellas.
19.- Coquetos disfraces de Halloween.
20.- Ser tratada como princesa.
21.- Comprar zapatos.
22.- Comprar en Victoria’s Secret.
23.- Comprar cualquier clase de ropa de mujer.
24.- Que te digan señorita.
25.- Ser femenina.
26.- Sentarse para ir al sanitario.
27.- Participar para ser la Reina del colegio.
28.- Imaginar tu fiesta de graduación.
29.- El 14 de febrero.
30.- Que te digan que eres hermosa.
31.- Los uniformes de porrista.
32.- Tener menos vello corporal.
33.- Preocuparte acerca de tus atuendos.
34.- Preocuparte por tu peso.
35.- Cambios de humor.
36.- Tener la última palabra.
37.- Citas en el salón de belleza.
38.- Llorar en las películas tristes.
39.- Emocionarte en las películas románticas.
40.- Ser envidiada por otras mujeres.
41.- Estilos de cabello. ¿De cuántas maneras pueden agitar su cabellera las mujeres?
42.- Las mujeres pueden usar pantalones o faldas y verse increíbles con ambos.
43-. El spa.
44.- Los hombres sudan, las mujeres brillan (el sudor es sexy en las mujeres).
45.- Tener animales de peluche.

¿Qué les parecen estas razones? ¿Cuál agregarían? ¿Cuál quitarían? ¡Comenten!

¿Soy gay? ¿Soy travesti? ¿Soy transexual?

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Quiero aprovechar este espacio de expresión para intentar ayudar a aquéllas feminófilas que se encuentran todavía en proceso de autodescubrimiento, pues sé que el proceso de aceptación no suele ser nada sencillo debido a la poca información que existe sobre el tema. Esperando realmente que este post les sea de ayuda, comencemos entonces.

¿Es malo ser hombre y vestirse de mujer? El acto de disfrutar vistiendo atuendos femeninos no tiene nada de malo por sí mismo. Mientras no afectes a otras personas, vestirte de mujer es algo que puedes disfrutar en tu intimidad alejado de remordimiento alguno. Es parte de tu forma de ser y no debes sentirte avergonzado al respecto. No es algún defecto físico, no es una enfermedad ni mucho menos un signo de locura. Es un gusto. Nadie ha insinuado jamás que el hecho de que te guste más la vainilla que el chocolate quiere decir que estés loco, ¿o sí?

Si me gusta vestirme de mujer, ¿significa eso que debo operar mi cuerpo para convertirme en una? No necesariamente. Este es un punto delicado debido a la amplia gama de personalidades y gustos de cada ser humano. Lo que debes tener bien presente en todo momento es cómo te sientes en tu interior. Pregúntate cosas como ¿siento que soy una mujer? ¿Me gustaría estar vestida como mujer todo el tiempo? ¿Me atraen los hombres? ¿Me gustaría dejar de tener pene y tener vagina? Más importante aún que hacerte estas preguntas, es el hecho de que las respondas honestamente. Recuerda que para lograr que los demás te acepten es indispensable aceptarte tú mism@ primero. El test COGIATI (Combined Gender Identity And Transsexual Inventory, o Identidad Sexual Combinada e Inventario Transexual) puede ser un excelente punto de inicio para descubrir quién eres en cuanto a temas sexuales se refiere. ¡Lo mejor es que está disponible en español! Accede a él dando clic aquí.

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¿Cuál es la diferencia entre un travesti, un feminófilo y un transexual? Ninguna. Todas son personas y seres humanos. Sin embargo, y con el único propósito de aclarar un poco más el panorama, me permito dar las siguientes definiciones:

Un travesti es una persona, puede ser de género masculino o femenino, que disfruta vistiéndose y actuando como un ser del género opuesto por períodos relativamente cortos de tiempo. La ropa que usa no está de ninguna manera ligada a sus preferencias sexuales ni a su autorreconocimiento como hombre o mujer. Es decir, aunque esté vestid@ con la indumentaria propia del género opuesto, es perfectamente consciente de quién es en realidad y no desea cambiar de sexo. Lo que sí puede suceder es que esta persona, el travesti, sienta atracción física y sexual por personas de su mismo género, por el opuesto, o por ambos.

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Por otro lado, un feminófilo es un subconjunto de los travestis. Podemos definir a un feminófilo como un hombre travesti (que le gusta vestir como el género opuesto, o sea, como mujer) y que, al igual que éste, no desea cambiar permanentemente su sexo biológico. La principal diferencia entre un feminófilo y un hombre travesti, es que el primero es 100% heterosexual, es decir, que aunque esté vestido con ropa femenina sigue manteniendo su gusto por las mujeres, mientras que el segundo puede ser homosexual o permitirse fantasear o llegar a mantener relaciones sentimentales y/o sexuales con hombres, al menos mientras está en el papel de mujer. En palabras más simples, un feminófilo es un hombre travesti heterosexual.

Por último, un transexual es una persona que ha iniciado o completado el tratamiento psicológico, médico y quirúrgico para transformarse en una persona del género opuesto a aquél con el que nació. Se les suele llamar “mujeres atrapadas en cuerpos de hombres” o visceversa, antes de iniciar su tratamiento. Estas personas no se sienten satisfechas simplemente con vestirse de hombres o mujeres (según corresponda) de vez en cuando, sino que desean ir más allá. Sienten que sus cuerpos no corresponden con sus personalidades, y que es vital para ellas buscar transformarse en lo que en realidad son, vivir de manera permanente como el género con el cuál se identifican. Una vez más, ese sentimiento no está ligado con sus preferencias sexuales, pues existen casos de hombres que se transforman en mujeres pero siguen conservando su gusto por éstas.

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¿Dios me va a castigar si me visto de mujer? ¿Es pecado vestirse de mujer? No me gusta entrar en temas religiosos, pues son susceptibles a interpretaciones personales, temporales e incluso geográficas. Sin embargo, y recalcando que este es mi punto de vista particular, estoy convencida de que lo que a Dios le importa, en cualquier religión, es que seas una buena persona. Que seas honesto, que ayudes a los que te rodean, que seas una persona de provecho y te guíes bajo los preceptos de la ética y la moral. Y para hacer todo eso, la ropa que te guste utilizar es completamente irrelevante.

Me gusta vestirme de mujer. ¿Deben gustarme los hombres? No somos capaces de controlar nuestros gustos, pues éstos son emociones y como tales no provienen de un proceso racional. Imagínate ¡qué genial sería decidir que a partir de hoy te gustarán más las verduras que la comida chatarra, o que te gustará más leer que jugar videojuegos! Lamentablemente las cosas no funcionan así. Te gusta lo que te gusta y no hay manera de remediarlo. Lo que sí puedes y debes hacer es ser honesto contigo mismo y aceptar aquéllo que te gusta sin importar las convenciones sociales. Nadie, ni tú mismo, tiene el poder de imponer lo que te debe gustar y lo que no.

¿Debo confesarle a alguien que me gusta vestirme de mujer? Lo más recomendable es que sí, por tu propio bien. Es mucho más sencillo compartir este secreto con alguien, pues el diálogo puede servir como una manera de descargar la presión, de desahogar tus preocupaciones y problemas. Es recomendable que sea una persona digna de toda tu confianza, que no divulgue esta información sin tu expresa autorización y que además sea una persona plenamente capaz de comprender todos los aspectos de este fenómeno, alguien que no intente cambiarte o “curarte”, pues te recuerdo nuevamente que esto no es una enfermedad. Si te decides a contárselo a alguien, te recomiendo ampliamente que tú y esa persona lean el libro “El Travestista y su Esposa” de Virginia Charles-Prince (disponible aquí), además del post “Feminofilia: preguntas frecuentes” (aquí) para una mayor y mejor comprensión del tema.

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¿Soy la única persona a la que le ocurre esto? Para nada. Debido a la propia naturaleza del fenómeno, y a que no todos vamos por la vida anunciando que nos gusta vestirnos de mujeres, es difícil tener una estadística de la presencia de la feminofilia en nuestra sociedad, pero algunas estimaciones afirman que, si se elige un grupo de 20 hombres al azar, existe una alta probabilidad de que al menos uno de ellos sea feminófilo. En fin, quizás sea un dato demasiado optimista, pero en internet podrás encontrar grupos de personas con gustos similares a los tuyos y te darás cuenta de que ¡no estás solo!

Realmente pongo mis esperanzas en que esta información que he escrito ayude a aclarar más esas dudas que tienes acerca de quién eres y qué es lo que quieres hacer. Recuerda que si tienes alguna duda, comentario o sugerencia, puedes ponerte en contacto conmigo a través de los comentarios, o directamente por medio de mi cuenta de Facebook: Nadia Mónica Martínez, o mi dirección de correo electrónico: nadia_m.mtz@hotmail.com. Vive feliz y nos leemos después.

Un pequeño reclamo.

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Desde hace algún tiempo mi novia y yo formamos parte de un grupo en Facebook que es exclusivo para travestis y sus parejas. Ella es nueva en estos temas, pues no hace todavía ni un año que le confesé mi afición por vestirme de mujer. Sin embargo, yo he entrado y salido de distintos grupos de este tipo, siempre con la intención de encontrar amigas con gustos similares a los míos para conversar, intercambiar algunos secretos, trucos, historias, anécdotas  y consejos. Pero me he dado cuenta de que esto casi nunca sucede. Las personas que se afilian a dichos grupos lo hacen tan sólo con la intención de encontrar a alguien con quién sostener relaciones sexuales.

¿Por qué es preocupante? Porque dicha actividad no hace más que confirmar el estigma social del que somos víctimas todas las que nos etiquetamos bajo el término feminófilas. Nosotras no estamos buscando encontrar a un hombre que nos haga sentir mujeres, nosotras no queremos adoptar la prostitución como medio de vida, a nosotras no nos gustan los hombres (recuerden que feminofilia es travestismo HETEROSEXUAL). Lamentablemente, la sociedad en la que vivimos no puede concebir a una persona que le guste vestirse de mujer, pero que no sienta atracción alguna por los hombres, o más aún, que esa persona pueda ser su abogado de confianza, el carnicero al que le compran cada semana, un ingeniero exitoso en una empresa transnacional, un famoso  multimillonario hombre de negocios. Para ellos, la palabra travesti es sinónimo de prostitución y sexo con otros hombres. Ustedes, quienes pueblan esos grupos, colaboran activamente a que la sociedad tenga esa imagen de nosotras, y es culpa suya que este tema esté tan impregnado de prejuicios incluso entre la misma comunidad LGBT.

Dicen que se visten de mujeres porque las admiran y por ello quieren ser como ellas, vestirse como ellas, actuar como ellas. No puedo imaginar una manera más directa de denigrar al género femenino que el implicar que ser mujer es exhibirse en fotografías vistiendo prendas vulgares  anunciando su desesperación por conseguir un hombre para que “las haga sentir mujeres”. Sentirse mujer es saberse guapa y sexy sin necesidad de desnudarse, ser capaz de ser exitosa por una misma,  ser disciplinada y actuar utilizando la razón y no el instinto. Eso, amigas mías, es rendir homenaje a la mujer.

Feminofilia: preguntas frecuentes.

lee-minhyuk-recording-artists-and-groups-photo-u1El presente post está encaminado a mujeres cuyas parejas les han confesado su feminofilia, o travestismo heterosexual, pero que todavía no acaban de comprender el porqué de la predilección de sus novios o esposos por utilizar prendas del género femenino. De antemano pueden saber que esta guía no es objetiva, pues está basada en mi experiencia personal y cada caso tiene algunas diferencias. Sin embargo, la idea general es la misma. Espero les sea de ayuda.

Mi pareja me dijo que le gusta vestirse de mujer pero no es homosexual. ¿Eso es posible? Totalmente. Podría apostar toda mi ropa de mujer a que, cuando tu pareja te confesó su secreto, lo primero que pasó por tu mente es que era gay. Déjame tranquilizarte y decirte que si tu pareja está contigo, las probabilidades apuntan a que no es homosexual. El hecho de que le guste vestirse de mujer no está relacionado de ninguna manera con el gusto por uno u otro género. Velo de esta manera: a la gran mayoría de hombres homosexuales no les gusta vestirse como mujeres. Obviamente existen excepciones, pero es como afirmar que a todas las mujeres les gusta andar en patineta. Es evidente que encontraremos casos particulares en los cuales se cumpla la afirmación, pero en general resulta ser falsa.

Si mi pareja disfruta vestirse de mujer, ¿significa que quiere cambiar de sexo? No necesariamente. Si tu pareja quisiera reasignarse el sexo entonces no sería un feminófilo, sino un transexual. Nosotras disfrutamos de vestirnos y sentirnos como mujeres durante algunos períodos de tiempo; pueden ser algunos minutos, un par de horas o un fin de semana, pero estamos contentos con nuestra condición general de hombres y no deseamos ser mujeres todo el tiempo.

¿Por qué le gusta vestirse de mujer? Esta es la pregunta del millón. No existe una única razón por la que nos guste vestirnos con atuendos femeninos. Los motivos más comunes que suelen citarse son la ausencia de una figura masculina en el hogar, admiración profunda por las mujeres, experiencias traumáticas relacionadas con abusos sexuales en la infancia, predilección de los padres por los hijos de sexo femenino y un largo etcétera. Creo que en casi todos los casos, las razones están muy alejadas de éstas. La verdad es que muchas veces ni nosotras lo sabemos. Simplemente es algo que nos gusta, como el agua de limón o dormir con una almohada en lugar de dos.

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¿Los feminófilos nacen o se hacen? De nuevo, depende de cada caso. Puede ser que tu pareja se haya dado cuenta de su preferencia por la ropa de mujer en la adolescencia o que haya sido desde muy temprana edad. Personalmente, creo que nacemos con ese gusto, pero unos tardan más que otros en descubrirlo.

¿Es lo mismo un feminófilo que un travesti? Esencialmente sí. Sin embargo, el término feminofilia se adoptó debido a que, socialmente, la palabra travestismo tiene connotaciones más relacionadas con sexo o prostitución. Digamos que un travesti genera la idea de una persona que se viste de mujer con prendas vulgares y con fines sexuales. Un feminófilo es una persona que disfruta sentirse mujer en la intimidad sin exhibirse ante los demás.

Si no quieren ser mujeres, ¿por qué la gran mayoría usa nombres y adjetivos femeninos? No queremos ser mujeres permanentemente, pero cuando nos encontramos usando el atuendo femenino sí que queremos ser tratadas como tales. Es parte de la experiencia. Creamos un personaje, un álter ego, y nos metemos en él. Cuando un actor interpreta un rol, se le llama por el nombre de su personaje; lo mismo ocurre con nosotras. Mientras estamos vestidas somos mujeres, y por eso tenemos nuestro nombre de mujer.

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¿Es posible llevar una relación estable con un hombre feminófilo? Por supuesto que sí, pero ello depende totalmente de la plena comprensión y aceptación por parte de la pareja del feminófilo. Cabe aclarar que mientras no estamos vestidas o “en personaje” somos hombres 100% varoniles. No somos amanerados ni tenemos actitudes que nos “delaten”. Si tu pareja es feminófilo, eso no significa que a partir de que te confesó o descubriste su secreto estarás con una mujer todo el tiempo. El hombre del que te enamoraste está y seguirá estando a tu lado, pero ahora tienes también una amiga ocasional.

Una de las grandes ventajas de tener una pareja con gusto por utilizar ropa y accesorios femeninos y emular las actitudes propias de una mujer, es que, generalmente, ese hombre será muy diferente a los demás. Tendrás a alguien que sabrá escucharte y comprenderte, además de que te entenderá a la perfección. Amará acompañarte a comprar ropa y no le molestará ir a cuanta tienda sea necesaria para elegir el atuendo perfecto. Tendrás a un hombre que podrá aconsejarte cuando tú misma vas de compras y que no se molestará cuando decidas gastar un poco más de la cuenta en esa blusa que te fascinó.

Ser feminófilo, lejos de ser un defecto, puede convertirse en una gran ventaja, pues al mostrarle a tu pareja comprensión y respeto, su amor por ti crecerá de manera inimaginable, y puedes estar segura que contarás toda la vida con su agradecimiento y fidelidad. Aprende a ver el lado bueno de las cosas, pues todo en la vida lo tiene.

Sólo estando solo.

sandblastingSólo estando solo

puedo ser quién soy.

Me quito el disfraz,

enmascarada ya no estoy.

 

Me pongo a pensar

y no encuentro la razón

ni por qué debo mostrar

a alguien que no es yo.

 

Si el mundo fuera justo,

hoy podría hacerle ver

que al molde no me ajusto,

Y que me da mucho gusto

diferente poder ser.

 

Si me miras en la calle,

notarás nada especial.

Sin embargo, esto es real,

pon atención al detalle.

 

Si tú piensas que la ropa

define personalidad

¡Oh sorpresa! Te equivocas,

ésa no es la realidad.

 

Soy más que lo que me viste.

Aun desnudo sigo siendo yo.

¡Qué importa si ayer yo quise

Llevar falda o pantalón!

Mi esencia no es susceptible

A estas reglas sin razón.

 

El primero.

23f41d2ee7afd6ecd5d19e555ad40105Hoy me encuentro aquí muy contenta de inaugurar este blog. En la vida tengo dos grandes pasiones: escribir y vestirme de mujer, así que pensé en combinar las dos en este proyecto, en donde escribiré acerca de vestirse de mujer. Pero no sólo de eso; tener un blog es contar con un espacio de expresión para plasmar ideas y pensamientos que una tiene en esos momentos de lucidez. Así que bienvenidas sean aquéllas mujeres como yo, Nadia Mónica Martínez. Y ¡viva la ropa de mujer!